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¿Y si el papa Francisco reconcilia a Santos y Uribe?

logotipo de Semana Semana 07/04/2015
© Semana

La semana pasada el país se estremeció con la noticia de que el papa Francisco (Jorge Mario Bergoglio) visitará el próximo año a Colombia. Aún no se conoce la fecha, pues el Vaticano solo confirma que vendrá al país. Tampoco su agenda, cuántos días estará, o si visitará más ciudades diferentes a Bogotá. Todo es especulación. De lo único que sí hay certeza es que la visita del papa, en el contexto del proceso de paz, va a agitar los ánimos políticos.

Por lo menos, desde la oposición al presidente Juan Manuel Santos, nació el temor de que la presencia de Francisco, acaso el líder que más ha cautivado al mundo por su pensamiento liberal, y por la apertura que le ha dado a la Iglesia Católica, pueda ser politizada.

Desde que Álvaro Uribe, católico ferviente, reaccionó al anuncio, han salido muchos uribistas a reclamar al gobierno que la visita no sea aprovechada políticamente. “Con Papa Francisco en visita pastoral a Colombia, no política”, fue la forma como el expresidente Uribe saludó la eventual presencia del papa.

Cuando se conoció la noticia, de inmediato los sectores políticos afines al gobierno reaccionaron con júbilo. El consenso es, como lo manifestó el senador del Polo (opositor, pero que respalda el proceso de paz) Iván Cepeda, el papa: “pueda ayudar al país en el proceso de paz”.

De hecho algunos políticos, como el senador liberal Guillermo García Realpe, hacen cábalas para que la presencia del papa coincida con la firma de los acuerdos de paz entre el gobierno y las FARC. Posibilidad que el exsenador Juan Lozano rechaza al señalar, en su columna de este lunes (en El Tiempo). Lozano consideró que la visita del Santo Padre debe ser diferente a las de las celebridades políticas que han desfilado por el país para apoyar el proceso de paz. “Es su sincero y profundo compromiso, que puede tocar el alma de los colombianos en todas las toldas, sin cálculos de Nobel, ni vanidades de poder, ni honorarios de figurón”.

Lozano sugiere que el papa “no viene a fungir como árbitro en un cuadrilátero ni a levantarle la mano de triunfador a nadie. Para el Gobierno, el objetivo de la visita no debe ser ganarle un round a Uribe, ni viceversa, sino lograr un nivel importante de consenso en torno de las condiciones de un acuerdo de paz aceptable y sostenible para todos los colombianos”.

En ese sentido, la expectativa puede estar alrededor de los efectos que pueda tener la visita del papa, no solo de cara al proceso de paz con las FARC, sino para ayudar a calmar los aires de polarización al interior del país. Probablemente, el papa pueda reconciliar a Santos y a Uribe.

Sin embargo, los dos parecen tener una visión distinta de la visita de Francisco. En su Twitter, Uribe lo calificó como un “mensajero de paz sin impunidad”, mientras que Santos lo llamó “mensajero de paz y reconciliación”. Hasta en eso demostraron sus diferencias, que hasta ahora han sido irreconciliables.

Como lo ha demostrado en sus dos años al frente de la Iglesia, el cura argentino Jorge Mario Bergoglio es imprevisible. No se cansa de sorprender en sus giras, y de venir a Colombia, probablemente con algo saldrá. Solo hay la certeza de que su visita será un verdadero acontecimiento, y que hasta los políticos querrán tener protagonismo.

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