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Padre de la niña desaparecida tiene 24 hijos más

logotipo de Semana Semana 02/02/2017

El lunes 30 de enero el caos se apoderó de la troncal de la Caracas en la estación Flores de Transmilenio. Por más de tres horas y en plena hora pico, los articulados que transitaban de sur a norte no se movieron un milímetro. Abajo en la vía y detrás de los carteles un grupo de 20 personas evidenciaba un drama familiar sin precedentes: el bloqueo esta vez era para presionar la búsqueda de una niña de 14 años.

Alcides Contreras © Semana Alcides Contreras

La interrupción de la vía estaba encabezada por Alcides Contreras y su excompañera sentimental, Lucila Maldonado. Los dos, a pesar de estar separados, se unieron junto a otros familiares para cerrar la vía y exigir a la Policía Nacional atención para que se intensificará la búsqueda a su hija.

Los dos padres también coincidían en que la adolescente había sido raptada el 20 de enero cuando su padre la dejó en la estación y le pidió que se fuera para la casa tras haberlo acompañado al médico. Por eso no dudaron en arengar “liberen a Luci, liberen a Luci”, gritaban ante la mirada de los usuarios.

Las autoridades iniciaron una búsqueda sin precedentes que terminó el miércoles a las 8:15 a. m. cuando desde la Alcaldía reportaron que la menor había sido encontrada deambulando en el centro de Bogotá. Con el hallazgo muchos dieron cerrada esta historia, pero detrás hay una historia que nadie conocía.

El caso de la niña

El caso de Lucila puede ser similar al de muchos menores que nacen en familias disfuncionales y que reciben poca atención. Lucila es una niña retraída y con malas notas en el colegio, que vivió con su padre hasta diciembre del 2015, cuando el ICBF intervino y la llevó a un lugar de paso al considerar que existía negligencia en su cuidado. La menor no asistía con frecuencia a clases, no estaba bien alimentada y permanecía sucia.

Lucila estuvo 10 meses en bajo el cuidado del ICBF, entidad que se encargó del reestablecimiento de sus derechos y la ubicó en un centro educativo con el fin de que no perdiera el año lectivo. Con 14 años no ha terminado la primaria. Durante el tiempo que permaneció en la institución, la niña recibió la visita de sus padres, especialmente de la madre, que regresó del departamento de Santander donde trabajaba.

Un proceso terapéutico fortaleció la maltrecha relación entre madre e hija y ayudó a que Lucila regresara en octubre del 2016 a la casa materna en el barrio Arbolizadora Alta, en el sur de Bogotá. Allí permaneció hasta el 20 de enero cuando desapareció y se inició la búsqueda, que incluso llevó a los investigadores de la Policía hasta la casa de una tía que negó conocer de su paradero.

La familia no se explica lo ocurrido y a pesar de los hechos mantienen la hipótesis del rapto y de que la niña estuvo “sobreprotegida en el sentido de que no tuviera novio (...) mi mamá y mi hermana viven bien, ella tiene televisor y tablet”, fue lo que dijo Dominic, su hermano de 21 años.

Cuando Lucila fue hallada tenía la misma ropa con la que desapareció. Hablaba poco. De inmediato el caso fue reportado al Instituto de Bienestar Familiar que inició el proceso de restablecimiento de sus derechos y atención médica. La propia Lucila les dijo a los encargados de su búsqueda que no dejó la casa por agresiones de la familia. También entregó tres versiones por su desaparición, declaraciones que ahora son parte de la investigación.

Padre de 25 hijos

La historia de la desaparición no deja de sorprender luego de que se conoció que Alcides Contreras, padre de la niña, tiene 25 hijos y según sus familiares, no ha reconocido a tres más. Este hecho podría ser parte de la razón para que la niña no tuviera la atención requerida.

Contreras, de 55 años, es un hombre trabajador que a lo largo de su vida se dedicó al comercio informal en Bogotá, Cúcuta y otras ciudades del país, incluso en Venezuela, en donde transportó papaya en un camión. Bajo una barba escasa y las arrugas propias de la edad, se esconde un conquistador empedernido que lo llevó a tener al menos nueve mujeres con las cuales mantuvo relaciones sentimentales que terminaron en una extensa prole repartida por varios departamentos.

Su hijo Dominc asegura que su padre les ayuda a todos los hermanos menores con una pequeña cuota en dinero que recibe gracias a su trabajo como administrador de un parqueadero, tres puestos de golosinas y el auxilio económico de los hijos mayores. “Mi papá ha sido responsable, de lo poquito que recibe, a todos nos da”.

En el ICBF Bogotá dan fe de que el padre ha cumplido con una pequeña cuota para la manutención de Lucila y sus hermanos menores, pero rechazan que esa decisión de vida sea buena para para darles calidad de vida a los hijos. “Esta es una situación compleja... desde el instituto hay que hacer un llamado a la responsabilidad de los padres cuando deciden tener hijos, deben tener la seguridad de garantizarles su cuidado”, reclama la directora regional, Diana Arboleda.

La desaparición de la menor y la presión de la familia que los llevó a bloquear el principal sistema de transporte podría tener consecuencias para el padre y los familiares. El ICBF tendrá que establecer la responsabilidad de los progenitores y si puede existir alguna acción penal. El cierre de la vía de Transmilenio también le podría acarrear una sanción a la familia a la luz del nuevo código de Policía.

Mientras se toman las decisiones del caso, la familia y los dos padres preparan una bienvenida con globos en el parqueadero que administra Alcides en Chapinero, una fiesta que tendrá que esperar porque por ahora el ICBF no piensa entregar a la menor.

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