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¿Realmente se pueden controlar los nervios para patear un penal?

06-07-2014 BBC Mundo

"Arquero argentino Sergio Goycochea"

Los nervios son parte del ritual previo al partido de fútbol: en los vestuarios, parte de la preparación para salir al terreno de juego es aprender a controlar el estado mental de los jugadores.

De cara al Mundial de Brasil, en junio próximo, la selección inglesa recurrió a un psiquiatra. ¿El objetivo? Trabajar para romper la racha de derrotas en torneos internacionales. Desarrollar técnicas para poder ir a los penales clave para pasar de ronda sin que los nervios traicionen a quienes los patean.

Pero, ¿puede funcionar una terapia contra los nervios frente a un gran evento?

El deporte puede jugarle unos trucos sucios a la mente y la mayoría de los equipos que compiten a alto nivel ha tenido su dosis de fracasos y momentos que preferiría olvidar.

Aunque en algunos casos, como el de Inglaterra, los efectos son más extremos: el duelo por las fallidas actuaciones de su escuadra casi se ha convertido en un deporte nacional en sí mismo. La selección inglesa ha sido eliminada de seis de sus últimos diez torneos importantes en la instancia de penalties, en dos ocasiones frente a su archirrival, Alemania.

Psiquiatra al rescate

Por eso el plan para tratar de trabajar sobre el estado mental para prevenir la debacle. La dirección técnica anticipó que utilizará un psiquiatra para tratar de calmar las cabezas de los jugadores en la previa de los penales que pueda tocarles ejecutar en Brasil 2014.

La idea es blanco fácil para los británicos más cínicos y algunos han empezado ya a burlarse de ella.

Pero un análisis de la evidencia que existe sobre el peso que tiene la mente en los éxitos deportivos sugiere que la asistencia psicológica podría funcionar.

En muchos deportes individuales, como el tenis, los psicólogos trabajan desde hace tiempo en ayudar a los jugadores de élite a hacer frente a la presión.

Pero en un juego de equipo, como el fútbol, son más inusuales los momentos en los cuales todo depende de un único jugador. Tal vez por ello siempre tiende a quedar relegado el aspecto psicológico de la competencia y el entrenamiento.

Con los deportistas individuales, la entereza mental es parte del juego. Entonces, ¿qué pueden aprender de ellos los deportistas de equipo?

No sorprende realmente saber que la ansiedad por el rendimiento es el factor más importante en los fracasos a la hora de anotar penales. Técnicamente un jugador sabe cómo hacerlo. Si logra anotar cuando miles (o millones) de espectadores tienen la mirada puesta sobre él y la victoria de su equipo depende de su eficacia, es completamente otro asunto.

Asfixia mental

Cuando las presiones son muchas, el mayor temor de cualquier jugador es el de 'ahogarse'. Ocurre cuando una habilidad que ha practicado durante años y que por lo general puede realizar con éxito de repente se torna una misión titánica.

Hay varias teorías acerca de por qué ocurre la asfixia.

En la década de 1980, el psicólogo Roy Baumeister sugirió que, en lugar de trabajar en 'piloto automático' y poner en práctica todas las habilidades obtenidas en largas horas de entrenamiento, el jugador pasa a un modo de pensar consciente en el que se esfuerza demasiado.

En una serie de experimentos, Baumeister dio a los participantes de su ensayo un complicado juego manual que pedía guiar una bola por una pista entre dos varillas metálicas, hasta embocarla en un hoyo particular.

Las personas lo hicieron bien hasta el momento en que se les hizo una oferta de dinero si obtenían buenos resultados: entonces su rendimiento disminuyó inmediatamente. El desempeño también cayó si alguno de los compañeros estaba mirándolos mientras jugaban.

Es lo mismo que nos pasa cuando, después de conducir por años, se nos para bruscamente el carro en una esquina porque no entró el cambio o damos 'saltos' al pasar de una marcha a otra tan pronto tratamos de mostrarle a un conductor principiante cómo es estar detrás del volante.

Los conductores experimentados hacen los movimientos que exige el manejo casi sin pensar en ello: está codificado en su memoria implícita. Pero los novatos controlan conscientemente cada paso del proceso, como cuándo pisar el freno, cuándo indicar el giro con las luces, etcétera, mientras construyen su marco neural para apoyar estas tareas y realizarlas sin pensarlas individualmente en un futuro.

Cuando los conductores avezados enseñan a un principiante cómo hacerlo, deben pensar cada paso por separado y cambiar de su memoria implícita a una explícita. Así que, en efecto, están utilizando las vías neuronales que utilizaron por última vez cuando fueron aprendices - de allí el vehículo ahogado y la vergüenza de quedarse en medio de la calle entre bocinazos de terceros.

Ganar, mucho o poco

Sin embargo, otras investigaciones señalan que los traspiés nerviosos se relacionan con saber que hay un premio disponible.

