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La suerte de Detroit está vinculada al automóvil pero sólo para mal

EFE EFE 04/07/2014 EFE

Julio César Rivas

Toronto (Canadá), 19 jul (EFE).- La declaración de la bancarrota de Detroit, conocida como "Motor City" por ser el centro del sector del automóvil de Estados Unidos desde hace más de un siglo, no afectará a los tres grandes fabricantes estadounidenses, General Motors (GM), Ford y el Grupo Chrysler.

En las últimas horas los tres fabricantes han emitido comunicados en los que, además de expresar su apoyo a la ciudad que los acoge, han dejado claro que la quiebra de Detroit, que posee una deuda de 15.000 millones de dólares, no afectará a sus operaciones.

"GM ha valorado las potenciales implicaciones de la bancarrota de Detroit y no anticipamos ningún impacto a nuestras operaciones diarias o perspectivas de negocio", dijo General Motors.

"Sin embargo, nuestros primeros pensamientos son para nuestros vecinos de toda la ciudad. GM está orgullosa de considerar Detroit su hogar y la declaración de bancarrota es un día que deseábamos que no se hubiese producido", dijo el fabricante.

Ford y el Grupo Chrysler se expresaron en términos similares.

"Creemos que un Detroit fuerte es crítico para un Michigan fuerte y nuestro sector. La ciudad tiene un difícil trabajo por delante y somos optimistas que los líderes gubernamentales tendrán éxito en fortalecer la comunidad", dijo Ford.

Por su parte, Chrysler aseguró: "creemos en la ciudad de Detroit y su gente. No sólo seguimos invirtiendo en la ciudad y sus residentes al añadir nuestra presencia a Detroit, también estamos comprometidos a jugar un papel positivo en su revitalización".

Lo que resulta paradójico es que aunque la vida de Detroit está íntimamente ligada al mundo del automóvil y su declive es en parte consecuencia de la crisis de los fabricantes estadounidenses, "Motor City" no parece que se haya beneficiado del buen momento por el que atraviesan General Motors, Ford y el Grupo Chrysler.

El año pasado, General Motors ganó 4.900 millones de dólares y sumó su tercer año consecutivo de abultados beneficios. En 2011, el mayor fabricante estadounidense, cuya sede es un complejo de torres de cristal junto al río Detroit en el centro de la ciudad, ganó 7.600 millones de dólares.

Por su parte Ford ganó 5.670 millones de dólares en 2012. El año anterior la cifra había sido de casi 6.000 millones de dólares.

El Grupo Chrysler, el más pequeño de los tres y el que se encontraba en peor situación tras la crisis de 2008, tuvo unos beneficios de 1.700 millones de dólares en 2012.

A pesar de estos significativos beneficios, Detroit no está ni cerca del esplendor que se vivía en la ciudad tras la II Guerra Mundial, cuando los fabricantes de automóviles necesitaban mano de obra cualificada para sus factorías y atrajeron a miles de personas a la ciudad.

Para la mayoría de analistas, los problemas que hoy vive Detroit se gestaron en la década de los años setenta cuando las marcas japonesas empezaron las exportaciones masivas de automóviles a Estados Unidos tras la primera crisis del petróleo.

Según un estudio de 2010 del Centro de Investigación Económica Aplicada, en vez de adaptar sus vehículos y procesos para mejor competir con los fabricantes japoneses, la industria estadounidense buscó la protección de su Gobierno para evitar una reestructuración.

"Las semillas de los problemas de Detroit residen en creer continuamente que sabían lo que el público estadounidense quería. Años de beneficios tras la posguerra parecían probar que esta suposición era correcta", señaló el informe.

El informe también indicó que "al exprimir a componentes como los proveedores y concesionarios, y lograr eficiencias de coste tomando atajos, Detroit se ocupó de cambiar la percepción del público sobre sus productos. Los años de edificar la reputación se disiparon en una década".

Cuando los fabricantes japoneses y europeos empezaron a producir automóviles en Estados Unidos, fabricantes como Honda o Volkswagen instalaron sus plantas de montaje en el sur del país, donde es más difícil que los trabajadores creen sindicatos y donde los salarios son más reducidos.

Los "tres grandes" de Detroit siguieron el mismo camino, como una forma de reducir sus costos e instalaron plantas de montaje en estados como Texas, Kentucky, Tennessee o Misuri, lo que provocó el éxodo de trabajadores cualificados de Detroit a esas localidades.

La transferencia de trabajadores cualificados de Detroit, en su mayoría de raza blanca, a otros centros de producción también significó la desaparición de riqueza de la ciudad.

El valor de las propiedades inmobiliarias cayó y lo mismo sucedió con los ingresos para las arcas municipales.

La población que pudo escapar del declive de la ciudad lo hizo casi a la misma velocidad: de los 1,8 millones que tenía en la época de esplendor del sector del automóvil en 1950, ahora se ha pasado a 700.000 habitantes, el 83 % de ellos de raza negra. EFE

jcr/jms/ar

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