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Togo: "Para algunos, el terrorismo es legítimo"

dw.com dw.com 13-06-2016 Dirke Köpp (rml/ers)
Enfrentamientos entre la Policía y manifestantes, en 2013. © 2016 DW.COM, Deutsche Welle Enfrentamientos entre la Policía y manifestantes, en 2013.

El terrorismo hace ola en África occidental y los piratas, en el Golfo de Guinea. El presidente de Togo, Faure Gnassingbé, explica a DW cómo combate el terrorismo en su país, con ayuda de los líderes regionales.

DW: Alemania suspendió la cooperación con su país por casi 20 años, por los masivos déficits democráticos y violaciones a los derechos humanos bajo el Gobierno de su padre, Eyadéma Gnassingbé. Desde su muerte en 2005, usted gobierna el país, ha emprendido reformas –sobre todo económicas− y el contacto con Alemania ha vuelto a estrecharse. Desde 2012, Alemania retomó la cooperación para el desarrollo. ¿Fue necesario para ello que usted rompiera con la política autoritaria de su padre?

Faure Gnassingbé: (Ríe) Creo que tiene que ver más bien con que los togoleses están alarmados y hubo un proceso de reconciliación (nota de la redacción: entre partidarios y detractores de Gnassingbné). Así como con que las reformas políticas condujeron a elecciones, organizadas bajo condiciones aceptables, con resultados reconocidos internacionalmente. Eso nos da legitimidad, y eso es lo que buscaban los alemanes: reformas que reforzaran el sustento democrático del país; líderes políticos con los que se pueda trabajar, porque se sabe que con ello se hace bien al pueblo.

Togo ha registrado un crecimiento económico de más del cinco por ciento, que no llega aún a la población. Se sabe que la pobreza es alimento para el terrorismo e impulsa a la gente joven a abandonar su país. ¿Qué perspectivas ofrece usted a la juventud?

La juventud es una especie de catalizador para el continente: es dinámica, una buena parte está bien calificada, pero otra parte no. Las difíciles condiciones de vida hacen que algunos consideren legítimo tomar el camino que lleva al terrorismo. A los jóvenes, tenemos que ofrecerles, en primer lugar, trabajo. En nuestra capital, Lomé, tenemos un centro de formación profesional que prepara a los jóvenes para el mercado laboral en nueve meses. Pero eso no basta. Tenemos que acelerar las cosas.

Los ataques en la vecina Burkina Faso o la cercana Costa de Marfil, muestran que el terrorismo ha llegado también a África occidental. Togo ha permanecido al margen hasta ahora. ¿Qué hace, concretamente, para proteger a la población?

En primer lugar hemos garantizado que podamos reaccionar en caso de un ataque. Para ello, introdujimos una reforma del Ejército. Pero integramos también a la población en la lucha contra el terrorismo y fundamos, por ejemplo, la iniciativa "e-village" (pueblo virtual): Entregamos un teléfono móvil al líder de cada pueblo, con el cual puede enviar informaciones importantes a una plataforma. No se trata solo de información sobre la situación de seguridad, sino también sobre asuntos inusuales, que le llamen la atención. Entonces, se analiza si se trata de un riesgo. Además, promovemos el diálogo interreligioso.

En octubre, en Lomé, tendrá lugar una cumbre internacional contra la piratería y por la seguridad marítima en el Golfo de Guinea. ¿Qué papel puede jugar Alemania en este sentido?

La piratería es como el terrorismo; también en la lucha contra ella necesitamos de la cooperación internacional. Nuestra cumbre no aborda solo la piratería, sino también la lucha contra el tráfico de armas y drogas, la pesca ilegal y la contaminación marina. Esos problemas y sus consecuencias no solo afectan a África, sino también a Alemania, Europa, China… No sirve de nada trasladar los problemas de una región a otra. Más bien tenemos que cooperar. Ese es nuestro objetivo con la cumbre, y también Alemania puede aportar.

En muchos países africanos, los presidentes intentan prolongar indefinidamente su tiempo en el poder: Pierre Nkurunziza se hizo reelegir en Burundi, pese a los reparos constitucionales en su contra; la Repúblcia del Congo modificó su Constitución para posibilitar otro mandato a Denis Sassou-Nguesso. ¿Cómo valora usted estas aspiraciones?

Es una pregunta complicada, pues mis detractores dirán, por supuesto: ¡Qué hable primero de Togo! Para nosotros no existe límite de mandatos, pero planeamos una reforma política y discutiremos el tema. Lamentablemente, la pregunta polariza mucho: si uno planea hoy modificar la Constitución, es un dictador. Y cuando el tiempo se vence, hay que irse, no importa lo que pase después. Eso no es bueno. Necesitamos un debate abierto. Pero no puede ser dirigido por nosotros, los políticos, pues somos al mismo tiempo actores. África cuenta hoy con suficientes intelectuales, académicos y una sociedad civil dinámica, que pueden encaminar ese debate.

…si no son reprimidos. Hay suficientes gobiernos que pretenden acallar a la sociedad civil.

Es cierto. Pero, en la mayor parte del continente –no en todas partes, es cierto− contamos con un Estado de derecho y la libertad de decir lo que se piensa.

En algunos países africanos se bloquea los medios sociales en época de elecciones, como ocurrió recientemente en Chad.

Personalmente, no creo que bloquear las redes sociales sirva de algo. Somos una sociedad con una fuerte tradición oral. Si paralizan las redes sociales, enseguida corren los rumores. Pero no se puede olvidar que hay también gente malintencionada. Y paralizar las redes sociales puede dificultar su desempeño.

Faure Gnassingbé es presidente de Togo desde 2005. Sucedió a su padre Eyadéma Gnassinbgé, tras 38 años en el poder. Faure Gnassingbé fue confirmado en el poder en las elecciones de 2015. Como en las elecciones anteriores, también en estas, la oposición lo acusó de fraude.

Autor: Dirke Köpp (rml/ers)

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