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¿Cómo erradicar una enfermedad sin vacunas ni fármacos?

06-07-2014 BBC Mundo

"Hombre toma agua con filtros."

La teoría parece sencilla: poner en marcha programas efectivos de prevención para interrumpir la transmisión y así erradicar la enfermedad. La práctica es una historia completamente distinta.

Cuando en 1986 iniciamos la campaña de erradicación del gusano de Guinea, este parásito afectaba a unas 3,5 millones de personas en 21 países de África y Asia. Hoy en día hemos reducido la enfermedad a 148 casos en cuatro países africanos.

No ha sido fácil, pues para esta infección no hay medicamentos ni vacunas. La prevención es la única forma de evitar la transmisión.

El gusano de Guinea se transmite al tomar agua contaminada con pulgas de agua portadoras de la larva. Una vez que se ingieren las larvas (machos y hembras), estas se acoplan luego de 60-90 días de la infección, lo cual permite al gusano hembra ya inseminada continuar creciendo y gravitar hacia las piernas.

Es por allí -a través de la piel- donde buscan una salida unos 10-14 meses después de la infección. Se trata de un proceso muy doloroso que puede durar semanas.

El único propósito del gusano es asomarse a través de la piel y dejar salir las larvas al agua. Así otras pulgas de agua las toman y a los 10 o 14 días -que dura el período de incubación en estos diminutos crustáceos - ya están listas para contagiar a alguien.

Estos gusanos de un metro de largo, son en esencia un útero con cientos de miles de larvas dentro.

La herida que dejan al abrir la piel desde dentro es foco inmediato de infección de otras bacterias, lo que alarga el proceso de curación -e incapacidad- además de ocasionar abscesos que necesitan de la atención de cirujanos y de tratamientos con antibióticos en regiones donde no hay hospitales, médicos ni medicinas.

Incapacidad

Cuando la persona se infecta, con frecuencia queda incapacitada durante largos e importantes períodos de tiempo, debido a que suele ocurrir en temporadas en que las poblaciones deben preparar los campos para sembrar o recolectar la cosecha.

Los niños no pueden ir a la escuela y las mujeres tampoco pueden trabajar en la agricultura u ocuparse de las labores de casa.

La labor de mi equipo en el Centro Carter es evitar que esto siga sucediendo, a través de la efectiva implementación de programas de prevención.

Cuando empezamos se nos presentaron varios retos, el primero fue definir cómo poner en marcha programas en lugares remotos.

La primera puerta que hay que tocar es la del gobierno de cada país, hay que tener una conversación clara con el ministerio de salud y las personas involucradas en el proceso. Nuestro papel es ofrecer ayuda técnica y financiera para que los ministerios de salud puedan poner en marcha sus propios programas de erradicación.

Una vez que hay un acuerdo con el gobierno, el siguiente paso es designar a un coordinador nacional y una secretaría de programa que supervise las labores a nivel regional y comunitario.

También hay que hablar con los líderes locales, los jefes tradicionales de las comunidades, para conseguir su consentimiento.

En cada comunidad se designa a uno o dos voluntarios -normalmente pedimos que sea un hombre y una mujer- que se encargan de informar y educar a las personas sobre la enfermedad causada por el gusano de Guinea, acerca de su transmisión y lo que pueden hacer los residentes para evitar el contagio.

Prevención con filtros

Se educa sobre los hábitos que hay que tener para evitar tomar un agua contaminada con larvas.

A las comunidades se les abastece con filtros (con unas mallas de 100 micrones x 100 micrones) que retienen las pulgas de agua.

La idea es que todos en la población beban agua filtrada y que cuando las personas recojan agua de los charcos, pozos o lagunas utilicen correctamente los filtros.

Pero el mayor esfuerzo está en la educación a todo nivel. Si la gente entiende cómo se infectan y qué pueden hacer para prevenirlo, entonces podemos convencerlos de cambiar su comportamiento.

El objetivo último es hacer de los miembros de la comunidad los centinelas de la enfermedad para que puedan detectar a una persona con síntomas y avisar al voluntario encargado de poner al paciente bajo observación.

Así, una vez que aparece el gusano, la persona ya está en cuarentena y no se le permite que entre en contacto con una fuente de agua.

También utilizan larvicidas para controlar la densidad poblacional de las pulgas de agua.

Pero aquí hemos encontrado cierta reticencia en algunas culturas donde creen que en las aguas estancadas viven los espíritus de los antepasados. Y por lo tanto son sagradas.

En estos casos uno tiene que buscarle la vuelta para ver cómo hacer el trabajo.

La inseguridad: el mayor obstáculo

No obstante, el mayor obstáculo que actualmente confrontamos es la inseguridad y los conflictos armados que existen en los países donde esta enfermedad es endémica.

En Mali hubo un golpe de estado en 2012 y desde entonces el nivel de inseguridad es grave, lo que paralizo el programa de erradicación ese año y en parte durante el inicio de 2013.

Actualmente no sabemos muy bien qué es lo que ha sucedido con respecto a la transmisión de la enfermedad en ese país.

Los conflictos provocan desplazamientos de la población dentro y fuera del país.

El año pasado descubrimos en Níger tres casos de personas originarias de Mali con el gusano de la Guinea. Pero por suerte allí había un buen programa de vigilancia.

Ahora estamos lidiando con una situación parecida en Sudán del Sur, país que tiene el 76% de todos los casos que hay en el mundo. En 2013 allí se registraron 113 casos, cuando el total de los cuatro países afectados -Mali, Etiopía, Chad y Sudán del Sur- es 148.

Hace poco recibí un llamado de nuestro personal en la capital Yuba donde me informaban que estaban atrapados por un fuerte tiroteo cerca de las oficinas y que temían por su propia seguridad.

Por suerte no duró mucho, pero son sucesos que asusta a todo el mundo y que interrumpen el trabajo.

En ese país ya hemos tenido que evacuar al personal extranjero de apoyo al programa.

Si bien en el caso sudanés el personal local ha continuado con la labor en sus respectivas comunidades. Estos conflictos no nos dejan de preocupar.

Aunque los conflictos no son eternos, sí retrasan el final de la batalla.

Este año esperamos que sólo se registren entre 30 y 40 casos en los cuatro países que quedan con la enfermedad.

Estamos tan cerca, que creo que este año podremos lograr interrumpir la transmisión en los cuatro países y así lograr la erradicación de esta enfermedad.

Y si no lo conseguimos porque no podemos trabajar en esos lugares (de conflicto e inseguridad), me atrevería a decir que quizás en uno o dos años más -2016 o 2017- lo lograremos, aunque todo depende de lo que ocurra.

(*) Director del programa de erradicación del gusano de Guinea del Centro Carter.

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