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Opinión: Anticuada ley de abuso sexual

dw.com dw.com 07-07-2016 Naomi Conrad

Hasta ahora, en Alemania había regido la norma de que no toda violación es una violación. Eso cambiará. ¡Por fin!, dice Naomi Conrad.

Cuando mis padres se casaron, en la década de 1980, su generación había desterrado la rígida moral sexual de las camas y la sociedad. Esa era, por lo menos, la impresión. Lo cierto es que hasta 1997, mi padre hubiera podido violar a mi madre sin haber sido acusado, porque en ese momento la violación dentro del matrimonio no era considerada un delito.

Sin embargo, hasta ahora, la ley alemana se basaba en "una situación jurídica medieval", que solo ha sido abolida con la nueva reforma que contempla que cualquier acto sexual en contra de la voluntad expresa de la víctima es punible. Basta citar a una joven activista internauta: “Hasta ayer un hombre podía violarme, sin cometer ningún delito, si yo solo hubiera llorado o suplicado que, por favor, parara de hacerme daño”.

Hasta ahora, en Alemania una violación era una violación si la mujer ofrecía resistencia o el hombre amenazaba con violencia o la ejercía. Hasta ahora, no bastaba con que la mujer dijera: "¡No, no quiero. Detente, maldita sea, que este es mi cuerpo!".

Eso cambió, finalmente. Hoy, después de una larga lucha de juristas y activistas de los derechos de las mujeres el Bundestag aprobó adoptar el principio de que "No es no". Esto significa que, cuando un hombre (por lo general se trata de un hombre) no respeta la voluntad de su víctima, comete un delito. Los agresores ya no podrán tocar a las mujeres ni en el metro ni en ninguna parte, sin su consentimiento. Lo contrario será un delito.

La reforma es un "hito"

Pero la nueva ley tiene algunos puntos controvertidos, como el hecho de que ahora los condenados por violación con un pasaporte extranjero, podrán perder su residencia y ser expulsados del país más fácilmente. Algunas mujeres juristas creen que este es un castigo muy fuerte.

Aún así, ya era hora de que el legislador entendiera que nuestras leyes sobre el derecho sexual - así como la concepción del papel del hombre, la mujer y la familia – eran completamente anticuadas. Esta reforma es un hito, un cambio de paradigma.

Así que si, algún día, llego a tener una hija, espero que se de por sentado que si ella dice no, y alguien hace caso omiso de su voluntad, esté cometiendo un delito. Espero que ella viva en una sociedad en la que el derecho a la autodeterminación sexual, la igualdad de retribución por un mismo trabajo o el permiso parental conjunto sean lo más normal del mundo.

Pero es amargo que hayan tenido que ser necesarios los masivos acosos sexuales de la víspera de Año Nuevo en Colonia, con tintes de racismo e islamofobia, para que se debatiera seriamente sobre las leyes sexuales. Y a los hombres que reclaman en columnas y redes sociales que el Estado no tiene por qué meter las narices en las alcobas les digo: Que no cunda el pánico. Que, por supuesto, la presunción de inocencia y la validez de las evidencias siguen vigentes. En eso, la nueva ley no cambia absolutamente nada.

Autor: Naomi Conrad

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