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“Bolívar, mujeriego empedernido”

15/07/2015

MSN presenta un fragmento del capítulo "Fanny du Villars", del libro “Bolívar, mujeriego empedernido”, escrito por Eduardo Lozano Torres.  El libro, presentado por el Círculo de Lectores, plasma la agobiante libido del libertador, por medio de cartas que connotan su extremada vida lujuriosa, sus aventuras y desventuras personales, que inevitablemente se entrelazan con la vida militar.

Documentada con escritos inéditos, esta amplia investigación literaria, y epistolar, abarca todo sobre la faceta más sexual humana y desconocida de Simón Bolívar.

Portada del libro: “Bolívar, mujeriego empedernido”. Portada del libro: “Bolívar, mujeriego empedernido”. Fanny du Villars

Durante su estancia y romance en Bilbao con Thérèse, Bolívar había conocido también a otro matrimonio francés que estaba de paso por allí. Era el conformado por el coronel Barthelemy Regis Dervieux du Villars y Louise Jeanne Nicole Arnalde Denis de Trobiand, quien había trocado sus numerosos nombres, como era la usanza de antaño, por el de Fanny. Ellos le habían dicho al joven caraqueño que cuando fuera a París los visitara en su casa y por ello, cuando llegó a esta ciudad, decidió hacerlo. El coronel Du Villars era un hombre acaudalado de unos 57 años, que había hecho su capital como proveedor del ejército. Fanny era una hermosa mujer de veintiocho años, de ojos y cabellos negros, insinuante, coqueta, simpática, elegante, acostumbrada a relacionarse con la alta sociedad parisina y dotada de un sensual magnetismo. ¿Cómo no iba a impresionar esta mujer al alocado jovencito de veintiún años ávido de aventuras y experiencias?

La descripción física que se hace de Fanny difiere en las diversas fuentes, pero quizás los diferentes retratos de la época que existen de ella sean la prueba de que no era rubia de ojos claros como algunos autores sostienen.

Ella decía ser descendiente de los Aristiguieta venezolanos y, por tanto, halló que había cierto parentesco lejano con el joven y atractivo Simón. Dada esta circunstancia —cierta o falsa— Fanny y Simón empezaron a «ser primos», quizás porque ello facilitaba el frecuente trato y la asiduidad de las visitas sin que se despertaran mayores suspicacias. Inicialmente fue Fanny la amiga y confidente, pero sus insinuantes coqueteos y la proclividad de él hacia la conquista femenina, hicieron que se convirtieran rápidamente en una joven pareja de amantes impetuosos. De nuevo se encuentra Bolívar con un amor vetado, pero a pesar de ello decide colocar una cornamenta más, esta vez en la frente de otro coronel amigo que, por razón de sus viajes, dejaba sola a su mujer con relativa frecuencia. Curiosa coincidencia. En la biografía de Bolívar escrita por el historiador ecuatoriano Rumazo González se encuentra un párrafo muy diciente sobre esta amorosa relación:

Las intimidades pasionales de Simón y Fanny se desbordan; llegan hasta la ingenuidad de sembrar juntos plantas en el jardín de la casa, de modo que florezcan un día en símbolo de perennidad amorosa (linda pincelada romántica).

Una niña pasa junto a un mural de Bolívar en el barrio de La Pastora en Caracas. Una niña pasa junto a un mural de Bolívar en el barrio de La Pastora en Caracas.

Los Du Villars acostumbraban organizar elegantes reuniones en su casa a las que invitaban a personajes de la élite social e intelectual. A ese círculo selecto ingresó Bolívar y allí pudo conocer a personajes como Chateubriand, Humboldt, Bonpland y a Eugenio Beauharnais el hijo de Josefina, la primera esposa de Napoleón Bonaparte y, por tanto, hijastro de este, de quien se decía que era amante ocasional de la bella Fanny. Entre Beauharnais y Bolívar sucedió cierto día un altercado debido a un malentendido que casi desemboca en duelo, pero la intervención oportuna de Fanny lo impidió. Quizás ambos supieron que competían por ella.

