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La siniestra estrategia de Jonathan

logotipo de Semana Semana 28/04/2015


El caso de Natalia Ponce de León estaría tomando un rumbo peligroso.

Esta semana se conoció el dictamen forense y de psiquiatría practicado a Jonathan Vega, el atacante que tiró ácido a la joven, y que sería la prueba reina de su abogado, Antonio González. El concepto describe a Vega como un adicto que empezó a consumir toda clase de sustancias desde muy joven y agrega un elemento hasta ahora desconocido: “Con respecto al día de los hechos, el paciente manifiesta que ese día consumió heroína, estaba presentando alucinaciones fuertes con varias personas, incluyendo a Natalia Ponce de León, pensaba que debía quitarse el resentimiento y daño que le hizo durante tantos años, debía sacarse el espíritu de ella o sus voces”.

En el examen se concluye que en el caso de Vega se cumplen los requisitos para la inimputabilidad, que se aplica cuando una persona no es consciente de sus actos y, por tanto, no puede ser juzgada por ellos. De ser así, Vega sería enviado a un centro psiquiátrico y el Estado tendría que pagarle el tratamiento. Sin embargo el abogado Jaime Granados, consultado por SEMANA, señaló que: “En el derecho penal el consumo de heroína no genera inimputabilidad. Sería gravísimo que en un caso como este, tomara carrera el argumento de que por consumir drogas, una persona pueda salir exonerada”. Además, agregó que el factor de la premeditación también se debe tener en cuenta. Es decir, la planeación del ataque: la compra de la sustancia química y la espera en la puerta del edificio llevan a pensar que no se trató de un acto espontáneo. La Fiscalía pide 35 años de cárcel para el atacante, y aunque se suponía que el juicio era el pasado martes se aplazó hasta el 19 de mayo. Natalia ya señaló que espera mirar a Vega a la cara y decirle: “Estoy bien”. PUEDE INTERESARTE: "Los ángeles", uno de los capítulos de "El renacimiento de Natalia Ponce"

¡Gracias, Natalia!

El 27 de marzo de 2014 a Natalia Ponce de León le sucedió una de las peores cosas que pueden ocurrirle a un ser humano. Esa tarde, un joven de su barrio usó un engaño para hacerla salir de su edificio y le lanzó un litro de ácido sulfúrico en la cara y el cuerpo. Los médicos que la atendieron le salvaron la vida y evitaron que quedara ciega, pero la sustancia quemó una tercera parte de su piel, penetró sus órganos y la desfiguró.

La tragedia apenas comenzaba, pues durante este año ha tenido que soportar 15 cirugías, innumerables terapias físicas y psicológicas y un trauma imborrable y someterse a un largo silencio que era apenas comprensible dado el tortuoso proceso de recuperación. A medida que los médicos intentaban reconstruir su rostro, ella fue reconstruyendo también el sentido de su vida, consciente de la nueva realidad que le había tocado vivir.

La historia de Natalia habría podido quedar así, en la intimidad, y esto no habría cambiado en nada el respeto que los colombianos sienten por ella, y la indignación y la solidaridad que el monstruoso acto dejó clavadas en el corazón de la sociedad. Pero para ella, al parecer, curar su propia alma no fue suficiente. Se propuso entonces pasar de ser una víctima de la infamia, un símbolo de la violencia contra la mujer, a ser una persona con capacidad de darle un mensaje al mundo. El mensaje de que la resiliencia es posible y de que ni las peores circunstancias pueden doblegar al ser humano.

La tragedia apenas comenzaba, pues durante este año ha tenido que soportar 15 cirugías, innumerables terapias físicas y psicológicas y un trauma imborrable y someterse a un largo silencio que era apenas comprensible dado el tortuoso proceso de recuperación. A medida que los médicos intentaban reconstruir su rostro, ella fue reconstruyendo también el sentido de su vida, consciente de la nueva realidad que le había tocado vivir.

EN FOTOS: El renacimiento de Natalia Ponce de León

La historia de Natalia habría podido quedar así, en la intimidad, y esto no habría cambiado en nada el respeto que los colombianos sienten por ella, y la indignación y la solidaridad que el monstruoso acto dejó clavadas en el corazón de la sociedad. Pero para ella, al parecer, curar su propia alma no fue suficiente. Se propuso entonces pasar de ser una víctima de la infamia, un símbolo de la violencia contra la mujer, a ser una persona con capacidad de darle un mensaje al mundo. El mensaje de que la resiliencia es posible y de que ni las peores circunstancias pueden doblegar al ser humano.

