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Sorpresa, la sal del deporte

BBC News BBC News 16-06-2014 BBC Mundo
© Reuters

La sorpresa nos impide morir de aburrimiento.

Estamos un día tranquilitos, en el sillón, con una pantufla colgando del dedo gordo, mirando la TV, y suena el teléfono y es el jefe con la mala noticia, o de repente el granizo nos destroza los geranios…

O una España indolente es goleada por Holanda y una Uruguay sin dientes cae ante Costa Rica, y en esto la sorpresa está aderezada por su condición dual, ya que pocos esperaban esa implacable precisión holandesa o esa descarada soltura tica.

O al menos no lo esperaba esa misteriosa sociedad secreta de opinadores que forjó el consenso de la cátedra antes de que comenzara a rodar la pelota.

Estos opinadores son (o somos) como esos generales emboscados por la realidad, que siempre están peleando la guerra anterior, no la actual.

Filippo Ricci, de La Gazzetta dello Sport, envió un tuit con un "selfie" suyo en que aparece junto a Keylor Navas, el sobresaliente portero tico, quien le dice "nosotros pasamos; ustedes (Italia) se la jugarán con Inglaterra y Uruguay".

Conviene aclarar que los opinadores a los que estamos tomando el pelo son en su mayoría profesionales del fútbol, exjugadores, técnicos, viejas glorias del balompié, con patente de corso para opinar (y equivocarse) sobre su propio deporte.

Se podría decir que estos personajes la pifian a menudo porque no tienen suficiente información sobre la preparación de los equipos, pero lo cierto es que haber jugado profesionalmente (e incluso muy bien) al fútbol no quiere decir que lo juzgarán con más inteligencia que el señor del asiento vecino.

La cátedra es grande, lenta y sólo atiende a lo inmediato, de modo que las sorpresas abundan.

Y no sólo en el fútbol: justamente ayer San Antonio, el equipo de Tim Duncan, Tony Parker y Manu Ginobili ganó el título de la NBA al apabullar 4-1 al Miami Heat en la serie a siete partidos: hace unas semanas nadie esperaba esto.

Entonces parecía una serie relativamente fácil para LeBron James, Dwayne Wade, Chris Bosh, campeones reinantes, hombres del presente y el futuro…

Hace un par de meses, antes de que fuera elegido por el Manchester United para hacerse cargo del equipo la próxima temporada, Louis Van Gaal, el técnico de Holanda, parecía una figura en declive, cuya cuesta abajo comenzó en 2011, cuando el Bayern Munich dio por finalizado su contrato.

Ahora, después del España 1-5 Holanda, Van Gaal ha reverdecido sus laureles y todos aplaudimos su sapiencia, su hábil combinación de veteranos y jóvenes, su agudo sentido de la táctica, su habilidad para desmontar el tiki-taka.

De repente recordamos que en su campaña de clasificación Holanda sólo cedió dos puntos en 10 partidos, con la mejor diferencia de goles (+29) de todos los equipos europeos.

Hasta hace muy poco tiempo Vicente del Bosque gozaba de un respeto universal, era el viejo sabio, tranquilo, capaz de motivar a un equipo virtualmente imbatible en tres torneos consecutivos… aunque será mejor que no recordemos la Copa Confederaciones, porque estropea el análisis.

Ahora, muchos despiertan a la comprobación de que España parece anquilosada y que el desesperado (antes inteligente) llamado a Diego Costa no ha sido suficiente para mejorar su principal hándicap, la falta de goles.

En el caso de Uruguay 1-3 Costa Rica, la ausencia de Luis Suárez no disimula inquietantes lagunas en la organización defensiva del equipo (algo de por sí sorprendente en un equipo dirigido por Óscar Tabárez), no sólo del venerable y algo entumecido capitán, Diego Lugano, sino también de Diego Godín, de gran actuación en el Atlético de Madrid.

La sorpresa, el reconocimiento de las limitaciones, ha sido particularmente desagradable para España y Uruguay, que perdieron sus partidos, pero también resulta evidente en el caso de Argentina, que en el Maracaná ganó 2-1 a Bosnia Herzegovina.

La afición y parte de la cátedra se encontraron con la sorpresa de que el cauteloso técnico Alejandro Sabella ordenó a último momento una formación de 5-3-2, en vez del 4-3-3 que favorecen Lionel Messi y Kun Agüero.

La aparente indolencia de Messi durante el primer tiempo fue reemplazada por una mayor urgencia en el segundo, cuando Sabella abandonó su planteo (fue el preferido durante su campaña con el Estudiantes de la Plata) para dar entrada a Fernando Gago y Gonzalo Higuaín.

El brillante gol de Messi, con su habitual slalom hacia la izquierda, buscando el perfil para golpear de zurda y colocar junto al palo (debería sacar copyright por esta jugada) no alcanza para compensar la sensación de "aquí falta algo", de que este equipo, uno de los grandes favoritos, es una combinación de excelentes jugadores (uno de ellos un genio) con mediocres acompañantes y un general que tal vez… tal vez esté peleando la guerra anterior.

Pero la realidad discurre, como el río proverbial, y las próximas jornadas nos pueden deparar el retorno de las viejas convicciones.

La sorpresa es la razón de que nos guste el fútbol: si supiéramos que Costa Rica no le puede ganar a Uruguay, que Brasil no puede perder este mundial… ¿para qué iremos al estadio o encenderemos el televisor?

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