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2017 no será tan malo para la economía

logotipo de Semana Semana 04/12/2016

El año que llega no pinta peor que 2016, pero analistas prevén que el crecimiento alcanzará apenas un modesto 2,4 por ciento. De la reforma tributaria que se apruebe dependerá el ambiente para los negocios y la salud fiscal del país.

Está terminando uno de los años de más bajo crecimiento económico del presente siglo. La desaceleración fue más fuerte de lo que se pensaba y los analistas sugieren que el crecimiento de 2016 estará cercano al 2 por ciento, una cifra francamente desalentadora. Muchos factores se juntaron, en lo político y económico, para marcar este bisiesto como uno de los años más duros del gobierno de Juan Manuel Santos.

Ha sido un año tan complejo para la mayoría de los colombianos, que la gente ya solo quiere pasar la página y que comience 2017. Pues bien, la buena noticia es que hay indicios de que lo peor ya pasó y que el entrante no será tan malo como el que concluye. Claro que tampoco es para hacer fiesta. Esta revista hizo un sondeo entre varios analistas de 12 centros de estudio e investigación y encontró que esperan para 2017 en promedio un crecimiento económico de 2,4 por ciento (ver artículo de pronósticos). Naturalmente, las predicciones abarcan un rango muy amplio que arranca en 1,5 por ciento y va hasta 2,8 por ciento, porque, como siempre, algunos ven el vaso medio lleno y otros lo perciben medio vacío.

Según José Darío Uribe, gerente del Banco de la República, este crecimiento esperado para Colombia está acorde con una economía en proceso de ajuste tras el fuerte choque que recibió cuando el ingreso nacional cayó por la reducción de los precios del petróleo.

Los analistas internacionales están en línea con las proyecciones de los expertos locales. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), Colombia crecería el próximo año 2,7 por ciento. Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) espera 2,5 por ciento para 2017.

En esta ocasión, los pronósticos tienen el problema de que a un mes para que termine 2016 los colombianos aún no saben lo que les espera en cuanto a impuestos el año entrante. El asunto no es de menor importancia pues el tema tributario, si bien no es el único, es el más determinante para establecer el escenario en que se moverán las empresas y las personas naturales.

Lo más crítico del asunto es que el proyecto de ley que presentó el gobierno sigue en capilla en el Congreso, por lo que nadie sabe qué clase de reforma tributaria estructural quedará aprobada. Una cosa será la economía con la propuesta del gobierno y otra muy diferente si sale una más tímida y de poco alcance en cuanto al ingreso fiscal. Incluso, la realidad será distinta si el Congreso no aprobara el proyecto de ley, aunque los analistas no creen que eso suceda.

Pero bajo el supuesto de que la reforma pase, aun con modificaciones, ¿qué pueden esperar los colombianos de 2017? Hay bastantes incertidumbres en el horizonte. Tienen que ver, además del impacto de la reforma tributaria, con el acuerdo de paz, con el hecho de que será un año preelectoral (en 2018 habrá elecciones presidenciales y parlamentarias) y con las decisiones que tome el presidente estadounidense Donald Trump.

Una de las noticias más positivas que traerá 2017, pues impactará favorablemente todos los bolsillos, tiene que ver con la inflación, que comenzó a caer más rápido de lo que se esperaba. Este año, incluso, podría situarse por debajo del 6 por ciento, una cifra inimaginable hace unos meses. En julio llegó a su pico de 9 por ciento anual, pero comenzó a descender gracias a la corrección en los precios de los alimentos, la caída en la demanda inducida por el incremento en las tasas del Banco de la República –que subieron de 4,5 por ciento a 7,75 por ciento– y un menor efecto de la devaluación del peso en los precios.

Según los analistas, la inflación podría llegar al 4 por ciento en el primer semestre del próximo año, con lo cual volvería al rango meta del Banco de la República. Esto hace que muchos esperen que la autoridad monetaria comience a bajar las tasas de interés. La pregunta del millón es a partir de cuándo la Junta Directiva del Emisor comenzará a hacerlo. El ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, dice que podría ser muy pronto, incluso a comienzos de año (ver entrevista). Pero no todos los analistas piensan lo mismo. El director de Fedesarrollo, Leonardo Villar, cree que la tasa de interés probablemente no se podrá reducir hasta que las expectativas entren confortablemente en el rango meta y la inflación básica consolide su tendencia descendente. Y por ahora, las expectativas de inflación a un año todavía superan la meta.

