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“Increíble que con tanta droga que metí, tenga una voz como la que tengo”

logotipo de Semana Semana 13/12/2016
Fredy Cardozo. © Cortesía: Hard Rock Fredy Cardozo.

Fredy Cardozo –un hombre de tez morena, sonrisa amable, pelo oscurísimo (que prefiere lucir con gel) y un tatuaje en su cuello con la figura de un micrófono- empezó a ‘meter’ basuco a los 18 años. No inmediatamente, pero sí muy pronto se volvió adicto y dejó sus estudios técnicos. “Fue la peor decisión que tomé en mi vida”, dice mirando el suelo, mientras recuerda cómo, desde ese momento, pasaron casi diez años en los que inició una lucha contra las drogas. Hoy Fredy ya no está en las calles, y no precisamente por una intervención divina, sino más bien porque el rock le salvó la vida.

Así como Fredy, 13 jóvenes más dejaron la indigencia, se acogieron a los programas del Idipron -la entidad que apoya a los niños y jóvenes que habitan la calle-, y a través de una iniciativa del Hard Rock Café Bogotá, crearon Fénix: el grupo musical que simboliza su ‘renacer’ personal y musical.

© Cortesía Hard Rock.

El 28 de mayo del año 2016 la policía desalojó el Bronx, la mítica ‘olla’ en forma de H que comprendía las calles 9 y 10 y la carrera 15 en el sector de los Mártires. Luego de 12 horas de forcejeo entre los uniformados y los habitantes de la cuadra, más de 3.000 personas salieron del aglutinamiento en busca de más expendios de droga, andenes para pernoctar o la ayuda del Idipron, que actualmente cuenta con albergues en distintas zonas de la ciudad para rehabilitar habitantes de calle.

Apenas unos meses después, en Oasis -la casa del Idipron ubicada en Puente Aranda- ocurrió uno de los acontecimientos más importantes en este proceso, pues un grupo de artistas, liderados y convocados por el Hard Rock Café Bogotá, dio un concierto que significaría, entre otras cosas, el inicio de la carrera musical y el verdadero cambio de vida de muchos de estos jóvenes.

Natalia Carreño, gerente del Hard Rock Café, cuenta que luego del concierto, al que convocó artistas como Bako de The Mills y Juan Felipe Samper, fue tan buena la acogida y la energía del público que decidieron armar unos talleres gratuitos para formar a estos jóvenes musicalmente. Ahora cuentan con doce profesores, convenios con el Idipron y la Universidad Sergio Arboleda, y ofrecen clases de técnica vocal, guitarra, bajo y batería. Además, el grupo que inició con tres integrantes, hoy tiene 14 y sigue creciendo.

Wendy Sarmiento, por ejemplo, es la más pequeña del grupo. Tiene 14 años, pero ha dejado claro que no le quedan grandes los escenarios. Aunque ella no fue habitante del Bronx, también llegó al Idipron por problemas con las drogas. En este momento se está rehabilitando y espera proyectarse a nivel profesional en el campo musical.

Otro de los ejemplos es el del mismo Fredy, quien luego de vivir en Oasis, asistir al concierto, ingresar a las clases con los profesores y hasta contactar a su familia biológica, obtuvo trabajo en el Hard Rock, se independizó y es uno de los vocalistas de Fénix, la banda con la que ensaya varias veces a la semana.

"Estoy contento porque siempre me había gustado cantar -dice Fredy- pero nunca lo había hecho en público. Recuerdo que mis profesores me decían que era increíble que con tanta droga que le había metido a mi cuerpo tuviera una voz como la que tengo. Eso me da ganas de seguir adelante”.

Y puede que la música haya sido determinante en el proceso de recuperación de estos jóvenes. De hecho, ellos mismos aseguran, casi al unísono, que sin las clases y la disciplina que adquirieron, la recuperación no habría sido la misma.

Sus profesores opinan lo mismo. Mariana Salazar, coach vocal que hace cuatro meses participa como profesora voluntaria en el proyecto, señala que “la música le brindó a los jóvenes muchas herramientas teóricas y de vida”, pues les enseñó a ser responsables, tener sentido de pertenencia y lo más importante: a ser felices.

Salazar, quien entrena a varios cantantes profesionales, dice que “los chicos desarrollan compromiso frente a ellos mismos y frente al grupo. Y yo, como profesora, también aprendí sobre igualdad porque tenía la tendencia de ‘pobretear’ a las personas y la verdad es que todos, y sobre todo ellos, tienen las mismas capacidades para lograr las cosas y salir adelante”.

Por su parte, el grupo de jóvenes continúa ‘guerreándola’, y no solo contra las drogas, sino contra los prejuicios de la sociedad. Por ahora, ya son cuatro, incluyendo a Fredy, los que asisten a las clases y trabajan en el café en diferentes tareas. El resto de los integrantes continúa apostándole a una vida artística con el objetivo de ‘volver a nacer’ o, en otras palabras, ser verdaderamente un fénix.

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