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La traumática visita a las fábricas de ropa en Camboya

logotipo de Semana Semana 24/01/2015

Tres jóvenes ‘fashionistas’ noruegos viajaron al Sudeste Asiático al lugar donde se fabrican las prendas que lucen. El resultado fue doloroso.

Noruega es uno de los países con mejor calidad de vida.  Foto: aftenposten.no © Semana Noruega es uno de los países con mejor calidad de vida. Foto: aftenposten.no

Como es normal en millones de jóvenes alrededor del mundo, estos tres muchachos disfrutaban de ir de compras, conseguir prendas baratas y lucirlas. Pero bastó con que visitaran las fábricas de la ropa que usan a diario para que su experiencia llegara incluso al llamar la atención del congreso de su país. Anniken, Frida y Ludwig son jóvenes noruegos de familias acomodadas que convirtieron la moda en su profesión a través de blogs.

Los tres blogueros hicieron parte de un experimento, más precisamente de un reality show llamado Sweatshop ('Moda barata de la muerte', según la propia traducción de los realizadores) que se emitió en el canal noruego Aftenposten. El programa causó tal conmoción que el tema llegó al parlamento noruego y el reality es visto alrededor del globo.

La idea del reality es sencilla: situar a estos tres jóvenes en el lugar donde se fabrican las prendas que ellos analizan y promocionan desde sus blogs. En su mayoría, prendas baratas fabricadas en talleres textiles del Sudeste Asiático. El experimento duró apenas un mes, pero ese tiempo bastó para que las vidas de estos jóvenes no volvieran a ser las mismas.

A las pocas horas de estar en la fábrica se derrumban. Poco a poco Anniken, Frida y Ludwig son sacudidos emocionalmente: empiezan a vivir como lo hacen los camboyanos, con las mismas condiciones laborales y salariales. A sus 17 años, por ejemplo, Anniken pasó de poder gastarse 600 euros al mes en ropa a tener que invertir los seis dólares que ganan en un día en comida: “Esa chaqueta sería el sueldo de un año”, confiesa. Su estilo de vida, sus valores, sus prioridades, su conciencia, todo, al parecer, se trastorna.

De hecho, cuando regresaron a Noruega, Anniken y Frida se convirtieron en activistas e incluso iniciaron una batalla contra Afterposten por no mostrar la situación de los trabajadores de la marca H&M. Su petición para que la empresa sueca mejorara las condiciones laborales llegó al parlamento de su país.

Este experimento social en forma de reality show no deja de ser un espectáculo y no ha estado exento de críticas. Sin embargo, demuestra que, a pesar de la información que medios y ONG difunden, no es suficiente. Es necesario vivirlo en carne propia. Porque verlo o leerlo, apenas llega a considerarse parte de la imaginación. Pero es la realidad.

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