Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

A Gustavo Gómez le huelen mal algunos periodistas

logotipo de Kienyke Kienyke 01/02/2016

"Hablo de comunicadores que cobran por sus comentarios y opiniones".

Gustavo Gómez. Gustavo Gómez.

El periodista Gustavo Gómez Córdoba, director del programa ‘La Luciérnaga’, y una de las voces más respetadas de ‘Caracol’ y la radio del país, declara hoy que le huelen mal varios periodistas “que han errado el camino”. Hedor es la palabra que utiliza para sintetizar su opinión.

Lea también: Gustavo Gómez: “mi mejor amigo es mi mujer”

Admite que no pocas veces ha sido una especie de oveja negra del oficio al denunciar a algunos de sus colegas “que actúan de manera dolosa, tomando los atajos con que el lado oscuro nos tienta todos los días. Y no por soberbios, poco equilibrados o faltos de rigor, pues bebo también en las aguas de estos ‘pecados’”.

Gustavo Gómez no da nombres, “entre otras, porque muchos de estos casos los tengo comprobados, pero no documentados con el soporte legal necesario. Pero sé que son ciertos. Son el cáncer que se come la fe de la gente en los periodistas. Sus protagonistas son filibusteros y mercenarios que hay que empezar a ubicar, investigar y desenmascarar”.

En su habitual columna en ‘El Pais’ de Cali, Gómez señala este lunes que son periodistas que, gracias a los contactos de su fuente, montaron un negocio para trasladar procesos de delincuentes de un despacho judicial a otro.

“Hablo de periodistas que están comprometidos en los carruseles que logran el reintegro de miembros de la Fuerza Pública separados por corrupción, y les facilitan nuevamente acceso a puestos y recursos del Estado. Hablo de periodistas que se prestan para defender en las salas de redacción a sanguijuelas vinculadas con el mundo del paramilitarismo o las bandas criminales a cambio de quincenas paralelas.

“Hablo de periodistas que sirven a oscuros uniformados en la tarea de redactar anónimos para acabar con la reputación de quien ocupa el puesto que sueña tener quien les paga. Hablo de periodistas que tratan con familiaridad a guerrilleros, les dan consejos y hasta les ofrecen sus servicios para armarles documentales donde se atenúan sus delitos. Hablo de periodistas que cobran por sus comentarios y opiniones, feriándose cada tanto en el mercado espeluznante de la compraventa del honor.

“Hablo de estos periodistas con la esperanza de que pronto comencemos todos a hablar de ellos. Ultimátum: El periodismo es un oficio. No un blindaje”.

Observa Gustavo Gómez que los periodistas somos pésimos para mirarnos al ombligo. Criticarnos, aún en elementales cuestiones de enfoque del ejercicio profesional, es un tabú. Mucho menos atrevernos a poner en tela de juicio la honestidad de nuestros pares. Supongo que pasa lo mismo en otros gremios, porque no veo muchos economistas, odontólogos o ingenieros denunciándose. Pero sucede que uno de los principios rectores del periodismo es revelar. Y revelar es una palabra que no puede confinarse la jaula de la solidaridad de cuerpo.

El periodista, la revelación de la radio en los últimos años, enfrentó el tema –dice- después de ver una película sobre periodistas, que le aburren (las películas).

“Cuando las veo, me siento como trabajando en mi tiempo libre. Hice una excepción con ‘Spotlight’ (‘En primera plana’), la cinta sobre cómo un grupo de periodistas de Boston se empeñó a fondo para develar los escándalos de pederastia de la Iglesia Católica.

La película me refrescó dos conceptos. El primero: monstruoso es que un sacerdote aproveche su condición para abusar de quienes confían en él y lo que representa; imperdonable que la Iglesia encubra a estos delincuentes. El segundo: los abusos y su posterior impunidad solo generan que se pierda la fe en una institución que precisamente gira alrededor de cultivarla.

“Sacerdotes, periodistas, instituciones, fe, credibilidad. Buen matrimonio de palabras. Los periodistas, en últimas, somos servidores públicos y la gente confía en nosotros. O confiaba, porque buena parte de la fe que la sociedad ha ido perdiendo en nosotros tiene un común denominador: mordemos, y duro, a quienes tuercen la ley, excepto si se trata de colegas.

Más de Kienyke

image beaconimage beaconimage beacon