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Quique Setién, cabeza de turco oficial del barcelonismo

Logotipo de El Confidencial El Confidencial 30/06/2020 Ulises Sánchez-Flor
Quique Setién, con mascarilla, baja del autobús del Barcelona. (Efe) © EFE Quique Setién, con mascarilla, baja del autobús del Barcelona. (Efe) Lo sencillo y lo cobarde para Messi y el núcleo duro del vestuario del Barcelona es señalar a Quique Setién y menospreciar a su ayudante, Eder Sarabia, para tapar su bajo rendimiento. Si se proponen hacerle la cama al cuerpo técnico, lo están consiguiendo. Si no hay un plan intenciondo detrás de esto, no les podría salir mejor. Lo están bordando. Si pretenden enviar un mensaje a Bartomeu para tomarse una revancha por el despido de Ernesto Valverde, como niños caprichoso y enrabietados, no pueden haber trazado una mejor estrategia. Setién es responsable de no dar con la tecla en el juego y que el Barça no tenga la identidad prometida. Pero es un error mayúsculo pretender engañar al personal y hacerle pensar que únicamente él ha perdido el liderato después del confinamiento.

Los jugadores no quieren asumir su cuota de responsabilidad en los pinchazos ante el Sevilla y el Celta. Piqué crea una cortina de humo con la que desviar la atención del pobre rendimiento e insinuar que los árbitros favorecen al Real Madrid. Messi y Luis Suárez (la parejita del mate) apuntan directamente a Setién y Sarabia con el menosprecio y ninguneo en las pausas de hidratación y las declaraciones del uruguayo en Vigo. Ningún capitán (Messi, Busquets, Piqué y Sergi Roberto) ha sido capaz de enviar un mensaje de apoyo y respeto para Setién.

Leo Messi se lleva las manos a la cabeza en el partido contra el Sevilla. (Efe) © Proporcionado por El Confidencial Leo Messi se lleva las manos a la cabeza en el partido contra el Sevilla. (Efe) Leo Messi se lleva las manos a la cabeza en el partido contra el Sevilla. (Efe)

Se han aprovechado de su debilidad para ponerle como cabeza de turco y justificarse ante ellos mismos como los menos culpables de la mala racha y el bajón competitivo. Después lo harán ante el presidente Josep María Bartomeu, al que traen de cabeza. Y finalmente esperarán que el ruido mediático se cargue al entrenador cántabro y socios y aficionados acepten que toda la culpa es de Quique Setién y un ayudante que no tiene el nivel para dirigirse a los jugadores. Bartomeu, según RAC1, se desplazó este lunes, a última hora, a casa de Quique Setién.

Setién, en un fuego cruzado

El problema no es solo Setién y su falta de liderazgo. Ni tan siquiera que el equipo carezca de una estructura sólida para aguantar los partidos y acabar pidiendo la hora en Vigo. Hay más problemas en el césped y en los despachos, pero lo fácil es hacerle pagar a Setién toda la factura si se produce el descalabro en la temporada. Los jugadores ya lo visualizan. Bartomeu está callado. A la espera de si es necesario entregar la cabeza de Setién antes o después de que en agosto llegue la Champions. El secretario técnico, Eric Abidal, está desaparecido desde que Messi le puso la cruz por declarar que había síntomas de relajación en la plantilla durante la etapa de Valverde.

Conviene recordar, aunque sea de sobra conocido, que Quique Setién no era la primera opción para sustituir a Ernesto Valverde. En la lista le antecedían Xavi, Koeman y hasta se planteó la opción de Pochettino. Aquí está la punta del iceberg. Setién no tiene el respaldo del club y mucho menos del vestuario, que le señala con descaro como un incapaz de gestionar un equipo y crear un estilo competitivo. Messi, con sus gestos, y Luis Suárez, con sus palabras, lo están devorando. Bartomeu no pone orden por la sencilla razón de que no conviene llevarle demasiado la contraria a Messi.

Piqué resopla en el partido contra el Mallorca. (Efe) © Proporcionado por El Confidencial Piqué resopla en el partido contra el Mallorca. (Efe) Piqué resopla en el partido contra el Mallorca. (Efe)

El Barcelona ha encontrado en Setién la persona a la que cargarle el muerto de todos los problemas. Los jugadores, sin autocrítica, no quieren hacerse responsables del mal juego y desde la directiva parecen hacer imposiciones. Como la presencia de los canteranos Riqui Puig y Ansu Fati. Porque entre los dirigentes azulgranas existe el convencimiento de que hay síntomas de una plantilla acomodada. En este choque y fuego cruzado entre los despachos y el césped se encuentra a mitad de camino Setién y el ingenuo de Eder Sarabia, que con toda su buena voluntad hace un trabajo que resulta desagradable por la poca sintonía que tiene con la plantilla.

Quique Setién se está quemando y cede con las dos partes. Lo que consigue es cometer más errores. Pone a Riqui Puig y Ansu Fati en el once contra el Celta y contenta a la directiva. Pero, a la vez, la enfada con la suplencia de Antoine Griezmann. Messi y compañía detectan la debilidad del entrenador, sin autoridad ni personalidad, y se lo están comiendo. Culpable. Para cargarse a Quique Setién no se les ha ocurrido otra cosa que apartarle la mirada a Eder Sarabia y de lo que no se están dando cuenta es del daño que ocasionan a la imagen del Barcelona.

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