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Turquía y la UE, creciente distancia

dw.com dw.com 22-07-2016 Barbara Wesel ERC/ERS)

A Bruselas le interesa que Ankara frene el flujo de refugiados hacia la UE, y la mayoría de los países no quiere un conflicto con Turquía, pero aumenta el temor a que se instaure una dictadura.

Cuando el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, decretó el estado de excepción, suspendió lel convenio de derechos humanos e inició la purga de miles de opositores en diversos ámbitos de la vida pública, quedó en el aire la impresión de que el “hombre fuerte” de Ankara reaccionaba desproporcionadamente a la intentona golpista del pasado 15 de julio, atentando él mismo contra el Estado de derecho. Hasta de reinstaurar la pena capital se ha hablado en el país euroasiático.

De ahí que la Unión Europea haya hecho explícita su preocupación por lo que ocurre en Turquía. Federica Mogherini, encargada de las relaciones exteriores del bloque comunitario, dejó claro a principios de semana que el restablecimiento de la pena de muerte en ese Estado pondría fin a las negociaciones para su entrada a la UE. Sebastian Kurz, ministro de Exteriores de Austria, se quejó ante el embajador de Ankara en Viena por los efectos que la crisis turca está teniendo sobre la política interior de la nación alpina.

Repercusiones en la UE

Kurz dijo tener referencias de que las manifestaciones pro-Erdogan celebradas en suelo austríaco –y que culminaron con agresiones contra un restaurante kurdo– fueron organizadas desde Turquía. No obstante, en entrevista con el semanario “Der Spiegel”, Kurz también instó a Bruselas a mantener “a cualquier precio” el pacto que selló con Turquía para que sus autoridades frenaran el flujo de refugiados hacia el bloque comunitario; de otra manera, los países europeos tendrían que comenzar a proteger sus propias fronteras.

Muchos europarlamentarios perciben esta situación como un dilema, pero no todos. Los conservadores, que antes ponían trabas para la inclusión de Turquía en la UE, tienden a pedir que no se interrumpan las negociaciones apresuradamente, alegando que éstas constituyen el único recurso a la mano para ejercer influencia sobre Ankara. Por su parte, la izquierda y los verdes exigen que se suspendan las conversaciones para que Erdogan esté consciente de que Bruselas habla en serio. Asumir una posición común no es fácil.

Un pacto poco sólido

De aquí a septiembre, la UE deberá invertir 2.000 millones de euros en los proyectos de asistencia a los refugiados coordinados por Ankara en territorio turco. El pacto de la UE con Turquía favorece directamente a los refugiados sirios, asegura la Comisión Europea. En total fueron prometidos 3.000 millones de euros y Bruselas quiere mantener el convenio porque, hasta ahora, no hay indicio alguno de que el Estado turco no haya cumplido con sus compromisos. Lo que está por verse es si la UE podrá cumplir su palabra.

Erdogan ha subrayado que su país impedirá el paso de los refugiados hacia la UE, pero sólo si los ciudadanos turcos son eximidos de la obligación de solicitar visas para entrar a los países comunitarios. Pero la resistencia a esta medida es grande en el seno del Parlamento Europeo y aumenta debido a los sucesos recientes. Como muestra, un botón: el Ejecutivo belga citó al embajador turco en Bruselas, quien acusó a un diputado flamenco de estar vinculado con los organizadores del fallido golpe de Estado contra Erdogan.

La oportunidad dorada de Erdogan

Y Grecia teme que sus tensiones con Turquía vuelvan a intensificarse luego de que ocho oficiales que participaron en la intentona golpista solicitaran asilo en suelo heleno. La vieja rencilla entre Atenas y Ankara por la cuestión chipriota parecía estar por superarse; ahora, la solución de ese conflicto queda en suspenso. Lo más desconcertante es que, según Marc Pierini, exembajador de la UE en Ankara, la membresía de Turquía en el bloque comunitario dejó de ser una meta estratégica para Erdogan.

De hecho, dice Pierini, la UE es un obstáculo para Erdogan, porque impide transformar el turco en un sistema presidencialista a la velocidad que él quiere hacerlo. “El golpe fallido le brinda a Erdogan una oportunidad de oro para incrementar su poder”, sostiene el diplomático. A sus ojos, mediante la convocatoria a nuevas elecciones, Erdogan podría obtener una mayoría de dos tercios en el Parlamento, suficiente para reformar la Constitución. “La democracia y los nexos de Turquía con Occidente podrían ser las primeras víctimas de la intentona golpista del 15 de julio”, enfatiza Pierini.

Autor: Barbara Wesel ERC/ERS)

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