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La bruja que puso de rodillas a todo un pelotón

logotipo de Kienyke Kienyke 22/04/2015

Por: MauricioCP88

Cuando el infante de marina Johnny Cárdenas vio que una sombra se acercaba a él no sintió miedo hasta que se percató de que esta no tenía pies. Aunque tenía el fusil terciado al hombro y listo para ser usado no intentó levantarlo contra lo que sus ojos estaban observando con recelo. Lea también: La ‘guerra maldita’ que se libra en Colombia.

“Tenía el tamaño de una persona. No venía ni tan rápido ni tan lento. Pero venía directo hacia mí y lo hacía sin apoyarse en tierra. Venía volando”, contó Cárdenas.

Eran más o menos la una de la madrugada y aunque esa noche no tenía que prestar guardia estaba acompañando a Rodríguez, otro soldado, uno de sus buenos amigos que desde días atrás estaba siendo acosado por una presencia maligna, al parecer, una bruja. Lea también: Las nueve vidas del general Humberto Guatibonza.

Los militares se encontraban en ese momento en las montañas de Carmen de Bolívar, por los lados de El Salado, en un municipio llamado Chalán (Sucre).

La madrugada en la que Cárdenas vio el ente oscuro confirmaron que lo que atormentaba a su amigo era una bruja.

Cuenta el soldado que la presencia de aquel ente la empezaron a sentir desde que bajaron al pueblo y su amigo, un picaflor empedernido, entabló relación con una muchacha a quien enamoró y luego dejó.

Días después de haber regresado a la espesura de las montañas para seguir con el patrullaje, las noches del infante enamoradizo empezaron a ser extrañas. Vea también: (Video) ¿Este soldado está poseído por una bruja?

Rodríguez empezó a sentir golpes mientras dormía en la hamaca. “Se levantaba exaltado creyendo que nosotros, sus compañeros, le estábamos jugando una broma, pero no era así. Los golpes, según él, eran cada vez más fuertes”, relató Cárdenas.

El pánico invadió a aquel militar picaflor cuando una de aquellas noches lo golpearon muy fuerte. Intentó levantarse de su hamaca pero no pudo. Según se lo narró luego a sus camaradas, una fuerza lo mantuvo oprimido sin poderse levantar de donde estaba. Quiso gritar, sintió que lo hizo, pero al parecer ninguno de sus compañeros de escuadra, ni siquiera los que dormían junto a él, lograron escucharlo.

Cárdenas relató que los demás solo se percataron de que algo ocurría cuando escucharon un fuerte golpe seguido de un disparo. Lea también: Al interior de una escuela para exorcistas.

Una de las sogas que sostenía la hamaca de Rodríguez fue cortada y él cayó a tierra. En ese momento, como los militares dormían con el fusil listo para reaccionar en caso de una emboscada, su arma se disparó.

“La detonación nos despertó y todos nos levantamos con el fusil montado porque pensamos que se nos había metido la guerrilla. Lo único que escuchamos y que alcanzamos a ver fue el aletear de una sombra grande que se alejaba entre los árboles. Parecía un pájaro enorme”, narró.

Esa misma noche el soldado asustado pidió permiso a su comandante de escuadra para bajar de la montaña y buscar al sacerdote del pueblo. Se percató de que necesitaba la ayuda de Dios. Cárdenas lo acompañó.

El cura lo bendijo y le dijo que enfrentara a aquel ente maligno que lo estaba persiguiendo. También que le gritara en voz alta que él estaba con Dios y con Jesús y que si lo volvía a ver rezara con toda su fe para alejarlo.

Un par de noches después Rodríguez tenía que prestar guardia, le pidió a Cárdenas que lo acompañara. Tenía miedo de quedarse solo.

Sobre la una de la madrugada los uniformados empezaron a sentir que les tiraban, según Cárdenas, “pepitas o piedras pequeñas”. Creyeron que se trataba de una broma de otros soldados pero no entendían de donde les llegaban.

Rodríguez empezó a asustarse. “Miré hacia la espesura de la noche y no vi nada raro. Comencé a escuchar un ruido que provenía de un sector. Alisté mi fusil y apunté hacia aquel ruido. Una sombra sin pies se iba acercando poco a poco a mí. No sé en qué momento la tuve frente a mi rostro y la puede ver. Tenía el rostro de una viejita fea, muy fea y muy arrugada.

Cuando su rostro se estrelló con el mío emitió un chillido que aún no sé cómo describir, pero que no he podido olvidar. Fue un sonido entre el llanto y una carcajada burlona. Quedé inmóvil. La bruja se trepó al árbol y yo caí de espaldas”, contó Cárdenas, quien lleva más de siete años en la Armada Nacional.

Rodríguez no la vio. La sintió pero no la vio. Cuando intentó alzar a su amigo lo único que este le dijo fue: “está en el árbol”, esta frase la repitió un par de veces antes de que le entendiera a quién se refería.

El soldado empezó a rezar tal como se lo dijo el cura del pueblo. Tomó fuerzas e invocando a Dios increpó a la bruja.

Según Cárdenas todos los militares de la cuadrilla y su comandante se levantaron y de rodillas se unieron a los rezos de Rodríguez mientras que él se hallaba tendido en el suelo.

