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El descenso a los infiernos de la mayor promesa de la pelota vasca

Logotipo de El Confidencial El Confidencial 20/09/2017 José Mari Alonso
El pelotari Mikel Goñi (i), en un partido en su etapa profesional. © EC El pelotari Mikel Goñi (i), en un partido en su etapa profesional.

Mikel Goñi (Oronoz-Mugaire, Navarra, 1977) apenas pasó por el mundo aficionado de la pelota antes de dar el salto a la élite con 19 años. Su zurda de oro había impresionado durante su etapa de juvenil y pronto le hizo valedor de un contrato profesional. Muchos todavía recuerdan a día de hoy a aquel joven que rompía los frontones. “Va camino de ser el mas grande”, se escuchaba una y otra vez en unas gradas entusiasmadas con sus facultades. Incluso había quienes se atrevían a cometer la osadía de ver en él un digno sucesor del mito Retegui.

Pero quienes le recuerdan por sus hazañas deportivas son a día de hoy una minoría frente a una inmensa mayoría que le tiene en mente por sus nefastas actuaciones fuera y dentro de las canchas por cuestiones ligadas a su desordenada vida. Su afición a la noche y a la juerga truncó su prometedora carrera. Es sonada su aparición en agosto de 1999 en un festival de pelota en el frontón de Azcoitia (Guipuzcoa) en unas condiciones lamentables, lesionándose el tobillo. Es una de las muchas ocasiones en las que durante su trayectoria profesional pisó el frontón en un estado inadecuado, algunos de estos partidos televisados. Las canchas no fueron ajenas a sus malos hábitos y en más de una ocasión se le vio bajo los efectos del alcohol y con sobrepeso (llegó a pesar más de 110 kilos para su 1,85 de estatura).

A lo largo de su carrera, Mikel Goñi se ha acostumbrado a vivir en una ruleta rusa que alternaba descensos a los infiernos con ascensos a los cielos. Porque oportunidades ha tenido muchas. Gozó de vidas vetadas a cualquier otro pelotari, y no solo por empresas de segunda fila. Fue apartado de los campeonatos en varias ocasiones por la prestigiosa firma Aspe (la primera, en febrero de 2000 por un periodo de 24 días, hasta que se comprometió a acatar el plan de comportamiento interno), que luego le devolvía a las canchas en regresos muy esperados por el aficionado 'pelotazale'. Y es que su poder de convocatoria era innegable pese a sus hábitos de vida, lo que le llevó a tener una relación muy compleja y contradictoria con Aspe: en una ocasión, el médico de la empresa le impidió participar en un Manomanista por temor a que no pudiera superar el control 'antidoping'.

Ahora, aquel prometedor pelotari ha consumado su descenso definitivo a los infiernos al ser condenado a ocho años y tres meses de cárcel por delitos de amenazas, detención ilegal y lesiones.

El cóctel de la historia no deja ‘bote’, según refleja la sentencia del juzgado número 3 de lo penal de Pamplona. Secuestro y posterior traslado a un descampado con manos atadas a la espalda, un destornillador clavado por debajo de la uña del dedo índice derecho, un corte con el filo de una navaja en el dorso de la mano izquierda, amenazas de muerte físicas y telefónicas, 10.000 euros de cobro… En esta cancha ha jugado Goñi su último partido junto a su pareja de partido, siendo condenados como autores de dos delitos de detención ilegal (dos años y un mes por cada uno), un delito de amenazas condicionales (dos años y un mes) y un delito de lesiones con instrumento peligroso (dos años).

El partido se inició en septiembre de 2014 con el robo de una plantación de marihuana en la vivienda que Goñi había alquilado en el municipio navarro de Anocíbar-Odieta. A raíz de este hecho, dos meses después, el expelotari, el otro procesado y una tercera persona no identificada acudieron al domicilio de un hombre al que acusaron de esta sustracción, junto al propietario del piso y a la persona que puso en contacto al deportista con el arrendador. Este último acudió a la vivienda tras ser avisado previamente por su dueño, momento en el que los ahora condenados “le golpearon, procedieron a atarle las manos con una cuerda a la espalda y, en contra de su voluntad, lo subieron a un vehículo y trasladaron durante 30 minutos a un descampado cercano al río en Elizondo”, donde le “retuvieron mientras hablaban por teléfono dejándole después de un tiempo allí”. La víctima sufrió “inflamación del lado izquierdo de la cara y una herida incisa en la cabeza a consecuencia de los golpes”.

