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Miedo en un país desencantado

Tiempo Argentino Tiempo Argentino 27-05-2014 Federico Larsen

 Los resultados de las elecciones colombianas de ayer asustan a varios. La diferencia que separa al derechista Óscar Iván Zuluaga, delfín del ex presidente Álvaro Uribe, representante de los grandes propietarios de la tierra, y el actual presidente, Juan Manuel Santos, ligado a los intereses de los poderes financieros e industriales, puede ser leída como una señal de alarma para el escenario político nacional e internacional.

En el plano local, la victoria del uribismo podría entenderse como una cachetada a la estrategia de Santos con respecto a los diálogos de paz en La Habana, protagonistas indiscutidos de la campaña electoral. El presidente-candidato se presentó como el único aseguro para la continuidad de la mesa de negociación, intentando polarizar la contienda entre la paz, y la guerra. Pero para Uribe y Zuluaga la paz no es negocio. Tal como se está llevando el diálogo hoy, comportaría para el poderoso sector rural que representa un inmenso cambio. Distribución de tierra, reconocimiento de los derechos campesinos e indígenas y el fin de la persecución a los cultivadores de coca, configuran un cambio que los dueños del campo colombiano no están dispuestos a aceptar. El caballito de batalla santista quedó, por ahora, debilitado. Pero los más asustados están, quizás, fuera de Colombia. El uribismo representa a la derecha más reacia a los procesos de integración latinoamericana y los gobiernos progresistas y revolucionarios del continente. Su crecimiento asusta en Venezuela, país fuertemente hostigado por el ex presidente; o en Ecuador, que sufrió hasta el bombardeo de su territorio por la estrategia militarista de Uribe. Santos, autor intelectual del bloque de tendencia neoliberal de la Alianza del Pacífico, resultaría ser entonces el 'mal menor'. La responsabilidad recae ahora en los colombianos. Especialmente en esos casi 20 millones que no fueron a votar. Dos ex uribistas, Martha Ramirez del Partido Conservador y el verde Enrique Peñalosa podrían orientar a sus electores hacia el voto por Zuluaga en los próximos días. Sólo quedaría la coalición de izquierda como posible apoyo –a nariz tapada– para Santos, que tendrá el complicado desafío de seducir a esa enorme mayoría del país descreída de la 'política de palacio'. "En tres semanas habrá que escoger entre quienes quieren el fin de la guerra y los que quieren la guerra sin fin", aseguró Santos tras conocer los resultados. El clima que se respiraba en Bogotá en la previa dejaba entrever que esos votos en blanco y parte de las abstenciones iban a ser votos descontentos para él. Pero el temor también parece ser legítimo.

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