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Tras las pistas de los antepasados alemanes

dw.com dw.com 05-04-2014 Victoria Dannemann
En Bremen, pasajeros abordan el President Fillmore. Destino: Nueva York.18 de abril de 1923. © 2014 DW.DE, Deutsche Welle En Bremen, pasajeros abordan el President Fillmore. Destino: Nueva York.18 de abril de 1923.

Más que un hobby, la genealogía es su pasión. Como detectives, los miembros de la asociación "Die Maus" investigan las pistas que llevan hasta los antepasados y las historias familiares de emigración.

En una de las salas del edificio del Archivo de la Ciudad de Bremen, la asociación Die Maus (el ratón) tiene su centro de operaciones. Como roedores, sus socios urgan entre antiguos papeles y libros, tras alguna pista que los ayude a seguir el hilo de una historia familiar. Registros de matrimonios, bautizos, propiedades, testamentos... todo puede aportar algún dato para saber más sobre los antepasados.

“La gente quiere saber de dónde viene. A veces el nombre viene del abuelo y quieren saber qué hizo él, o descubren que las aptitudes musicales vienen de un antepasado que era músico de profesión”, relata Rolf Masemann, presidente de Die Maus.

Con más de 550 socios, die Maus es uno de los clubes de investigación familiar y genealógica más grandes de Alemania y el más grande en el norte del país. Sus registros son clave para las familias que se trasladaron a América. Se calcula que a través de los puertos de Bremen y Bremerhaven emigraron más de siete millones de personas a partir de 1820.

“La mayoría de quienes emigraron hacia el Nuevo Mundo lo hicieron a través de Bremen”, indica Rolf Masemann. No todos eran alemanes, también hubo familias de Polonia, Rusia y otros países que viajaron hasta aquí para tomar un barco con destino a Estados Unidos y Sudamérica. “La gente tiene curiosidad y se pregunta dónde están sus raíces, cómo llegó hasta ahí, qué hicieron sus antepasados o qué profesión tenían... y cuando salieron por Bremen, es con nosotros con quien pueden averiguarlo”, relata Masemann. “Recibimos consultas de todo el mundo”, agrega.

Descifrando registros históricos

En sus 90 años de existencia, Die Maus ha reunido cientos de miles de datos. Tienen antiguos registros de los habitantes de la ciudad, testamentos, propiedades, arriendos, pagos de impuestos y matrimonios, algunos de los cuales se remontan al siglo XVI. En el caso de los emigrantes, de gran valor son las informaciones sobre los barcos y sus destinos, listas de pasajeros y nombres de los capitanes. Muchos de estos archivos están disponibles online en su sitio web. También tienen más de 2.600 carpetas de apellidos de familias, con material como árboles genealógicos y publicaciones en los diarios.

Con paciencia, se han dado el trabajo de copiar documentos, traspasando de la escritura alemana antigua. Muchos certificados parecen ilegibles, pero el ojo experto de estos ratones logra descifrarlos. “Uno lo aprende con el tiempo y lo puede entender. Yo lo he copiado de manera que sea fácil, porque no cualquiera puede leerlo”, explica Christa Lütjen.

Otra dificultad es que antiguamente muchas personas hablaban Plattdeutsch, un dialecto del noroeste alemán de las llanuras, y el pastor o secretario de la iglesia escribía lo que entendía. Como los registros se hacían a mano, pasados unos años, resultaban difíciles de entender y las copias o certificados –hechos otra vez a mano- incluían errores. Así, muchos nombres fueron cambiando, lo que dificulta el proceso de búsqueda actual. Un mismo apellido puede haber dado pie a distintas variaciones, como Meier, Meyer, Mayer o Maier.

Muchas veces tienen éxito y otras no, pero a todos los mueve una especie de fiebre de cazador por seguir tras las pistas y encontrar algo más. Aunque es una actividad que todos realizan en sus ratos libre, demanda bastante tiempo. “Es algo que no tiene fin. Uno puede seguir buscando siempre más y más allá”, relata Dieter Memleb, también miembro de Die Maus. “Uno debe amar esto que hacemos. Es muy interesante y no sólo por la investigación de los propios antepasados, sino también para ayudar a otros”, agrega Christa Lütjen.

Completar la historia familiar


En su carpeta, Dieter Memleb reúne las más variadas consultas llegadas por mail. “Nos han escrito desde Estados Unidos, Japón, China, Nueva Caledonia, Canadá o Brasil”, indica. Las preguntas tienen en común el deseo de descubrir las raíces o avanzar en la construcción del árbol familiar. Muchas personas ya cuentan con informaciones como el año y el barco en que emigró el antepasado y desean saber más sobre su vida en Alemania.

“Mi abuelo tiene 93 anos y quisiera darle estos papeles como un regalo, para que él y sus hermanos puedan saber con seguridad su origen étnico”, escribe una persona desde Estados Unidos. Otros encuentran el nombre de su familia indexado en la lista del sitio web y quieren ayuda para seguir investigando. “Sin su ayuda, la historia de esta familia está perdida”, escriben en otra consulta.

Gran parte del éxito de Die Maus se debe al trabajo colaborativo entre los miembros y también a la cooperación con otras instituciones como el Archivo de Bremen o la Cámara de Comercio. Quienes mandan sus consultas por mail desde otro país también se convierten en ocasiones en miembros activos desde sus lugares de residencia. Agradecidos, algunos viajan hasta Bremen para conocer y visitar Die Maus. La asociación no cobra por el tiempo ocupado en la investigación, pero se alegra de recibir donaciones y aportes que les permitan seguir trabajando.

Un buen complemento en la investigación es una visita al Centro Alemán de Emigración –Deutsches Auswandererhaus- ubicado en el puerto de Bremerhaven, 60 kilómetros al norte de Bremen.´Este museo ofrece la posibilidad de sumergirse en estas fascinantes historias a través de exhibiciones interactivas, acceder a registros y conocer cómo fue el proceso de emigración desde Bremen.

Autor: Victoria Dannemann

Editor: José Ospina-Valencia

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