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¡Benítez, quedas retratado!

SPORTYOU SPORTYOU 18/02/2016 Iñaki Cano
¡Benítez, quedas retratado! © Getty Images ¡Benítez, quedas retratado!

El Real Madrid, por fin, ha ganado fuera del Bernabéu como se esperaba. Ha sufrido y luchado para al final conseguir un triunfo dejando su portería a cero, que en Europa es importantísimo. Sin brillar, pero con efectividad, el equipo de Zidane sigue avanzando.

Quizás la victoria en Champions League ante la Roma en el Olímpico sea más importante que cualquier otra cosa. Pero la imagen de todos los jugadores celebrando el gol de Cristiano Ronaldo y rodeando a Zizou es probablemente mucho más que unos abrazos de alegría por un tanto. Es la confirmación de que antes la distancia entre el entrenador y los jugadores era inmensa.

A los brazos del Olímpico, habría que añadir las durísimas declaraciones de Benítez en la televisión inglesa. En sus comentarios, Rafa atiza al presidente, a los jugadores y a todo lo que se mueve. Está cada vez más claro que entre los jugadores y él no existía ‘feeling’. Sus palabras van a tapar algo del triunfo del Real Madrid en Roma y además le van a perjudicar más a él que a quien critica.

Benítez podría, perfectamente, haber hecho un Camacho si es que era incapaz de gobernar y no esperar tanto tiempo para decir lo que todo el mundo ya sabía. No se atrevió a cerrarle la puerta del vestuario a Florentino Pérez. No tuvo el valor de pararle los pies a los jugadores con los que tuvo roces y que se le subieron a las barbas, y tampoco lo aireó a tiempo. Decirlo ahora es tarde y no queda en buen lugar. No por contarlo y sí por no haber sido capaz de cambiar algo que está mal. Ha tirado piedras contra el tejado del Real Madrid y contra el suyo propio.

La piña del equipo en Roma termina por darle la razón al club que le despidió. Y sus palabras plenas de resentimiento, por sinceras, serán para él más perjudiciales que beneficiosas. Por eso, aunque las cosas no te salgan bien, siempre será mejor negarse a tiempo que vivir arrepintiéndose toda la vida por no haberlo hecho en su momento, aunque le costara el puesto. A los jefes y a los subordinados hay que respetarlos pero no ‘tragar' con todo por un sueldo o un sueño hecho realidad, y ahora una pesadilla eterna.

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