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El papayazo innecesario de la pregunta del plebiscito

logotipo de Semana Semana 07/09/2016
La respuesta de Santos, quien dijo que " el presiendente tiene la facultad de redactar la pregunta que se le dé la gana", no fue bien recibida. Foto: Guillermo Torres © Semana La respuesta de Santos, quien dijo que " el presiendente tiene la facultad de redactar la pregunta que se le dé la gana", no fue bien recibida. Foto: Guillermo Torres

La formulación de la pregunta del plebiscito siempre había sido objeto de debate. Como el país está tan polarizado, las dos partes se tienen desconfianza y piensan que el otro les quiere meter un gol. Por eso tranquilizó una sentencia de la Corte Constitucional que entre otras cosas decía: “Para garantizar la libertad del elector, la pregunta no puede ser tendenciosa o equívoca, pues se debe evitar que la voluntad del ciudadano pueda ser manipulada o dirigida. Tampoco puede estar formulada de manera tal que induzca a la persona a una respuesta en un sentido específico”.

Bajo esos parámetros, quedaba en cabeza del gobierno la responsabilidad de formularla. El presidente Juan Manuel Santos finalmente la anunció la semana pasada en los siguientes términos: “¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”. Para los partidarios del Sí, esto no era más que una descripción neutral. Sin embargo, para los partidarios del No no podía ser más tendenciosa ni más alejada del espíritu que reflejó el pronunciamiento de la corte.

Ante la controversia creada, el gobierno se defendió al aclarar que lo único que había hecho era citar el nombre del acuerdo, que a la letra dice ‘Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera’. El problema es que no todo ciudadano de a pie conoce el título del acuerdo y puede interpretar la frase como la opinión del gobierno. Por eso la oposición alega que la pregunta es tendenciosa y manipuladora. En esta ni siquiera está mencionada la palabra Farc. Y en cuanto al nombre del acuerdo, más lógico hubiera sido, como afirma Armando Montenegro, que este se hubiera puesto entre comillas en la pregunta para evitar malentendidos.

A la fecha ya se han presentado varias demandas. El Centro Democrático no solo interpuso una tutela, sino que convocó a una tutelatón para que los colombianos presenten acciones de tutela contra la Presidencia. El fin es que se cambie la pregunta del plebiscito y se suspenda la votación hasta entonces.

Para el uribismo la frase es una burla a lo dispuesto por la Corte Constitucional. Así como cuando nació ese partido con el nombre de Puro Centro Democrático se comentaba que ni era puro, ni era centro, ni era democrático, los militantes de esa colectividad consideran que con el acuerdo de La Habana no va a haber paz, ni mucho menos “estable” y “duradera”.

Las cosas se complicaron aún más cuando el presidente, en su defensa, dijo la siguiente frase: “La Corte Constitucional me dio el mandato, le dio el mandato al gobierno. El presidente tiene la facultad de redactar la pregunta que se le dé la gana”. Esa fue una chispoteada innecesaria que se percibió como arrogancia, y será citada por los contradictores de Santos como la tercera salida de tono del presidente más ecuánime y mesurado que el país ha visto en los últimos años. Las otras serían “El tal paro nacional agrario no existe” y “(Las Farc) están preparadas para volver a la guerra urbana”.

La controversia sobre la pregunta es marginal frente a la importancia histórica del acuerdo de La Habana, una polémica innecesaria que el gobierno debió haber evitado. Era previsible que la oposición tuviera que reaccionar así. Hay muchas fórmulas alternativas de pregunta que hubieran enviado el mensaje necesario sin ofender a nadie. Por ejemplo: ‘¿Apoya usted el acuerdo firmado entre el gobierno y las Farc para la terminación del conflicto armado en Colombia?’.

Prácticamente ninguno de los colombianos que van a votar han leído el acuerdo pero ya saben cuáles son los sapos que se tienen que tragar: los guerrilleros no van a ir a la cárcel, podrán hacer política y no van a contar dónde tienen su plata. Dos terceras partes del país ya aceptan esas condiciones, y consideran que, como dijo Humberto de la Calle, no es un acuerdo perfecto pero es el mejor posible. Esa percepción no iba a ser cambiada ni a favor ni en contra por los términos utilizados en la pregunta del plebiscito. Por lo tanto no era necesario dar papaya.

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