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El drama del taxista atropellado por conductor que se dio a la fuga

logotipo de Kienyke Kienyke 30/01/2015
© Kienyke

Hace 42 días el taxista Fabián Ospina fue atropellado por una lujosa camioneta en la localidad de Kennedy, conducida por dos personas que al parecer iban en estado de embriaguez.

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En su momento el hecho, registrado en cámaras de seguridad, atrajo la indignación y el rechazo de muchos colombianos incluyendo a las autoridades. Pese a esto, pareciera que hoy se olvidaron de él; de su caso. (Vea aquí el video del accidente)

KienyKe.com visitó a Fabián en su casa, a las afueras de Bogotá, y pudo comprobar el drama que vive éste hombre y su familia.

Fabián, de 33 años de edad y quien se salvó de haber muerto en el violento accidente, tuvo importantes lesiones. El dictamen médico indicó que sufrió fractura de tibia y peroné, trauma de cadera, trauma craneoencefálico y múltiples laceraciones en su cuerpo. “Pero estoy vivo”, dice con una sonrisa.

Actualmente Fabián no se encuentra bien. Su pierna no quiere recuperarse, está sin plata y, según él, la dueña del carro pretende pagar el daño que le hizo con muy poco dinero, el cual dice Fabián, no alcanza ni para los medicamentos.

Triste recuerdo, sin recuerdos

Ese día Fabián, como era su rutina, trabajaba de noche. Entre los del gremio se llaman ‘nocheros’. El taxista llegó de afán al punto de la calle 34 sur con Avenida Primera de Mayo, en la localidad de Kennedy, al sur de Bogotá.

Ospina recuerda que estaba sin pasajero en el barrio El Amparo y aprovechó la cercanía para recoger una llanta que había mandado a arreglar y que días atrás se le había estallado. Llevaba dos días sin repuesto.

El joven detuvo el taxi -que maneja desde hace un par de años- en la bahía frente al montallantas. Eran las 2:56 de la madrugada. Se bajó, cruzó la calle, recogió la llanta y volvió a su carro para guardarla en el baúl.

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En ese momento, vuelve a recordar Fabián, mientras guardaba el repuesto escuchó el chillar de unas llantas y su reacción fue intentar mirar hacía donde venía aquel ruido. “Una luz me cegó y después no supe más”. Ahí se acabaron los recuerdos de Fabián.

El taxista no conserva en su memoria el fuerte golpe, ni los momentos siguientes a este. Volvió a tener conciencia al siguiente día cuando se vio con la pierna enyesada y acompañado por un par de extrañas: una enfermera y su esposa, a quien no reconoció.

Fabián, según los testigos del hecho, estuvo a punto de perder la vida. La cabeza del taxista fue golpeada, primero por la tapa del baúl de su propio carro, y luego, al ser empujado por la camioneta Ford Edge de placas RZM824, chocó brutalmente contra el filo del andén. Por dicho golpe fue que Fabián perdió el conocimiento instantáneamente.

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Lo que siguió en el sitio de los hechos Fabián no lo sabe por sí mismo. Se lo contó un amigo y colega, quien estaba a su lado al momento de los hechos, y también por el video de la cámara de seguridad que captó lo sucedido.

A Fabián le contaron los testigos, y se puede ver en el video, que después de que de él fue atropellado se bajaron de la camioneta dos personas, un hombre que vestía traje de corbata quien era el conductor, y una mujer.

Todos, tanto testigos como las dos personas que iban a bordo de la camioneta, pensaron que Fabián estaba muerto. Él no se movía, no respondía a los llamados de la gente y, por la herida que se le hizo en la cabeza y en la pierna, había mucha sangre a su alrededor.

También le contaron al taxista que la mujer, quien al parecer se llama Yudy Consuelo Delgado y quien sería la dueña del carro, aunque no lo tiene a su nombre, empezó a decirle a su compañero: “¡Está muerto!, vayámonos ¡ese tipo está muerto!, vayámonos”.

Así lo hicieron, mientras que los taxistas intentaban reanimar infructuosamente a Fabián. El conductor de la camioneta y la mujer, se subieron al carro y, llevándose por delante a los testigos, huyeron del lugar; tomaron la Avenida Primero de Mayo hacia el oriente.

Fabián, aunque no lo recuerda, fue reanimado por los paramédicos de la ambulancia que tardaron más de media hora en llegar.

Él recobró la conciencia al siguiente día. Aunque lleva cinco años viviendo con su actual esposa, al abrir lo ojos no la reconoció. Para él, todos eran unos extraños. A los familiares y amigos de Fabián les tocó esperar unas cuantas horas para que los recuerdos, poco a poco, volvieran a su mente.

El taxista se vio la pierna enyesada. Le dolía cada milímetro de su cuerpo, como si una aplanadora le hubiese pasado por encima. Esa apreciación no estaba lejos de la realidad.

El joven taxista no sabía dónde se encontraba ni mucho menos qué le había ocurrido. Cuando se lo contaron no lo podía creer. “Lloré y he llorado mil veces. Lloré de felicidad, por estar vivo; de rabia, también por impotencia; y muchas veces de tristeza…estar así o que le pase esto a uno no es fácil”.

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Fabián ha observado cientos de veces el video en el se evidencia la brutalidad con la que fue arrollado por el conductor de la camioneta, de quien dice la propietaria del vehículo, sin que muchos le crean, que es un conductor elegido que ella contrató para que la llevara a su casa después de beberse unos tragos.

