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Palomino, el general en su laberinto

logotipo de Semana Semana 18/11/2015

En la parte de arriba a la derecha: patrullero Rubén Rozo, quien hace días, en un video, lanzó arengas contra el gobierno nacional. En la parte de abajo: Coronel Reinaldo Gómez, quien acusó a Palomino de acoso sexual.  Foto: Archivo particular En la parte de arriba a la derecha: patrullero Rubén Rozo, quien hace días, en un video, lanzó arengas contra el gobierno nacional. En la parte de abajo: Coronel Reinaldo Gómez, quien acusó a Palomino de acoso sexual. Foto: Archivo particular

Los buenos resultados de una de las instituciones más importantes del país se han visto opacados por una serie de escándalos recientes. Denuncian hasta maltratos por parte del director. ¿Qué hay detrás?

La Policía vive una gran ironía. Atraviesa por un buen momento con algunos de los mejores resultados en seguridad de las últimas tres décadas. Sin embargo, esto está quedando en un segundo plano por cuenta de una serie de escándalos que tiene desconcertada a la opinión pública y bastante agitado el ambiente en esa institución.

El hecho más reciente ocurrió la semana pasada por cuenta de un video que se envió por redes sociales y terminó en los titulares de todos los medios. No era para menos. Más que el contenido mismo del video, lo que causó una fuerte impresión fue que en las imágenes se veía al patrullero Rubén Rozo y detrás de él otros siete uniformados con los rostros cubiertos con pasamontañas.

Durante varios minutos el policía se fue lanza en ristre contra su institución, por temas relacionados con ascensos, subsidios y se quejó de que aunque lleva 19 años en la Policía nunca ha sido ascendido de grado, aunque él mismo se ha negado varias veces a presentar los exámenes de ascenso. Por encima de esto ver policías encapuchados haciendo denuncias fue ver una imagen impactante.

Este episodio ocurrió pocos días después de otro que tuvo como protagonista al propio director de esa institución, el general Rodolfo Palomino. En La F.m., el teniente coronel Reinaldo Gómez afirmó ser víctima de acoso laboral motivado, según él, porque supuestamente no accedió hace casi 20 años a insinuaciones de carácter sexual propuestas por el entonces teniente coronel Palomino. Para respaldar su explosiva declaración, Gómez reveló el audio de una grabación que sostuvo con el secretario general de la Policía, coronel Ciro Carvajal; el comandante del departamento de Cundinamarca, coronel Flavio Meza, y el secretario jurídico de la dirección general, mayor Jhon Quintero. En los fragmentos conocidos los oficiales le piden a Gómez desistir de su denuncia contra el director.

En medio del fragor del escándalo algunos oficiales retirados y activos aparecieron en los medios denunciando también presuntos abusos de poder e irregularidades que, según ellos, fueron la causa para ser retirados de manera injusta y arbitraria de la institución.

También se reveló que la Policía ha pagado miles de millones de pesos en indemnizaciones a uniformados que después de ser destituidos tuvieron que ser reincorporados. A eso se suman las constantes capturas de grupos de ellos que se han aliado con todo tipo de delincuentes, desde bandas criminales hasta redes que controlaban el negocio del microtráfico de drogas en diferentes ciudades.

Todos estos hechos dejan muchos interrogantes sobre lo que está pasando adentro de una institución que es crucial para la implementación de los acuerdos de paz. En todo esto hay algo de verdad, algunas mentiras y mucho de guerra sucia en el interior del organismo.

El caso Palomino

Poco después de que asumió la dirección de la Policía, hace más de dos años, Palomino impuso su propio estilo. La mayoría de los colombianos asocian al director como un hombre bonachón y simpático, lo cual explica por qué en las encuestas siempre ocupa el primer lugar de popularidad. Sin embargo, en la Policía su imagen es muy diferente.

