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Batacazo mundial de Alemania

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 01/12/2022 Diego Torres
Los jugadores de Alemania se despiden de la afición después del partido ante Costa Rica este jueves. © Martin Meissner (AP) Los jugadores de Alemania se despiden de la afición después del partido ante Costa Rica este jueves.

El Mundial de Qatar, el más extraño del siglo, abrió la caja de los enigmas en el desierto de Jor, donde Alemania ganó su primer partido en la noche que quedó eliminada de rebote, consecuencia de la sucesión de accidentes que la condenaron ante Japón en su primer partido. La Copa del Mundo perdió así a la selección más triunfante del torneo después de Brasil, hundida en la fase de grupos por segunda edición consecutiva. Al desastre de Rusia en 2018 sucedió este otro fracaso, más cruel pero no menos injusto, con la modestísima Costa Rica de testigo.

El fútbol suele castigar la confusión entre deseos y realidades. Hansi Flick, el seleccionador alemán, creyó que tenía mejores jugadores de los que realmente tiene, pensó que Kimmich podía ser un líder y que Gündogan era prescindible mientras en el frente de ataque se agitara el mágico Musiala. Solo acertó con Musiala.

La coordinación divide a los profesionales del fútbol en dos familias. Aquellos que conducen la pelota sin ver lo que sucede a su alrededor, cosa que sería excesivo pedir a seres humanos provistos de buenas condiciones psicomotoras, y aquellos que mientras puntean la pelota con el pie van controlando visualmente a propios y extraños mientras se desplazan. Musiala pertenece al orden de los superdotados de la sinopsis neuronal. De otro modo, con solo 19 años y un cuerpo todavía en desarrollo, no sería capaz de hacer lo que repitió en Qatar. Acciones como la jugada que precedió al primer gol a Costa Rica, cuando mostró el balón a Campbell, Waston y Tejeda, los atrajo como un señuelo, y filtró el pase a Raum para que entrara como un cuchillo a servir el gol. Keylor no alcanzó a tocar el balón cabeceado por Gnabry y Alemania se descubrió en una tierra de promisión a los diez minutos del partido. Con un fenómeno del fútbol en sus filas, el marcador a favor frente a un rival que no exhibía mecanismos ofensivos afinados, y con España imponiéndose a Japón por 1-0 en su partido en Doha, circunstancia que la clasificaba automáticamente.

El estadio no se había llenado. El clima era más bien frío. En busca de emociones más fuertes, el personal hacía la ola. En el campo, los centrales centroamericanos, Waston, Duarte y Vargas, evacuaban balones obstinadamente, apoyados por todo un enjambre concebido para impedir que Alemania alcanzara posiciones claras de tiro. Solo Musiala, con controles que rompían líneas y voluntades, parecía capaz de avanzar con claridad. Un tiro suyo, desviado por Keylor, y una jugada en la que dejó solo a Goretzka —descoordinado en la finalización— sintetizaron la fatiga alemana. Costa Rica solo procuraba ataques con lanzamientos de los centrales y saques de portería. Sin efecto hasta que un pase de 70 metros de Oviedo pilló malparado a Raum ante Fuller. El carrilero se llevó el rechace de Rüdiger y su disparo a bocajarro fue oportunamente desviado por Neuer por encima del larguero. El incidente fue saludado apenas por un grupo de peregrinos costarricenses. “¡Sí se puede!”, gritaban.

Al regreso de los jugadores del descanso, con los reflectores encendidos otra vez, el campo se cubrió de una bruma extraña. La noticia de que Japón había empatado a España sembró de inquietud los banquillos y las gradas. Consciente de que ese resultado le obligaba a ganar al menos por 8-0, Flick tomó medidas inmediatamente y quitó a Gündogan para ingresar al punta Füllkrug. Como en la derrota ante Japón en la primera jornada, el movimiento privó a su equipo del único conductor competente. Devuelto Kimmich al mediocentro después de jugar toda la primera mitad en el lateral, Alemania se puso en manos del jugador del Bayern, que dio síntomas de nerviosismo desde que pisó Qatar y repitió ante Costa Rica los errores que desajustaron a su equipo frente a Japón. Kimmich llevaba dos minutos solo dirigiendo las operaciones cuando Tejeda le robó un balón y proyectó el contragolpe que él mismo concluyó en el 1-1.

El estallido de júbilo en la hinchada costarricense fue completo. Flick hacía cambios con desesperación. Desde Doha anunciaron que Japón se había adelantado 2-1 cuando Vargas hizo también el 2-1 en Jor. La carga desaforada de Alemania, los goles de Havertz y Füllkrug para adelantarse en el marcador 2-4, fueron gritos ahogados en el desierto. La victoria de Japón ante España convertía a la gran jaima de Jor en un sepulcro de héroes fallidos. Ninguna hazaña valía ya de nada, al cabo de una trayectoria que Alemania torció en la primera jornada, dejándose remontar un 1-0 por los felices japoneses, líderes inesperados del Grupo E.

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