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Guillermo II: en medio, pero al margen

dw.com dw.com 20-03-2014 Tillmann Bendikowski/PK
© 2014 DW.DE, Deutsche Welle

Entre el entusiasmo y el escepticismo: ¿cómo experimentaron los alemanes el estallido de la Primera Guerra Mundial hace 100 años? Describimos destinos alemanes en 1914.

Cuando un imperio va a la guerra, el emperador se transforma en comandante en jefe de las fuerzas armadas y figura central, tanto política como militar. En el caso de Alemania sorprende, sin embargo, en qué medida a Guillermo II le faltaron las capacidades para orientar realmente el curso de la guerra. A la cabeza del pueblo alemán se halla en el verano de 1914 un hombre que hace tiempo que ha perdido influencia sobre la política y es excluido por completo de las decisiones que se toman en relación con la guerra.

El mayor éxito de Guillermo II es su discurso del 31 de julio de 1914, que pronunció desde su balcón de su Palacio de Berlín, en el que afirmó que a Alemania se le “había obligado a empuñar la espada”. Fue el nacimiento de la leyenda de la inocencia alemana en relación con el estallido de la guerra, que incluso llevó a quienes rechazaban la contienda bélica (sobre todo los socialdemócratas) a finalmente aprobarla. Esa leyenda se mantuvo incólume incluso después de 1918. No se dijo, sin embargo, que el Imperio Alemán impulsó decisivamente la escalada de la crisis internacional y animó a Austria a declararle la guerra a Serbia, a pesar del peligro de que estallara una guerra mundial

En cuanto a la conducción de la guerra, Guillermo hubiera tomado con gusto el mando supremo. En la realidad no poseía conocimientos exactos sobre la planificación estratégica, estaba considerado un hombre sin aptitudes tácticas y no poseía la cualificación necesaria para comandar operativamente un ejército en guerra. Guillermo II, entonces de 55 años, intenta, no obstante, dar la impresión de que es una figura dirigente. Los militares le dan el gusto y lo presentan como comandante en jefe. En contrapartida, Guillermo II les promete no inmiscuirse en sus decisiones operativas. Al jefe del Estado Mayor, Helmuth von Moltke, le concede plenos poderes para dar órdenes en su nombre.

Parte de esa puesta en escena es que a partir de agosto de 1914 el emperador se reúne periódicamente con los mandos militares en el Gran Cuartel General. Allí se halla en medio de la toma de decisiones, pero, de cierta forma, al margen. Como sus oscilaciones anímicas son bien conocidas, aumenta el temor de que el emperador sufra un colapso nervioso. Por eso, durante los años de guerra, su entorno trata de evitar momentos muy emocionales. Guillermo II recibe información sobre el curso de la guerra solo en forma seleccionada y filtrada. Las malas noticias no le son transmitidas y sobre operaciones se le informa solo después de comenzadas. Eso contribuye a desorientarlo aún más. Su colapso es solo cuestión de tiempo. El emperador Guillermo II fracasa en la crisis política de 1914, deja la guerra en manos de sus generales y es incapaz de lograr la paz.

Autor: Tillmann Bendikowski/PK

Editor: Enrique López Magallón

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