Varios oficiales le confirmaron a Semana.com que el trato del director hacia ellos es extremadamente duro. “Sin ningún problema lo llama a uno y con palabras groseras y gritos le pega una vaciada por cualquier cosa. Que un ladrón se robó un celular y no ha sido capturado, que un tipo borracho mató a una persona porque no había un retén, o que un policía fue grabado chateando en una estación de Transmilenio. Por cualquiera de estas cosas uno se gana un regaño injusto y maluco”, dijo a este portal un alto oficial.

Esa forma de ‘apretar’, como lo llaman en la Policía, no ha caído bien. Pero más allá del estilo para conseguir resultados, Palomino adoptó una serie de medidas que tampoco fueron bien recibidas. Una de ellas fue la de comenzar a depurar las cifras que produce la Policía. “Hubo comandantes de departamento o municipios que bajaban las cifras, reportaban menos homicidios, robos, etcétera, con el fin de mejorar su desempeño. Cuando se le metió mano y se depuraron las estadísticas, eso quedó en evidencia, y desde cuando se corrigieron hoy las cifras son reales y permiten exigirles a los que no están haciendo bien su trabajo. Y eso es algo que no le gusta a todo el mundo”, explicó a Semana.com un oficial del área de estadística.

Uno de los problemas más graves que debió afrontar Palomino tenía que ver con las frecuentes denuncias de corrupción. Uniformados en diferentes lugares del país que tenían sus propias bandas dedicadas al hurto de automotores, atracos, venta de droga y alianzas con bandas criminales, entre otros, se convirtieron en un dolor de cabeza constante.

Gran parte de esa corrupción se originó en el crecimiento desordenado que empezó hace tres años en la Policía. En ese entonces el gobierno nacional anunció lo que se conoció como el ‘Plan 10.000’, que consistía en incrementar anualmente los efectivos de la institución en ese número. El afán de cumplir con esa cuota conllevó a la entrada de centenares de personas sin suficientes filtros. En poco tiempo empezaron los problemas y se disparó la corrupción. Por eso modificar los criterios de selección fue el primer correctivo. Sin embargo, la parte más compleja fue la de comenzar una depuración masiva de ese personal.

Entre agosto del 2013 y noviembre del 2015 más de 3.500 policías han sido retirados. De ellos la Dijín de la Policía y la Fiscalía han capturado a más de 1.600 por hacer parte de bandas criminales o estar involucrados directamente en diferentes delitos. Otros 1.600 han salido aplicando la facultad discrecional y fallos disciplinarios.

El carrusel de los reintegros y el hijo de Benitín

Entre esos destituidos están incluidos varios oficiales que salieron por delitos de corrupción y otros más graves como homicidio, secuestro o narcotráfico, algunos de los cuales han aparecido en las últimas semanas en los medios como víctimas de persecución.

Algunos de estos oficiales y suboficiales que han sido retirados encontraron una efectiva fórmula para regresar: instauran demandas solicitando su reintegro en diferentes tribunales, principalmente en Meta, Valle, Chocó y Cundinamarca, que sospechosamente han fallado en contra de la institución. Por esta vía muchos de los policías más cuestionados han sido reintegrados y han recibido millonarias indemnizaciones.

Semana.com fue testigo de cómo se pagan sumas que oscilan entre 100 millones y 300 millones de pesos a una red de abogados y algunos magistrados o auxiliares de despacho que garantizan los reintegros en la Policía y en las Fuerzas Militares. “Es una buena inversión para el que demanda. Usted cuadra con la oficina del magistrado que le toca su caso. Al cabo de un par de años gana el pleito en donde obligan a la Policía a pagarle una suma que puede rondar 500 millones y además lo reintegran”, explicó un exoficial que es abogado y realiza este tipo de transacciones desde un café en un conocido centro comercial del occidente de Bogotá.

Ese carrusel se ha transformado en un dolor de cabeza. El año pasado fue reintegrado un mayor que había sido retirado por trabajar para la mafia, fue capturado y pagó cinco años de cárcel en Estados Unidos. No obstante un tribunal ordenó a la Policía pagarle casi 400 millones y devolverlo a las filas. Un coronel que fue condenado por secuestro y estuvo tras las rejas también se vio beneficiado por ese carrusel de reintegros.

