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"¿Y usted qué hace jugando a los 50 años?"

Logotipo de Marca Marca 27/05/2014 marca.com

Miroslav Mecir, aquel jugador checoslovaco que deslumbró en los años ochenta por su talento y que se colgó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Seúl, además de alcanzar 11 títulos y las finales del US Open en 1986 y de Australia tres años después, regresó a la competición la pasada semana en Roland Garros. Eso es lo que pensaron los responsables del servicio de acreditaciones cuando se personó delante de ellos Miroslav Mecir, el hijo, de 26 años, un calco del padre, tanto en las facciones, como en la barba.

"Pero si usted tene ya 50 años", exclamó la voluntaria que le hacía la credencial a Mecir júnior. No pudo evitar una sonrisa: "Todo el mundo me confunde con mi padre, a pesar de que es bastante más mayor que yo. A mí también me apodan el gato, aunque, ni mucho menos, tengo la agilidad de mi padre". Separados por 24 primaveras son como dos gotas de agua, aunque pocas veces coinciden en los torneos.

Miroslav senior, una vez colgó la raqueta en 1990, dejó de viajar para dedicarse a lo que más le gusta y ya le gustaba cuando era jugador: tomar una caña y pasarse el día pescando. La única incursión en el mundo profesional fue como capitán del equipo eslovaco de Copa Davis. Los Mecir, ambos nacidos en Praga, defienden ahora con patriotismo la bandera eslovaca desde su separación de la República Checa en su residencia de Bratislava.

Miloslan, que no empezó a jugar torneos hasta los 19 años, obligó a su progenitor a tomar el fin de semana un vuelo con dirección a París. Por primera vez en su carrera, con el ranking 211, había superado la previa de un 'Grand Slam'. Su aventura, sin embargo, terminó ayer ante el alemán Tobias Kamke, que le derrotó por 7-5, 7-6(2) y 7-6(1).

"Yo viajo solo. Mi padre no suele venir. Era mi primer partido al mejor de cinco sets y lo noté", explica Mecir, que tan sólo ha ganado un partido fuera de torneos challengers y futures. Fue la pasada campaña tras superar a Pablo Andújar en Viena. Antes había pasado la fase de califiación del Open 250 del torneo vienés.

Miroslav no es el primer jugador al que le pesa el nombre y el apellido del padre. Por la sala de jugadores del segundo 'Grand Slam' se pasea cojeando Sergei Bubka, hijo del mítico pertiguista ucraniano, que nunca será el mismo después de caerse por la ventana de su casa en noviembre de 2012. Bubka, 1.601 del circuito masculino y que llegó a estar el 145 antes del accidente, cedió en el primer partido de la previa de Roland Garros tras recibir una invitación de la organización.

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