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Padre e hija divididos por el Sí y el No en el plebiscito

logotipo de Semana Semana 09/09/2016

La última ocasión en que Angelino Garzón y su hija Ángela Garzón se encontraron fue en un matrimonio. No era una boda cualquiera, se trataba de la unión de uno de los mejores amigos del hoy ex vicepresidente, una cita a la cual la familia no podía negarse.

A pesar de que el matrimonio estaba animado, ese día apareció entre la comida y el postre el tema que a los dos los apasiona y a la vez los mantiene en orillas opuestas, el plebiscito para refrendar el acuerdo final alcanzado en La Habana.

No era la primera vez que los dos hablaban de este espinoso tema. Ángela y su padre conversan todos los días por teléfono para saber cómo están de salud, qué novedades hay en sus casas y, luego de otras preguntas de rigor, reservan unos minutos para entregar sus argumentos en favor o en contra del plebiscito.

La votación por el Sí o el No tiene a Angelino y Ángela Garzón divididos y con la agenda copada, pues los dos decidieron ponerse camisetas distintas para la votación del 2 de octubre. Angelino, fiel a sus convicciones de izquierda no armada, apoya el Sí y hace campaña con sus propios recursos. Por su parte, Ángela lleva el timón en la campaña del Centro Democrático por el No en Bogotá.

La campaña por el Sí

El trabajo por la paz del ex vicepresidente no es nuevo. A lo largo de su carrera como sindicalista y político, que incluso lo llevó a ser embajador en Ginebra (Suiza) ante las Naciones Unidas, y luego durante cuatro años el segundo a bordo en el primer gobierno de Juan Manuel Santos, ha puesto como prioridad los derechos humanos y el diálogo para alcanzar la paz.

El también exgobernador del Valle del Cauca está jugado por el Sí y entregado a la campaña. En su cuenta de Twitter ha expresado en varias oportunidades su apoyo. “Siempre he sido un hombre amante de la paz y del camino sin odios y sin violencia”, le dijo a Semana.com.

Tras perder la Alcaldía de Cali, en enero Angelino puso en marcha su campaña por el Sí: asiste a foros, dicta charlas. Este 29 de septiembre espera reunir al presidente Santos con al menos de 500 personas en un hotel en Cali para estimular la participación. Para él es claro que “es mejor tener guerrilleros hablando que disparando”.

La apuesta por el No

En el otro lado de la moneda está la concejala Ángela Garzón, una filósofa descreída de las FARC y que considera que esa organización no ha hecho más que mentirle al país. Aunque lleva tan sólo nueve meses en el cabildo, ha liderado varias propuestas para la ciudad, entre ellas, la que aumentará el presupuesto para la atención de la tercera edad.

Ahora sus esfuerzos están encaminados a que los bogotanos voten por el No. Ella fue la que lideró la carta enviada al alcalde Enrique Peñalosa para que su administración no utilice los recursos del erario en la campaña por el Sí. Además, solicitó que el alcalde y sus funcionarios no coaccionen el voto.

Es ella la que organiza las reuniones en las que junto con los otros cinco concejales y los representantes a la Cámara por Bogotá, buscan el voto negativo. Esta semana lideró un plantón frente al Club el Nogal, un lugar tristemente emblemático en el que las FARC instalaron una bomba el 7 de febrero del 2003.

Esta mujer, que dice que aterrizó en las huestes uribistas por convicción, tiene dos razones poderosas para no creer en esa guerrilla. “Mi papá, a pesar de ser de izquierda, fue amenazado por las FARC (…) y dos… conozco de primera mano cómo esa organización ha incumplido acuerdos”.

Contrario a lo que podría pensarse, el plebiscito no los ha distanciado y el cariño de padre e hija se mantiene intacto. “Hay total tranquilidad y respeto a la diferencia”, dice Angelino. “No nos hemos podido convencer el uno al otro, pero nos respetamos”, resalta Ángela.

Los dos se profesan admiración. Angelino dice que le enseñó que es necesario acatar la diferencia, una conducta heredada de su madre, quien fue una conservadora a ultranza de la que aprendió todo y con la que tuvo diferencias por ser él un joven comunista.

Ángela señala que de su padre aprendió que debía “tomar sus propias decisiones, mi voto lo hago a conciencia”. El 2 de octubre se sabrá la suerte del plebiscito, pero sin importar el desenlace la relación de padre e hija quedará intacta pues, como aseguran ambos, la familia y los amigos no pueden separarse por una diferencia política.

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