Hace poco otros dos oficiales de ese mismo rango, desvinculados por sus probados nexos con narcos, ganaron sus demandas en las que se ordenaba devolverlos a las filas e incluso con los grados de brigadier general, según ordenaron los fallos. En los últimos dos años se han presentado 986 demandas de este estilo, de las cuales 33 han sido falladas tan solo este año en contra de la Policía obligando a reincorporar a la institución a esas ‘manzanas podridas’.

Otros oficiales cuestionados habrían intentado acudir al lobby y sus buenos contactos para evitar salir, o incluso ser ascendidos. El caso más reciente es el de un coronel que fue piloto de la Policía y quien debido a actos de corrupción no fue llamado para curso a brigadier general.

Se trata del hijo de un exgeneral de la Policía que en la década de los años 90 era conocido como 'Benitín', alias que le fue asignado en su momento por los jefes del cartel de Cali, con el que tuvo probados vínculos. Aprovechando los contactos de su padre, el coronel logró que varios lobistas le consiguieran una cita con los más altos funcionarios del Gobierno para tratar de impedir su retiro de la Policía.

Pesca en río revuelto

Los escándalos de las últimas semanas se han dado en medio de todo este turbulento panorama. Y no son pocos los que han intentado pescar en ese río revuelto mezclando realidades con verdades a medias. En el caso del patrullero que apareció con un grupo de encapuchados parte de sus reclamos tiene algo de cierto.

Por falta de presupuesto, desde hace casi dos décadas no ha sido posible que la Nación gire los recursos necesarios para poder ascender y pagar los sueldos de quienes conforman el llamado nivel ejecutivo en la Policía, que esencialmente son la base de la institución.

El tema de la denuncia, por supuesto acoso sexual, contra Palomino ha dejado una extraña sensación y algunas preguntas sin responder. No muchos comprenden por qué el teniente coronel Gómez sólo denunció ahora hechos que presuntamente ocurrieron hace casi dos décadas. Tampoco por qué el oficial no ha contado que pidió a la dirección de la Policía ser enviado en comisión a España para acompañar a su hijo Sebastián, quien es un torero conocido en el medio como el 'Bogotano' y quien está inscrito en una academia de tauromaquia en ese país. Curiosamente la denuncia ocurre cuando le notifican que no le asignaron el viaje que pedía.

Ahora, en ese episodio, Palomino queda mal parado ya que tres de sus oficiales más cercanos intentaron presionar a Gómez para que no insistiera en su denuncia en los medios. Esos hechos prácticamente marcaron el final de la carrera de los coroneles Ciro Carvajal y Flavio Meza, quienes adelantan curso para ascender a brigadier general, algo que probablemente ya no ocurrirá. No sólo por la indebida presión, sino por el hecho de que este último oficial afirmó en la grabación que la elección de los generales en la Policía se maneja “como una mafia”.

No pocos le critican a Palomino que la mano dura que implementó al ordenar investigar al patrullero del video no la aplicó en casos como el de su ayudante el capitán John Lasso, reasignado a un cargo administrativo en la dirección de la Policía, o en el de su hermano el coronel José Luis Palomino, enviado en comisión a Argentina a pesar de que los dos oficiales tienen denuncias en su contra.

Sin embargo, más allá de los casos de corrupción, a nivel del Ministerio de Defensa y del alto gobierno existe una seria sospecha de que detrás de lo que está ocurriendo hay fuerzas oscuras. “Es posible que esto (las denuncias contra Palomino) tenga más que ver con la lucha por el poder que con la lucha por la verdad”, dijo recientemente en entrevista con SEMANA el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas.

Detrás de este cruce de denuncias públicas también hay una lluvia de anónimos y desinformación de todo tipo que ha inundado los medios de comunicación. La apuesta de quienes están detrás de esto, oficiales activos y retirados, consiste en generar un caos que presione un cambio en la cúpula de la Policía. 

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