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El peronismo y la vida

Tiempo Argentino Tiempo Argentino 29-05-2014 Mario Oporto


La lista de hechos que probaría la tesis se arremolina en el texto y pone en un nivel forzado de importancia y análisis común a diferentes "lotes". Por un lado, recuerda el trato de grandilocuencia fúnebre que recibieron Lenin en la URSS, Mao Tse Tung en China y Kim Il Sung en Corea del Norte. Por otro, enreda irrespetuosamente las figuras de Eva Perón y Rodolfo Puiggrós, con el traslado del cuerpo de Juan Domingo Perón a San Vicente en 2005 y el traje de Néstor Kirchner, exhibido entre otros objetos testimoniales, en el Museo del Bicentenario.
La saña se ubica al borde de la burla. Se compara el traje de Kirchner con el sable de San Martín y el bastón de mando de Alfonsín, calificando de manera indirecta a los tres.
Decir que el edificio de la CGT de la Argentina es el "equivalente" a la Plaza Roja de Moscú, no deja de ser una curiosa asociación entre historias, causas, personajes y geografías distantes con el propósito de darle a la acumulación de datos sueltos un recreo turístico. Igualmente, no es este el momento más extraño del artículo; también se incluye en este "muestrario desordenado", que estaría demostrando con pruebas rancias la "vinculación enfermiza con el mundo inanimado" por parte del peronismo, la quema de Herminio Iglesias de un ataúd de cotillón en 1983.
No se salvan de entrar a ese inventario de cadáveres ciertas adulteraciones forzadas. Allí aparecen la gigantografía de Eva Perón realizada por Daniel Santoro en el edificio del Ministerio de Desarrollo Social, cierta manipulación de lo que se menciona como "cadáveres de granito" en la sustitución del monumento a Colón por el de Juana Azurduy y la repatriación de los restos de Rosas.
De modo que el embalsamamiento, la toponimia, las repatriaciones, los monumentos, las gigantografías, los trajes y los ataúdes de cartón formarían parte del mismo rubro, el rubro "muertos", por el que sólo el justicialismo –y no la humanidad, ni las distintas civilizaciones, ni la cultura– estaría obsesionado.
La argumentación descarta elementos que podrían haber sido considerados, para no reducir la idea a un mero estornudo antiperonista. El enorme monumento a Marx en el cementerio de Highgate en Londres, adonde peregrinan miles de personas por año, ¿es una obsesión del laborismo inglés? Los cementerios de Montparnasse y Pere Lachaise de París, donde miles de personas visitan las tumbas de grandes filósofos, políticos, poetas y músicos, ¿son exclusivamente visitas necrófilas? La despedida a los ídolos populares, tanto en la Argentina como en el resto del mundo, ¿es también una "vinculación enfermiza" de la sociedad con "el mundo inanimado"? Los rituales del Ganges ¿serán peronistas? Las celebraciones patrias en las que rendimos homenaje a nuestros héroes, que siempre coinciden con la fecha de su muerte ¿serán también una obsesión justicialista?
Lo que se evita al hablar con frivolidad de la muerte, es hablar con seriedad del peronismo. Se pretende borrar la dimensión histórica de este movimiento político y el vínculo, menos enfermizo que intenso, entre la sociedad argentina y lo que ella siente que el peronismo le ha dado.
No hay una obsesión de los peronistas con los muertos. La obsesión del peronismo es con la vida. La vida para el peronismo es la libertad, la independencia y la justicia social. La vida es el bienestar igualitario y la dignidad del trabajo. Los muertos para el peronismo "viven" porque siguen siendo ejemplo, marco moral y principios políticos. Si "vuelven", es en cada decisión de gobernar justicialistamente.
Para finalizar, el escrito periodístico recomienda al justicialismo "moderar la idolatría a los occisos" (un fallido, dado que occisos significa asesinados o muertos violentamente) y ocuparse de las villas miseria, un consejo extraído de los manuales conservadores para los que las villas no son un espacio social, sino una herramienta para la chicana política.
Otros cuerpos, estos sí de occisos, fueron expuestos en el pasado argentino después de fusilamientos, colgadas sus cabezas en la plaza pública o perversamente desaparecidos. Pero esa es otra historia de muertes, donde la "obsesión" no estaba vinculada con el recuerdo sino con la represión y el escarmiento.

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