Al día siguiente, con la 'excusa' de comprobar los daños causados en un cristal de la vivienda, Goñi pidió al arrendador que acudiera al piso. A su llegada, las mismas tres personas que protagonizaron la agresión la noche anterior le exigieron la entrega de 10.000 euros mientras le decían: “Te voy a matar, hijo de puta, me cago en tus muertos, o me traes mañana a las 12:00 los 10.000 euros o tú, tu familia y amistades corréis peligro… Venga, hijo de puta, ya puedes traer los 10.000 euros a las 12 o mañana te mando a los de Irún, que esos te van a cortar la pierna”. La sentencia refleja que para “conseguir amedrentarle” para que entregara el dinero, Goñi “le clavó un destornillador por debajo de la uña del dedo índice derecho y le realizó un corte con el filo de una navaja en el dorso de la mano izquierda”, mientras el otro condenado "observaba" los hechos. A consecuencia de la agresión, la víctima “sufrió lesiones consistentes en hematoma subungueal circular de 0,5 centímetros en dedo mano derecha y herida en dorso mano izquierda, que requirió tratamiento médico para su curación, tardando 12 días en curar y resultando como secuela una cicatriz de dos centímetros de longitud en dorso de mano izquierda”.

Las agresiones y coacciones se prolongaron durante cinco horas. A la mañana siguiente, el propietario de la vivienda alquilada por Goñi entregó la cantidad exigida, que reunió gracias a que su hermano le facilitó 6.000 euros por “miedo a que le hicieran daño”. Dos semanas después del pago, recibió un SMS desde el teléfono del expelotari en el que se le advertía: “Oye chaval, deja de jugar por las buenas”, según el relato recogido en la sentencia, que puede ser recurrida ante la Audiencia de Navarra. Por estos hechos, el Ministerio Fiscal había reclamado 12 años de cárcel para cada uno de los dos acusados.

Durante la vista oral, celebrada el 3 de abril, el exdelantero de Aspe negó todos los hechos. Aseguró que fueron “tres gitanos de Irún” quienes reclamaron la plantación de marihuana a los demandantes y que su actuación se limitó a “mediar” en “esa movida”. La jueza rechaza la versión de Goñi y su compañero, que además han sido condenados a indemnizar al dueño de la vivienda alquilada por el expelotari con 10.000 euros por la cantidad obtenida del mismo, 420 por los días de curación de las heridas y 900 por la secuela.

La condena supone el tanto definitivo en contra de quien ha sido uno de los deportistas más mediáticos de la pelota vasca, cuya fama se extendió a la televisión con su participación en el programa de aventuras ‘El conquistador del fin del mundo’ de la televisión pública EiTB. Su fuerte carácter, que ya le había llevado a protagonizar varios incidentes durante su etapa profesional, provocó enfrentamientos con concursantes y también con la dirección del 'reality'.

Goñi dejó la pelota con un único título en sus manos, el Cuatro y Medio Navarro. También logró el subcampeonato en el Manomanista de Segunda y el de Parejas de 1996. Corto palmarés para un pelotari que estaba llamado a marcar una época en sus inicios por su enorme talento. Por eso, muchos aficionados se resistían a su declive y celebraban sus regresos a la cancha. “Voy a demostrar que ya soy un bueno chico. Estoy totalmente centrado en la pelota”, aseguró Goñi en 2007 en vísperas de su vuelta a la élite de la pelota tras una larga travesía por el desierto que parecía no tener fin. Fue una de sus prometidas y fallidas puestas a punto. “Daba gusto verle jugar”, recuerdan ahora las redes sociales una vez consumado el descenso a los infiernos. Muchos no se extrañan de este desenlace una vez conocida la sentencia, pero todo comentario sobre su desordenada vida va acompañado de alabanzas hacia sus hazañas entre las paredes de los frontones.

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