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La mujer más influyente del mundo tecnológico

06-07-2014 BBC Mundo

"Esther Dyson"

BBC

Esther Dyson salta para a saludar a un visitante que llega a la oficina de Nueva York una mañana primaveral. Es su saludo típico, que refleja un entusiasmo -y una impaciencia- que la caracteriza desde hace décadas.

A los 16 años, entró a Harvard.

Incluso entonces, dice su amigo Bill Kutik, un analista en la industria del software, parecía confiada y libre de temores. Solía caminar descalza en la sala de prensa de Harvard Crimson, añade, y también en el sótano "donde hacían periódicos en plomo caliente".

Se destacaba por éstas y otras razones.

"Durante muchísimo tiempo yo fui la menor", comenta Dyson. "Es un poco como ser 'la mujer'. Una distinción inútil".

En su caso, sin embargo, ella no sólo es mujer, sino que ha jugado un papel importante en el campo de las computadoras. El New York Times la llamó una vez la "mujer más influyente de la industria".

Cuando Dyson escucha eso, hace una mueca.

"Hay un montón de mujeres", afirma, describiendo a sus colegas en el campo. "Pero ninguna de nosotras es Bill Gates".

Mientras habla, se sienta en un sofá en una pequeña habitación en Meetup.com. La compañía fue fundada en 2002 y ella estuvo entre los primeros inversionistas.

"Visionaria digital"

Le gusta restarle importancia a su papel en la industria, pero otros la ven como una "visionaria digital" (Revista Time). En Silicon Valley es tratada como una estrella de rock.

"En todos los campos dominados por hombres suele haber unas pocas mujeres con mucho éxito", señala Telle Whitney, directora ejecutiva del Instituto Anita Borg para Mujeres y Tecnología en Palo Alto, California.

"Ella es uno de esos modelos a seguir que le hace creer a las jóvenes: 'Yo también puedo hacerlo'".

Sin embargo, es difícil para la mayoría de mujeres emularla, dados sus inusuales antecedentes.

Creció en Princeton, Nueva Jersey, donde su padre, Freeman Dyson, era médico en el Instituto de Estudios Avanzados.

"Era el mejor amigo de (Albert) Einstein", resalta Kutik. Su madre, Verena Huber-Dyson, es matemática.

Tras graduarse de Harvard, Dyson se inició como reportera en Forbes. Posteriormente editó un boletín de noticias de lectura obligada, "Release 1.0", que dirigió durante más de dos décadas.

También compró una compañía llamada Rosen Research, que rebautizó como EDventure Holdings, e invirtió en empresas tecnológicas.

Y, como declaró a un reportero del New York Times, hizo "un montón de dinero con Google" a través de una de sus inversiones.

Con todo, dice su amigo Kutik, Dyson vive principalmente "en el mundo de las ideas".

Actualmente, pasa una cuarta parte de su tiempo en Nueva York y el resto en San Francisco y otras ciudades.

Una vez se entrenó como cosmonauta en Star City, Rusia, y ha volado sin gravedad.

"Tiene una actitud de 'No me importa'. Es 'Soy quien soy'. ¡Y lo hace de una manera tan agradable!", comenta Vivek Wadhwa, un colega en la Escuela de Leyes de Stanford, que está escribiendo un libro sobre mujeres en la tecnología. "Puede ser arrogante sin parecer arrogante".

La socia de negocios de Dyson, Daphne Kis, presidenta ejecutiva de EDventure Holdings, dice: "Ella no hace alarde, pero se impacienta. Uno lo nota, cuando habla con ella, que hay un momento en el que ya está mirando tu oreja, pues está pensando en la siguiente cosa".

Como presidenta fundadora de la Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números (Icann, por sus siglas en inglés), trabajó duro para mantener a la red global libre y vibrante.

"Mire lo que es internet hoy: la columna vertebral de todo lo que hacemos", señala Wadhwa. "Ella fue una de las luminarias".

Una de las pocas mujeres inversionistas

En la actualidad, Dyson invierte en compañías startup o de arranque, un campo en el que apenas el 11% de los inversionistas son mujeres, según una encuesta de 2011 por la Asociación Nacional de Capital de Riesgo y Dow Jones.

Dice que todas las solicitudes de fondos para creación de empresas siguen viniendo de hombres, aunque la cultura está cambiando.

"Originalmente, Meetup era 18 tipos", dice, mirando el pasillo. "Ahora uno camina por ahí y hay muchas mujeres".

Su última empresa es un esfuerzo para ayudar a las mujeres -y a los hombres también- a vivir vidas más saludables. Su meta, indica, "no es curar el cáncer sino fomentar la salud para que a la gente no le dé cáncer".

Su organización sin fines de lucro, HICCup (Consejo de Coordinación de Iniciativa para la Salud), ayudará a gente en cinco comunidades estadounidenses a convertirse en "radicalmente" más saludables, señala, así como a recolectar datos para ayudar a gente en otros lugares a hacer elecciones saludables.

Ella le presta atención a su propia salud. Nada 50 minutos diariamente -a veces rápido, a veces lento- y lleva un monitor de actividad. Revisa su muñeca al final de la mañana. La pulsera brilla, lo cual significa que ha alcanzado su meta de acondicionamiento físico.

"Son sólo las 11:30", dice un visitante.

"Esta meta es muy baja", replica Dyson. "Necesito arreglarla".

Su respuesta refleja un deseo por mejorar -para ella y el mundo- y ayuda a explicar por qué decidió hacer obras de caridad en el campo de la salud.

"Si fuera una criada, desearía una habitación sucia", afirma. "Creo que en la salud estadounidense he encontrado un cuarto realmente sucio".

"Mis padres son científicos, los dos. Les gusta el orden".

"Si uno se pregunta '¿por qué?' y la respuesta no tiene sentido, entonces tiene que arreglarlo".

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