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El actual drama de Fabián

La pierna izquierda de Fabián, después de 42 días, no se ve bien. No ha deshinchado, tiene un color oscuro y lo peor de todo es que, aunque la puede mover, no tiene sensibilidad en ella. “Me puedo golpear o quemar y no siento nada… eso me tiene preocupado, y lo peor de todo es que no he tenido plata para ir a la clínica a que me revisen. He perdido varias citas por no tener dinero para movilizarme. Un taxi de aquí a Bogotá vale 45 mil pesos, y con la de vuelta serían 90 mil, los cuales no tengo”.

Fabián vive con su esposa y su suegra en el primer piso de una vivienda por el que pagan arriendo. Los tres costeaban con los gastos básicos de la casa, entre los que se cuentan el arrendamiento, los servicios públicos y la alimentación.

Como el trabajo de Fabián es informal, no cuenta, obviamente, ni con seguro médico, ni mucho menos con una incapacidad que le permita generar ingresos mientras está enfermo. “En este trabajo si no se está frente al volante recogiendo pasajeros no hay dinero”

Por tal razón, desde que Fabián sufrió el accidente no ha podido generar ingresos. Dejó de aportar en la casa. Su esposa, quien también trabajaba, tuvo que dejarlo de hacer para atender a su esposo a quien le dieron de alta el pasado 23 de diciembre.

Varios colegas y amigos del taxista reunieron dinero y le entregaron a Fabián dos millones y medio al salir de la clínica, pero ese dinero, con todos los gastos médicos y de transporte, a los pocos días se acabó.

“Solo las inyecciones que me tocaba ponerme, para la circulación de la sangre en la pierna, valían 150 mil pesos”, cuenta Fabián.

“Estar enfermo, sin dinero y con obligaciones es lo peor. Usted no sabe cómo se siente uno… muy mal”, narra el taxista.

Fabián cuenta que una de las cosas más tristes que vivió tras ser atropellado fue no poder darle regalos de navidad a sus hijas, dos niñas de 12 y 5 años que tuvo con su primera esposa.

“El 24 y el 31 fueron días durísimos para mí”, narra Fabián mientras recuerda que el 24, un día después de haber salido de la clínica, mientras todos estaban celebrando la llegada de la Navidad, él se estaba revolcando y maldiciendo del intenso dolor que sentía en la pierna.

El dolor no se ha detenido. Aveces le duele mucho la pierna, otra veces la herida de la cabeza no lo deja en paz.

Medicina Legal le otorgó inicialmente una incapacidad medica de 35 días. En estos días tiene que ir de nuevo para la segunda valoración y ampliación de la incapacidad.

Fabián cree que durará al menos otros cuatro o cinco meses sin poder trabajar. No obstante Yudy, la dueña de la camioneta, le dijo -en un tono bastante humillante, según dice él-, que ella ya se había “asesorado del mejor médico del país y que en un mes ya debería estar trabajando” y que por tal razón ella “de buena gente”, le iba a dar cinco millones de pesos para dejar las cosas así y que no se fueran a un lío legal.

Fabian Ospina

“Cinco millones no alcanzan ni para cubrir los medicamentos que me falta por comprar”, dice Fabián, a quien le parece que la cifra ofrecida por la mujer es un insulto a lo que ella y su acompañante, quien también habría estado borracho, le ocasionaron.

“Mire, a mí me iba muy bien de taxista ‘nochero’. En la noche está la plata y a mi nunca me faltó trabajo. Fácilmente en un mes uno se puede sacar un sueldito de dos millones y algo más. No más solo en la temporada de diciembre a un taxista trabajador, como lo era yo, no le quedan menos de cuatro millones de pesos, y a mí esos dos borrachos se me tiraron la temporada. No más ese día, ya a las tres de la mañana, hora del accidente, llevaba hechos como 300 mil pesos”, contó Fabián mientras mostraba su indignación frente a la escasa plata que quiere darle la dueña de la camioneta, quien según versiones de taxistas, es comerciante de SanAndresito.

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“Yo no me quiero hacer millonario con este accidente, lo único que pido es que se haga justicia. Ellos me pudieron haber matado y se quieren reír de mí y de paso de la justicia con cinco millones de pesos. No es justo”, narra el taxista.

Según Fabián, cuando Yudy lo buscó para ofrecerle los cinco millones de pesos, le dijo también que era mejor que le recibiera aquel dinero, ya que la justicia no podía obligarla a pagar un monto específico, pues ella no iba conduciendo el carro.

Fabián indicó que la mujer le dijo también que si ella quería le pagaba lo que le indicara la justicia en cuotas de 50 mil pesos.

A la fecha, la justicia en el caso de Fabián, al parecer, no ha hecho nada. La mujer, al siguiente día del accidente, tal vez al verse descubierta en los videos que pasaron por los diferentes medios de comunicación, incluido KienyKe.com, se presentó ante las autoridades, aduciendo que el hombre que conducía el carro era un conductor elegido.

Hasta el momento no se ha llevado a cabo ninguna audiencia sobre el hecho. Fabián dice que aunque tiene miedo de que los involucrados en el accidente intenten económicamente manipular el caso a su favor. Pero él confía en que se haga lo que tiene se hacer: justicia.

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