Otro indicador que había encendido las alarmas y que ha comenzado a moderarse es el déficit en la cuenta corriente (la diferencia entre exportaciones e importaciones). En general, los especialistas esperan para el próximo año una reducción de este, pues ya ha comenzado a cerrarse. Fedesarrollo estima que el déficit en cuenta corriente disminuirá este año en más de 5.000 millones de dólares frente a 2015.

Como porcentaje del PIB, bajaría de 6,5 por ciento en 2015 a 5 por ciento en 2016. El gobierno hace cuentas más alegres y cree que terminaría este año en 4,5 por ciento del PIB y el próximo en 3,7 por ciento. En cualquier caso sigue siendo muy alto y se convierte en uno de sus retos más importantes. En esta reducción ha ayudado la caída de las importaciones y la devaluación del peso.

En el frente externo, en 2017 no se vislumbra un repunte importante en las exportaciones, a pesar de tener el dólar alrededor de los 3.000 pesos. La razón es que las perspectivas del comercio regional e internacional no son buenas, entre otras, porque la economía mundial, y de América Latina en particular, seguirá muy débil.

Es de esperarse que la tasa de cambio se sostenga en el nivel actual, por lo menos para evitar mayores caídas en las ventas externas del país. Es difícil saber el comportamiento de la tasa de cambio. Cabe recordar que en febrero el dólar se situó en 3.300 y las apuestas estaban más orientadas a saber cuándo llegaría a los 3.600 pesos, que hacia la baja. Sin embargo, la divisa se descolgó y se sostuvo alrededor de los 3.000 pesos.

Otro tema muy importante para la economía colombiana es el precio del petróleo. En la última semana creció la expectativa de un repunte en la cotización internacional, tras el acuerdo logrado en la Organización de Países Productores de Petróleo (Opep). Los analistas pronostican un precio del Brent (referencia para Colombia) por encima de 50 dólares el barril.

Esto sería muy importante tanto para Ecopetrol como para las cuentas fiscales del gobierno, aunque ya se sabe que el petróleo es una variable cada vez más difícil de pronosticar.

En cuanto a temas sectoriales, hay consenso en que el próximo año el motor de la economía será la construcción, específicamente en las obras civiles o las concesiones 4G que arrancan en forma en 2017. Por el lado de la vivienda, también hay gran expectativa, en especial por la esperada reducción de las tasas del Banco de la República.

Sin embargo, no parece haber buenas noticias en la industria manufacturera, que sigue de capa caída, con un desempeño francamente preocupante. Sin Reficar, la producción industrial está estancada, como quedó claro en las cifras del tercer trimestre del año. Las ventas del comercio tampoco repuntan y hasta septiembre caían 0,2 por ciento.

Con un crecimiento tan débil, será difícil bajar aún más la tasa de desempleo, que por ahora se sostiene en un dígito. Según Fedesarrollo, el mercado laboral no se ha deteriorado como consecuencia de la desaceleración, muy probablemente por el menor costo de la nómina. La marcha de la economía también dependerá del entorno internacional, donde hay bastantes incertidumbres.

La mayor expectativa tiene que ver con la decisión que tomará la Reserva Federal de Estados Unidos sobre las tasas de interés. Sin embargo, analistas del mercado no esperan graves repercusiones en el dólar o sobre las tasas de interés del mercado local. En resumen, dentro de 12 meses se sabrá si los analistas tenían razón en pensar que 2017 sería menos malo que 2016.

Casi nadie acertó en sus pronósticos sobre el crecimiento previsto para el presente año. Tal vez el que más se acercará será el banco de inversión Merrill Lynch, que hizo la proyección más pesimista sobre la economía colombiana. Hace un año dijo que la desaceleración sería significativa y que no le extrañaría que en 2016 el país tuviera un crecimiento entre 1 y 2 por ciento. Como pinta el panorama, ese podría ser el mayor acierto.

Lo importante es que los colombianos se preparen con ánimo para recibir el nuevo año. La confianza es lo más importante en materia económica, y hay otras razones para esperar con optimismo 2017. La paz es la principal.


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