Bolívar, a la par que se divertía y prodigaba su ardorosa pasión a Fanny, también pudo codearse con personajes que hablaban de asuntos serios y trascendentes que empezaron a golpear su —hasta ahora— disipado entendimiento. Por esta época conoció al sabio Alejandro von Humboltd, quien acababa de regresar de sus viajes de investigación por países americanos, entre ellos Venezuela. Es conocido el episodio según el cual Humboldt le contestó a Bolívar la pregunta sobre si él creía que las colonias españolas estaban listas para lograr su autonomía e independencia con una frase que pudo ser la que despertó en él la «americanidad» y la añoranza de su patria: «Las circunstancias son más que propicias, pero no veo por ninguna parte al hombre o a los hombres que puedan asumir tan inmensa responsabilidad».

Es posible que esta respuesta y la conversación que siguió sobre ese asunto hayan sido el chispazo que encendió en el caraqueño la luz de la reflexión sobre este tema y que lo llevó a interesarse por la política internacional, particularmente la relacionada con Venezuela y demás países americanos y su dependencia forzada de España. Humboldt, luego de cinco años de viajes y estudio permanente en suelo americano, le habló de las inmensas riquezas naturales que había visto, de la fertilidad de esas tierras y de las muchas posibilidades de desarrollo que había observado desde México hasta el Perú. Paralelamente a este episodio sucedió otra coincidencia afortunada como fue la de haberse encontrado sorpresivamente un día con su antiguo maestro Simón Rodríguez —que ahora se hacía llamar Robinson— quien iba caminando por una calle en compañía de otro americano, el ecuatoriano Antonio Villavicencio. Fue un reencuentro feliz y lo celebraron en forma prolongada, pues los días que siguieron fueron de contacto permanente, de añoranzas y de nuevas enseñanzas por parte del maestro quien condujo a su antiguo discípulo a reflexionar sobre su estado actual y la necesidad de efectuar virajes provechosos e insertar propósitos serios en su vida.

En otras palabras, lo indujo a reconocer el vacío que había en esa existencia licenciosa, artificial y fútil que estaba llevando en la alegre París y lo volvió a interesar en los libros y el pensamiento liberal. Pero Fanny siguió siendo la depositaria de los nuevos pensamientos y confidencias que ya empezaron a incluir los deseos de independencia y libertad para su pueblo. Años después se conoció el intenso asedio epistolar de Fanny hacia Simón, cuando él era ya el victorioso Libertador. En varias cartas se encuentran palabras amorosas y nostálgicas de esa relación que mantuvieron por los años de 1804 a 1806. No cabe duda que en esa época fueron amantes discretos y esto hay que decirlo así, porque sobre estos amores se han escrito historias exageradas y algunas falsedades, pero la realidad escueta es que sí existió una relación entre estos «primos» que trascendió la simple amistad. En el libro Los hijos secretos de Bolívar, el académico Cacua Prada consigna referencias interesantes acerca de un posible hijo de la pareja Bolívar–Du Villars, entre ellas la siguiente carta dirigida por Fanny a Bolívar, fechada veinte años después, el 14 de mayo de 1826:

A su excelencia el general Bolívar.

Nuestro ahijado Simoncito Briffard, cuya educación me encargó U. que dirigiese y le hiciese digno de las bondades de U. para cuando U. estuviese en estado de llevarlo a su lado, debía haber partido con el coronel Narváez, para ir en busca de U., pero como no tenía dinero ni podía yo dárselo, se ha visto obligado a renunciar a una dicha de que es muy digno, la de ver a U. Nuestro ahijado es un excelente chico, guapo mozo; y le he hecho aprender el oficio de grabador en acero (lo que será muy útil en el país de U.). Habla su lengua con pureza y la escribe bien y tiene además buena letra; no tiene ningún defecto notable, y puede U. estar seguro de él como de U. mismo. Si U. lo necesita, apenas se lo diga U. y le mande con qué hacer el viaje, se pondrá en camino.

Fanny. Pero por supuesto que es apenas una conjetura difícil de comprobar, tanto como lo es de negar rotundamente.

 
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