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Cuando el hincha saca el niño que lleva adentro

BBC News BBC News 12-06-2014 BBC Mundo
© Getty

El hincha de fútbol, orondo, ufano, adulado por periodistas y anunciantes alrededor del mundo, también es una peste o por lo menos un enigma para esa menguante proporción de terráqueos que descree del jogo bonito.

(Sobre este rechazo, ver el imperdible blog de Yolanda Valery, con su filosa observación sobre "la pasión fuera de toda proporción y la insoportable levedad de fondo" del mundo futbolero.)

Los críticos suelen pintar con la misma brocha al fanático y al aficionado, atribuyendo a todos los seguidores del fútbol el carácter apasionado e intransigente del hincha más furibundo, que casi siempre es una caricatura.

Durante el Mundial coincidirán en las calles de Brasil dos tipos de multitudes de características muy diferentes, con objetivos diametralmente opuestos.

Dos multitudes

Los manifestantes repudian el supuesto derroche y la corrupción y quieren que el gobierno resuelva agravios comparativos, subrayados por la diferencia entre "los que tienen" y los sectores marginados de la sociedad.

Su motivación es reivindicativa, necesariamente efímera, de condena al régimen social vigente y más o menos espontánea, aunque muchos voceros del gobierno y otros sectores la creen oportunista, por la presencia en sus filas de agitadores "anarquistas profesionales".

Los aficionados al fútbol, entre ellos muchos que comparten la bronca y podrían ponerse los dos sayos, tienen un objetivo permanente, lúdico, de esparcimiento, y son capaces de reintegrarse o identificarse con la sociedad, que no repudian, con más naturalidad y rapidez que los manifestantes.

Las personas indiferentes al fútbol también señalan que hombres habitualmente taciturnos hablan hasta por los codos cuando el tema es fútbol, mientras que las mujeres son naturalmente más espontáneas.

Esto es cierto, aunque los hombres también hablan mucho cuando tienen otros intereses en común, como la física cuántica, la literatura o la política. Y a la denuncia de la pasión y la superficialidad de los hinchas se podría oponer el caso de las chicas (eso sí, muy jóvenes) que arrojan sus bragas a los ídolos pop.

Mezcla explosiva

Estamos ante una mezcla que puede resultar explosiva: si Brasil cae en cuartos o semis, la "torcida", cuya motivación es permanente, podría unirse a la protesta o desatar su ira contra otros equipos que permanecen en el Mundial, en particular los principales rivales de la canarinha.

Todo esto es imprevisible, dado el inusitado juego de pulsiones vitales en el mayor país futbolero del mundo.

Carácter masculino

En la hinchada de fútbol resulta evidente su carácter mayoritariamente masculino, aunque en los últimos años el juego femenino se ha estado afirmando y la presencia de mujeres en las tribunas es cada vez más nutrida.

Durante mucho tiempo se creyó que esto reflejaba y acompañaba las diferentes inclinaciones lúdicas de niños y niñas, sin entrar a considerar si era una predisposición natural o una imposición patriarcal, pero ya es más que evidente que las niñas también se interesan por deportes competitivos supuestamente "masculinos": por ejemplo, el fútbol soccer en Estados Unidos.

Sea como fuere, la composición de las hinchadas sigue siendo abrumadoramente masculina, o se identifica culturalmente con el machismo, en casi todos países donde el fútbol es la "pasión de multitudes".

Los italianos todavía recuerdan y suelen rescatar de las fonotecas una vieja canción (1962) popularizada por la cantante Rita Pavone, que se lamentaba del abandono de su hombre los domingos y sospechaba de sus motivos: "Perché perché/ la domenica mi lasci sempre sola/ per andare a vedere la partita/ di pallone/ perché perché/ una volta non ci porti anche me…".

Esta condición esencialmente masculina de la muchedumbre del fútbol determina la procacidad de sus cánticos y hasta del lenguaje de la comunicación personal entre el hincha y los jugadores en la cancha.

Conducta infantil

Otra característica que muchos, especialmente mujeres, suelen identificar en la conducta del hincha de fútbol, es el carácter infantil de algunas formas de festejar los éxitos y lamentar las derrotas, así como de las letras de estribillos.

A mediados de 2011, la web popularizó escenas desopilantes de un hincha del River Plate argentino, "el Tano" Pasman, que frente al televisor lanzaba diatribas repletas de "puteadas" (el insulto soez característico de muchos hinchas) al comprobar que sus jugadores favoritos perdían un partido decisivo.

La violencia de las invectivas dejó pasmados a quienes no sabían que Pasman es una persona obsesiva con dos idiosincrasias íntimas, el adulto responsable… y el niño que exige satisfacción. No hay nada de anormal en esto.

La violencia

Este encuentro, o desencuentro, que un psicoanalista describiría como la constante pugna entre el "yo" y el "ello", explica por lo menos en parte la carga de violencia potencial que suele recorrer las tribunas.

En este sentido conviene aclarar que el inocultable problema de la violencia no está tan generalizado como muchos creen, y que las hinchadas de fútbol reflejan la sociedad en la que actúan: en países como Inglaterra se ha controlado a los vándalos, mientras que en otros el problema tiene que ver con la organización cuasi mafiosa de grupos corruptos que explotan el sistema.

La primera fidelidad

El fútbol en casi todo el mundo (en algunos países la matriz puede ser el béisbol, el rugby, el críquet…) marca a los aficionados desde la niñez: en cierto sentido es la única fidelidad no instintiva, la única identificación cultural, que una persona retiene toda su vida, ya que se puede cambiar de pareja, de partido político, de religión y hasta de sexo, pero no de equipo de fútbol.

Este es el rasgo más importante del hincha de fútbol: su identificación con el objeto de sus sueños infantiles. Esa fantasía, esa identificación, forman parte de su aprendizaje de vida, similar al que solían impartir los relatos populares.

El psicólogo infantil Bruno Bettelheim escribió* que "el cuento de hadas ofrece al niño materiales de fantasía que, de forma simbólica, le indican cuál es la batalla para alcanzar la autorrealización, garantizándole un final feliz".

Se podría decir que la afición al fútbol es la segunda etapa de esa enseñanza, cuando el niño, a las puertas de la adolescencia, debe aprender que el final feliz no está garantizado, una lección que acaso no asimiló "el Tano" Pasman.

En el caso de los hinchas más exaltados, su liviandad, su ocasional descontrol emocional, el acto de abrazar a un extraño, vociferar estribillos ridículos, bendecir a jugadores mediocres, maldecir a los árbitros y quejarse de la mala suerte o de una conspiración cósmica, todo esto y mucho más, es el resultado de que este adulto, normal, corriente, no reprime a su niño interior.

*Psicoanálisis de los cuentos de hadas.

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