Cuando la tenista Jana Novotna parecía estar a punto de derrotar a su rival Steffi Graf en el último set de la final de Wimbledon de 1993, una doble falta provocó una de las caídas más abruptas y tristes en la historia del torneo.

A veces un individuo puede desear algo con demasiada intensidad. La idea de la recompensa se vuelve tan sobrecogedora que produce una sobreactividad en el mecanismo cerebral básico asociado con las recompensas, lo que comienza a poner en peligro su memoria de trabajo: esto es, nuestra capacidad de almacenar, consciente y temporalmente, información y datos sobre cómo completar procedimientos.

En un ensayo de la Universidad de Cambridge, los participantes fueron colocados en un escáner cerebral mientras usaban un videojuego que consistía en perseguir a una presa imaginaria -en forma de punto gris- dentro de un laberinto. Un grupo tenía la oportunidad de ganar 50 centavos por cada vez que capturaban e punto. Los otros recibían cinco dólares.

Aquellos que podían conseguir el premio mayor no tuvieron un mejor desempeño. En cambio, perdieron giros y salidas en el laberinto y no pudieron cumplir con la misión con tanta eficacia como los que iban a tener la recompensa menor. Lo que muestra, dicen los expertos, una correlación con una mayor actividad en el cerebro medio ventral, el área asociada con la recompensa.

Ello confirmaría la teoría de que el sistema cerebral se sobrecarga y se vuelve demasiado activo cuando el premio es mayor.

Por la copa

No es posible pedirle a los deportistas de élite que dejen de interesarse y mostrar pasión por ganar y que les dé lo mismo perder que levantar la copa. Pero sí se puede trabajar en calmar sus mentes.

Es común que los jugadores de tenis aprendan a sacar provecho de las rutinas entre cada punto, donde ponen su mente en blanco para concentrarse y comenzar como si fuera de cero el punto siguiente, independientemente de cómo haya resultado la jugada anterior.

Tienen que eliminar todo vestigio de ira o injusticia de sus pensamientos y comenzar a pelear el siguiente punto con la mente 'limpia'. El ejemplo más notable es la rutina en la cancha del español Rafael Nadal, que cuenta con hasta 12 pasos diferentes. Puede verse como un comportamiento supersticioso, pero le permite volver al estado de ánimo adecuado para seguir compitiendo.

Hay toda clase de estrategias cognitivas que pueden aprenderse, como visualizar éxitos anteriores en los momentos cruciales o repetir afirmaciones positivas.

No sólo el arquero

Por otra parte, los jugadores son más propensos a tener éxito cuando creen que tienen control sobre la situación, al menos en parte.

Y el problema con los penales es que los futbolistas suelen pensar que todo queda limitado al arquero. Así, podrían beneficiarse con una rutina mental similar a la de los jugadores de tenis.

Greg Wood y Mark Wilson, psicólogos de la Universidad de Exeter, descubrieron que una rutina en que los jugadores aprenden a fijar su mirada en un determinado punto aumentaba la creencia de que tenían algo de control sobre la situación y no estaban a merced de los porteros.

Los científicos descubrieron que la ansiedad de los jugadores los lleva a centrar su mirada en el arquero en lugar de en los postes, lo que además los vuelve más proclives a patear en la dirección de ese arquero.

A los jugadores les iría mejor si practicaran anunciar de antemano al arquero en qué dirección van a patear el balón, arriesgan los psicólogos de Exeter, así como un colega de la Escuela Noruega de Ciencias del Deporte, Geir Jordet. Si lo hacen hasta que comiencen a creer que tienen la habilidad de anotar incluso si los porteros saben en qué dirección irá la pelota, aumentará su percepción de control sobre la situación.

Jordet examinó videos de casi 400 tiros desde el punto de penal durante grandes torneos. Y descubrió que había una gran diferencia en función del historial que tenga un equipo en definir partidos por penales.

Si un equipo había ganado anteriormente, sus probabilidades de acertar eran de 85%, en comparación con sólo 65% si antes habían perdido. La habilidad técnica del equipo no hacía una gran diferencia, lo que sugiere que era el recuerdo de la derrota previa lo que afectaba el desempeño.

El último consejo que se desprende de la investigación es que es bueno que los jugadores se tomen su tiempo. Usando el material de archivo, Jordet cronometró cómo los jugadores colocaban el balón en el punto de penalti. Los que tomaron menos de un segundo anotaron en 58% de las ocasiones, en comparación con 80% entre quienes no tuvieron prisa y lo acomodaron por más de un segundo.

Así, la investigación sugiere que el empleo de algunas de estas técnicas psicológicas podría dar resultado a una serie de penales más exitosa durante la Copa Mundial. Pero, ya se sabe, en el fútbol nada está escrito...

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