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"A mi parcera"

logotipo de Revista Fucsia Revista Fucsia 23/04/2015

Lina Marulanda e Iván Lalind eran muy buenos amigos. © Colprensa Lina Marulanda e Iván Lalind eran muy buenos amigos.

“Estoy aquí frente a ustedes con una tarea muy difícil, pero que, irónicamente, me hace ver lo afortunado que soy. La verdad, quisiera no tener que estar haciendo esto, quisiera no tener que estar viviendo este momento, pero es la realidad. Nada qué hacer.

“Y digo que soy un afortunado. porque el 25 de diciembre del 2003, cuando llegué a Cali para el cubrimiento de la Feria en mi primer día de trabajo con Noticias Caracol, tuve la fortuna de caerle en gracia a Lina Marulanda. Eso no era nada fácil, pero hubo un clic inmediato. Ese día conocí a quien sería mi gran parcera, mi amiga, ¡mi favorita! Cuando llegué a Cali, teníamos consejo de redacción en el hotel, con la directora, y llegó semejante mujerón, con sus gafas como de diva, y con esa voz ronca y fuerte como ella, con carácter. Ese día nos hicimos amigos, ese día nos volvimos cómplices.

“Me di cuenta de que Lina era incondicional, me ayudó con todo lo que hay que hacer en ese corre corre de un cubrimiento especial. Desde ese día ‘La Flaca’ me dio la mano en todo. No sólo en el trabajo, en ¡todo! Por eso digo que soy un afortunado, por haber vivido muchos momentos a su lado, por haber compartido sus alegrías, sus tristezas, sus triunfos, sus amores, sus desamores, muchos cigarrillos, sus furias… gastamos tanta plata en mensajes de texto, éramos unos duros tecleando, tantos secretos nos guardamos, que fue una delicia. Por eso estoy acá.

“Que cantidad de interrogantes, de inquietudes, de contradicciones los que rondan por la mente. Yo voy a empezar con este: ¿por qué le estamos rindiendo tantos homenajes a Lina?, si muchos no la podían ni ver y muchos otros decidieron seguirle el juego de sus rabietas y su temperamento fuerte.

“Yo sí sé por qué. Por esa energía tan fuerte, porque era una apasionada, porque despertaba todo tipo de sentimientos, iba de un lado al otro, porque nunca fue tibia, porque siempre hizo lo que se le dio la gana. Porque era una chispa viviente. Cómo no vamos a despedirnos en grande de una persona que nunca pasó inadvertida para nadie. En los pasillos de Caracol creo que fueron pocos los que no tuvieron que ver con ella, así hubiera sido sólo para mirarla, para disfrutar de su belleza; otros disfrutamos de sus carcajadas, de su acelere, de sus chistes flojos, de su generosidad, de su baile y hasta de su mal genio, porque furiosa: ¡sí que se veía linda! Por eso tantas palabras, tantos recuerdos. 

Lina Marulanda se suicidó hace cinco años. © Colprensa Lina Marulanda se suicidó hace cinco años.

“Pero ya todas estas bellezas se dijeron en televisión, radio, prensa, Internet, en la calle, las oficinas, los buses, en todas partes. Cada uno a su estilo y desde su punto de vista. Afortunadamente, los papás de Lina han podido ver todo el amor que despertaba su hija.

“Tristemente se volvió todo un suceso por su forma de irse, Lina tenía muchas cosas en su cabeza y en su corazón, y sólo ella sabe qué la llevó a tomar esa decisión, aquí no sirve de nada entrar en detalles, más bien, es importante parar un rato y leer lo que hay entre líneas. Ver el verdadero tema que queda sobre la mesa:

“La depresión, con su impotencia, y la ignorancia de familiares y allegados de alguien que sufre de esta enfermedad, para hacer algo. El manejo médico y siquiátrico convencional basado sólo en antidepresivos y drogas fuertes que no funcionan bien en todos los organismos. ¿Cómo se maneja a alguien con depresión?, ¿a punta de pepas?, ¿en un manicomio? Decirlo es muy fácil, pero vivirlo y aceptarlo tiene que ser muy duro. Si existen organizaciones o fundaciones para ayudar con este tema, definitivamente, les falta difusión. Y aquí creo que tenemos un caballito de batalla, lo de Lina fue un campanazo. Tiene que haber formas de evitar finales tan dramáticos, de evitar tanto dolor.

“Rabia, sí. La siento muchas veces, porque no la volveré a ver y, ni qué pensar de lo que sentirán don Jaime –su papá–, Beatriz –su mamá–, Juan David, Mauricio y Paulina –sus hermanos–, Oñate –su último amor–, y todos sus amigos. Creo que sentir rabia es obvio, porque, ¿cómo nos privó tan de repente de su mirada de cómplice, de sus carcajadas, de una buena fiesta de whisky con Red Bull, de sus banalidades y barbaridades?

“Marielita, Marielita (así le decía yo), ahora, te mandamos todo el amor, toda la luz para que estés en paz”.

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