Fue así como el jueves pasado convocó una rueda de prensa en Bogotá y, en su primera aparición pública desde el crimen, con una máscara, un sombrero negro, una pashmina y una seguridad y una calma apabullantes, pronunció palabras que conmovieron a todos. “No siento odio”, dijo sin arandelas, ni sentimentalismos. Y añadió: “No es fácil salir (en público), pero me he tomado la valentía para que se acabe esta tortura (…)”.

Durante el evento, que también sirvió para lanzar El renacimiento de Natalia Ponce de León, un libro de la periodista Martha Soto, Natalia habló por 40 minutos. Dijo que, al principio, al “verme sin cara” sintió una “tortura total”. “La parte más dura es cuando te ves destrozada, sin identidad”, dijo. Contó que poco a poco empezó a recuperarse y a entender que no solo tenía que seguir viviendo, sino luchar para que la vida que le quedaba fuera tolerable. “Entendí ¬–dijo– que el cuerpo es algo prestado que no dura para siempre y que no hay que preocuparse tanto por eso”. Que su recuperación ha sido sobre todo un proceso espiritual y mental se nota en cada una de sus palabras. Y a la pregunta de si había perdonado a Jonathan Vega, el hombre que la atacó, respondió que “no se trata de perdonar, sino de no sentir odio ni resentimiento porque eso acaba a cualquiera”.

Desde el día en que le arrojaron ácido a Natalia, hasta hoy 33 colombianos han sido víctimas de la misma agresión. El país posee en la actualidad, después de India y Pakistán, el penoso tercer lugar en el escalafón de naciones donde se registran más ataques con líquidos inflamables contra personas.

Y la mayoría de las 923 víctimas desde 2005 en Colombia son mujeres. Todas ellas saben que no se trata de una simple agresión, sino de un acto misógino, de odio, que golpea el corazón de su feminidad. Muchas mujeres nunca se recuperan emocionalmente de estos terribles ataques, a lo mejor porque la sociedad les da la espalda. Por eso Natalia Ponce dice que dedicará todos sus esfuerzos a ayudar a quienes, como ella, han tenido la vida en vilo por el ácido.

Así, con su aparición pública, la joven le dio a Colombia una lección de valor, superación y reconciliación. En un país dominado por el resentimiento y la violencia, por la ley del Talión, donde cualquier pequeñez se da para que los odios se mantengan incluso por generaciones, ella encarna hoy un ejemplo de coraje. De que nada es irreparable. Natalia pasó de ser un motivo de compasión e indignación, a encarnar un símbolo de vida y esperanza. Uno de esos símbolos que este país necesita.

Fiscalía pide 35 años de prisión para Jonathan Vega

La opinión pública estaba a la expectativa porque Natalia Ponce de León hablaría por primera vez en el juicio que se adelanta contra su agresor, Jonathan Vega, el joven que la atacó brutalmente al rociarle una sustancia química corrosiva en el rostro.

Sin embargo, la defensa de Natalia dijo que la víctima no asistiría a la diligencia. Minutos más tarde la Fiscalía comenzó su exposición con una sentencia: pidió para el denominado ‘monstruo del Batán’ 35 años de prisión.

Ante un juez de conocimiento en el complejo judicial de Paloquemao, delegados del ente acusador pidieron esa condena contra Vega por haber atacado con ácido a Natalia Ponce en marzo del 2014 con absoluta premeditación. Planeó y ejecutó el ataque con ácido sulfúrico y comprometió el 35 % del cuerpo de la joven.

La fiscal del caso aseguró que cuenta con el acervo probatorio suficiente para para demostrar que el agresor era consciente de su actuación. Entre el cúmulo de pruebas están las facturas de compra del ácido, las quemaduras que sufrió Vega en el momento de mezclar el químico con pegamento y la huellas del recorrido del agresor desde cuando salió de su casa hasta la vivienda de Natalia. Todo quedó registrado en video.

Por su parte, el abogado Antonio Luis González, defensor de Vega, dijo que demostrará que su cliente presenta un trastorno mental denominado "esquizofrenia paranoico auditiva" lo cual, según él, lo hace inimputable.

Además, precisó que dentro de sus pruebas están los testimonios de un grupo de psiquiatras que trataron su supuesta enfermedad desde niño.

La audiencia fue aplazada para el 21 de abril por solicitud de la Fiscalía. Mientras tanto, Vega permanece privado de la libertad en la cárcel La Picota de Bogotá.

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