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Las cinco conductas tóxicas para relacionarse

logotipo de Semana Semana 28/11/2016

Las emociones son el barómetro del estado de ánimo de una persona, pero no solo eso. Por una parte influyen en el bienestar físico y mental de cada individuo, y por otra determinan las relaciones interpersonales.

Psicólogos, psiquiatras y médicos las clasifican en dos grupos: positivas y negativas. Las negativas, dicen, tienen un poder tóxico que puede dañar cualquier vínculo, ya sea afectivo, familiar o laboral.

Ralph Ryback, doctor en medicina que ha enseñado en varias instituciones como la Escuela de Medicina de Harvard, en Estados Unidos, afirma que hay cinco emociones recurrentes y tóxicas que dañan las relaciones.

Y aunque son rasgos de personalidad comunes, en ocasiones resulta difícil descifrarlas porque están escondidas detrás de los rostros de personas que parecen ser amables y tenerlo todo, buena familia, excelente formación académica y profesional, pero como dice el adagio popular, “caras vemos, corazones no sabemos”.

Por eso es muy importante que la gente aprenda a reconocer las emociones negativas que derivan en relaciones y amistades tóxicas, para así poder navegar sobre esas aguas turbias.

Estas son las cinco conductas más nocivas según Ryback:

1. Los criticones

Ser blanco de críticas es algo muy común en cualquier relación. Aunque en algunos casos son justificadas, el problema es cuando son destructivas y uno de los implicados se convierte en una especie de juez que evalúa cada acción del otro. Ryback dice que es muy común ver a una persona criticona preguntándole a otra: ¿Por qué siempre haces las cosas así? ¿Te vas a poner eso para salir?, y la lista es aún más larga. Esto deriva en que el que recibe las críticas se sienta humillado y vea afectada su autoestima.

Según Ryback, las personas criticonas no insultan a sus interlocutores sino que los ofenden al denigrar de sus creencias, su apariencia y sus pensamientos. Por lo general esto ocurre cuando el criticón tiene baja autoestima y quiere controlar todo. En lugar de hacer comentarios para que la otra persona mejore, lo que hacen es destruirla de a pocos con críticas.

2. Los pasivo-agresivos

Este es uno de los rasgos más tóxicos para una relación, pues es muy difícil saber qué mensaje quiere transmitir esa persona que se muestra tan ambigua en sus actitudes. Ryback dice que cuando uno de los dos dice estar bien a pesar de que sufre maltrato o malos ratos, la comunicación se rompe y puede haber problemas porque el otro no sabe cómo leer esos mensajes ocultos.

Esto se convierte en una bola de nieve que en algún momento revienta. “Si alguien no puede comunicarse de manera franca y directa, y usa el sarcasmo como mecanismo de defensa, envía mensajes difusos y actúa como si nada malo pasara a pesar de mostrar gestos de rabia y descontento, se trata de un comportamiento pasivo-agresivo”, dice el autor.

En el ambiente laboral también se observa con frecuencia esta conducta, pues hay empleados que son negativos, malhumorados, resentidos, les gusta demorar los procesos y se les olvida hacer las cosas por esa mala vibra. Además suelen llegar tarde a su puesto y son ineficientes de manera intencional. Esta conducta es, al final de cuentas, una forma de expresar una ira reprimida y es considerada por algunos expertos como un trastorno mental que puede generar graves conflictos en las relaciones.

3. Los narcisistas

Al igual que la conducta pasivo-agresiva, el narcisismo es visto como un desorden de personalidad que resulta sumamente tóxico. Estas personas siempre buscan ser el centro de atención y tienen una actitud competitiva ante cualquier circunstancia. El hecho de que se sientan únicos y sabelotodo los hace menos empáticos. Por eso es muy común que en una relación sean conflictivos y aguafiestas. Los narcisistas suelen ser hipersensibles y cuando se sienten heridos o rechazados quieren destruir todo lo que esté a su paso para satisfacer su interés personal. “Es normal que arruinen las ocasiones especiales como el cumpleaños o un logro profesional, pues no soportan ver que el otro está siendo reconocido y no hay lugar para que ellos alimenten su ego o puedan brillar como protagonistas”, explica Ryback.

4. Los de piedra

Estas son las personas que tienden a socializar poco con los demás, ocultan sus sentimientos y prefieren evadir las cosas. Por eso quienes se relacionan con ellos sienten que no les importan en realidad, pues sus actitudes denotan frialdad. Esa falta de comunicación provoca emociones negativas y es una de las mayores barreras para construir una relación sana y duradera. Adicionalmente, dice Ryback, esto hace que surjan sentimientos de culpa, frustración y rencor en la otra persona. Aunque usar esta táctica puede ser muy útil en el mundo de la política, en otro tipo de relaciones afectivas no lo es. Puede ocasionar los mismos problemas de la conducta pasivo-agresiva.

5. Los antisociales

Este es otro de los rasgos tóxicos para una relación. Según la quinta edición del Manual de diagnóstico de trastornos mentales (DSM-5), quienes son antisociales pueden definirse también como sociópatas. Si bien esto resulta en su mayoría de condiciones sociales difíciles durante la etapa de crianza, como abuso infantil o violencia intrafamiliar, según algunos expertos puede influir no solo el entorno en el que hayan crecido sino también algunos detalles congénitos. La conducta también está asociada con la psicopatía, pues muchos dejan de sentir remordimiento o empatía por los demás. Por esa razón cometen todo tipo de abusos y atropellos contra los demás.

Esta es la conducta más peligrosa, pues según Ryback los antisociales tienden a ser camaleónicos y manipuladores. Además tienen una gran habilidad para mentir y seducir a sus víctimas. Son, en resumen, depredadores listos para cazar a su presa. “El amor de un psicópata es su preocupación por tener el control, sentirse adulados y empoderados, pero todo eso está bajo su coraza”, dice el autor. Por eso detectarlos a tiempo es fundamental para evitar tragedias.

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