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Echale la culpa a Lula

Tiempo Argentino Tiempo Argentino 28-05-2014 Ricardo Gotta

 Luego de esa catástrofe jugarían mejor que nadie y obtendrían más Copas que ningún otro, lejos. Pero la enmienda de ese oprobio, la vindicación que borre el pasado, es un anhelo colectivo extraordinario que perdura. Ninguna otra sociedad se prepararía para una fiesta como la que se puede desatar el 13 de julio, tres días antes de que se cumplan 64 años de aquella pesadilla.
Hace algunas horas, mientras Pelé proclamaba "Ojalá nadie repita lo de Ghiggia (el uruguayo que les clavó la daga en 1950)", una protesta complicó severamente el entrenamiento con el que comenzó la preparación final del Scratch de cara al certamen, que dará comienzo exactamente en 15 días. Un cartel fue elocuente: "Un maestro vale más que Neymar."
Dato importante: los reclamos más mediáticos son producidas por grupos proporcionalmente minoritarios para una nación de más de 200 millones de habitantes y suelen gestarse en estados que en su mayoría no son gobernados por el PT. Pero las protestas existen, son concretas, le importan al brasileño medio y la amenaza que se reproduzcan en los días de los juegos preocupan sin cortapisas al gobierno de Dilma Rousseff, que entre otras cosas se juega el mantenimiento de la popularidad que acopió, de cara a su propuesta de reelección en octubre próximo.
Probablemente la paradoja se encuentre en una frase que se destaca en la bandera del país y en los logros del gobierno de Lula y de su sucesora. En la verdeamarelha se destaca un extracto de un pensamiento del positivista francés Auguste Comte: "Ordem y progresso". Si existe una sociedad contradictoria, caótica, pasional y efervescente es la brasileña. Es el orden imperfecto. El que se tiene como una utopía que jamás llegará.
Pero el progreso sí es un hecho. Es concreto. Se puede afirmar el pensamiento en que entre Lula y Dilma redujeron el desempleo, implementaron políticas de hambre cero y baja inflación, un nivel de distribución de los ingresos inédito, y otros logros de tono macro económicos, ya no circunscriptos a los sectores más humildes, pero que también los beneficia. Y probablemente tan significativo sea ese progreso aplicado a la pulsión reivindicativa del brasileño. Hay menos hambre y también mayor conciencia. Dicho en términos rioplatenses, trabajó para que al menos un sector de la sociedad tenga la cabeza más abierta, y que entre un gran estadio y una escuela nueva, prefiera la escuela. Esa elección antes era impensada para el pueblo más futbolero del planeta, por lejos.
Lula, el presidente más futbolero de la historia de su país, es uno de los que verdaderamente va a festejar, y con abrumador derecho, si el 13 de julio su equipo es el campeón. También se puede anotar ese campeonato, el de la conciencia social de su pueblo.

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