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Jauretche, Perón, revisión y actualidad

Tiempo Argentino Tiempo Argentino 29-05-2014 Francisco Balázs


Jauretche fue el último gran referente, pensador y polemista político que tuvo el campo nacional y popular. Como pocos, marcó con fuerza su impronta en las generaciones de los años '60 y '70 a partir de su acción política y de su extensa y prolífera obra que desarrollara destacando la necesidad de imponer una mirada nacional desde lo nacional.
Jauretche fue el gran derribador de mitos estructurados bajo la lógica y conveniencia de la Argentina conservadora y excluyente fundada en los ejes de civilización y barbarie. Allí, uno de sus mayores aportes, ubicándola como la zoncera número uno.
La muerte de Perón no solamente dejaría trágicamente al movimiento peronista sin su líder sino que, también, sellaría el fin del Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional, creado junto a quien fuera su ministro de Economía, José Ber Gelbard.
Como es sabido, inmediatamente después de la muerte de Perón, el gobierno de Isabel Martínez terminaría echando a Gelbard de su cargo sepultando, valga la literalidad, las medidas (hoy revolucionarias, no en aquéllos años) del Plan Trienal. En un nota publicada en la edición de Miradas al Sur del pasado domingo 25, titulada "Una reunión política", sus autores, Alfredo y Eric Calcagno, describen de manera precisa y esclarecedora las medidas implementadas del Plan Trienal. Su lectura, además de recomendable, es fundamental para comprender los ciclos políticos y las disputas entre los dos modelos de país que se encuentran en pugna desde el año 1810, hasta el actual que lidera Cristina Fernández de Kirchner.
En su discurso en la Plaza de Mayo, el mismo domingo 25, la presidenta recordó a Jauretche, y destacó "la necesidad de que esta generación del siglo XXI, que ha dejado atrás un mundo y un país, el del siglo XX que ya no existe, ni política ni geopolíticamente, la necesidad de elaborar a partir de nuestras propias experiencias como país, de las cosas que nos contaron que sucederían si nos atrevíamos a hacer determinadas cosas, reelaborar todo ese pensamiento del siglo XX y retomar como generación la necesidad de formular un proyecto de país, que tiene sus cimientos y sus pilares fundantes en ese 25 de mayo de 2003".
Más adelante, en otro tramo de su discurso, la presidenta se refirió a los también cambios sufridos en las categorías y definiciones políticas que tenían lugar en las décadas del '60 y del '70, al afirmar: "Las palabras inclusión o exclusión no eran categorías políticas; las categorías eran la explotación del hombre por parte del capital. Hoy, no han transcurrido 50 años y han cambiado esas categorías políticas; hoy ya ni siquiera se requiere la explotación. Les basta con la exclusión para apoderarse unos pocos de lo que le corresponde al conjunto del pueblo".
Las palabras de la presidenta, en ambos tramos de su discurso aquí citados, representan un verdadero e inquietante desafío respecto de lo que significa la triada temporal de pasado, presente y futuro en la política y en la historia argentina. La referencia a los cambios a nivel mundial operados en los últimos 40 años resultan innegables. Sin embargo, los desafíos estructurales que enfrenta el país a partir del proyecto político iniciado en el año 2003 revelan las mismas tensiones, y encuentra a los mismos actores (aunque con diferentes ropajes), que continúan en pugna por la definición de un modelo de país incluyente frente a quienes luchan por el retorno, como única opción que hoy enfrenta al kirchnerismo, a un orden conservador y consecuentemente obturador de cualquier pretensión de profundización del actual proyecto político.
En las experiencias pasadas, como la mencionada respecto a la tercera presidencia de Perón, al Plan Trienal y a Gelbard, fueron los mismos adversarios que hoy enfrentan al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, los que llevaron adelante la violenta respuesta restauradora de ese orden excluyente que la dictadura impuso a base de terror, muerte.
Pasaron muchas décadas, mucho dolor y muchas más frustraciones para que lo llevado adelante por Perón y Gelbard, también corridos por izquierda y por derecha, fuera tardíamente reconocido en su dimensión.
Es sabido que la historia no es lineal; recorre avances, retrocesos y contradicciones. Sin embargo, indefectiblemente, enfrenta una misma tensión, la que representa la puja por quién se impone, por quién prevalece sobre quién, a qué costo y sobre quién recae y lo paga. No es solamente la historia de la Argentina.

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