Cuando los rezos de los soldados se unieron, la bruja empezó a mover con fuerza las ramas del árbol. Empezó a saltar de copa en copa hasta que desapareció y la noche recobró sus ruidos naturales. Fue la última vez que la bruja atormentó a Rodríguez.

Meses después de lo ocurrido en las montañas de Bolívar el infante Cárdenas y sus compañeros de escuadra fueron testigos de otro fenómeno que aún, después de casi seis años, no pueden explicar.

El guerrillero invisible

Corría el año 2009 y un grupo de infantes de marina de la Armada Nacional y un pelotón de soldados del ejército estaban desde hacía varios meses tras la pista de Efraín González Ruíz, alias ‘Pateñame’, un hombre que lograba huir de los diferentes cercos que las autoridades le tendían.

‘Pateñame’ era cabecilla de los frentes 35 y 37 de la guerrilla de las Farc. Su área de influencia era los Montes de María y la Mojana, entre los departamentos de Sucre y Bolívar.

Según lo narra el hoy marinero Cárdenas, González Ruíz estuvo muchas veces a punto de ser capturado por tropas militares pero extrañamente se escapaba del lugar donde se sabía con seguridad que estaba escondido.

En las distintas operaciones que las autoridades llevaron a cabo sobre ‘Pateñame’ sus hombres eran capturados o dados de baja pero él nunca aparecía.

El mito que empezó a correr dentro de las filas era que el guerrillero tenía un pacto con el diablo y que estaba rezado por brujos y que por tal razón se escabullía con tanta facilidad, recuerda el militar.

“Gracias a informantes y al trabajo de inteligencia de varios meses sabíamos que ‘Pateñame’ estaba en las montañas de los Montes de María. Las Fuerzas Militares desplegaron un operativo grande para capturarlo”.

Después de algunos combates contra hombre del frente 35, alias ‘Pateñame’ logró escaparse por una de las montañas de los Montes de María.

Desde una ladera de otra de las montañas del sector, la cuadrilla de Cárdenas le seguía los pasos a González quien luego de la incursión a su campamento huyó en solitario. Según el uniformado ellos lo veían a escasos 100 metros de distancia.

‘Pateñame’ estaba a pocos minutos de ser capturado. Los infantes de marina apostados desde la montaña vecina tenían visión de sus movimientos e iban informándolos a los hombres que estaban en esa montaña.

Los militares poco a poco le fueron cerrando el cerco. El guerrillero, que vestía verde oliva y tenía un morral terciado a sus espaldas, no tenía escapatoria. Por arriba, por abajo, por la derecha y por la izquierda de la montaña habían militares que paso a paso rodeaban a su objetivo.

Efraín González Ruíz, alias ‘Pateñame’, cabecilla de los frentes 35 y 37 de las Farc. Fue abatido en un bombardeo a su campamento en 2012. Dicen que tenía pacto con el diablo y que por ello logró huir de varios operativos en su contra. Efraín González Ruíz, alias ‘Pateñame’, cabecilla de los frentes 35 y 37 de las Farc. Fue abatido en un bombardeo a su campamento en 2012. Dicen que tenía pacto con el diablo y que por ello logró huir de varios operativos en su contra.

Cárdenas lo veía moverse con sigilo. Sin saberlo, el insurgente iba directo hacia uno de los grupos de la fuerza pública que caminaba hacia él. Cuenta Cárdenas que la alegría en la escuadra no se hizo esperar. Todos desde la montaña vecina se miraban con alegría. Sabían que el trabajo de meses iba a culminar en segundos.

“Hubo un momento en el que el hombre quedó completamente encerrado en un cuadrado de militares. Tenía hombres a lado y lado. Teníamos visión sobre él y estaba encerrado. El objetivo era nuestro.

“Cuando las tropas lo tenían acorralado a unos 100 metros, lo perdimos de vista. Pensamos que se había sentado a esperar la captura, ya que no tenía por dónde escabullirse.

“Era mi primer pez gordo. Quería ver el momento en que se entregara o en que lo capturaran los compañeros. Quería verle la cara, quería estar ahí. Varios pedimos autorización al jefe de la escuadra para bajar y pasar a la otra montaña. La distancia no era grandes, son montañas pegadas una a la otra y no son tan altas. Así que salí corriendo para alcanzar al grupo de la base”, relata el marinero.

Cárdenas pensó que cuando se encontrara con sus compañeros ‘Pateñame’ ya estaría capturado; pero no fue así. El guerrillero no apareció. Las cuadrillas avanzaron hasta encontrarse donde lo habían visto por última vez.

El segundo anillo de seguridad, que estaba a una distancia prudente de la primera línea se activo y también se cerró. Tampoco lo vieron.

Lo único que los militares hallaron junto a una piedra fue la maleta que el hombre tenía terciada mientras corría huyéndole al cerco, dentro de ella había dos granadas, una navaja y las cáscaras recién peladas de una naranja.

Alias ‘Pateñame’ murió tres años después en un bombardeo que se le hizo a su nuevo campamento en el municipio de El Bagre, Antioquia. Al parecer su pacto con el diablo había terminado.

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