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¿Retransmitir un funeral?

MundoDeportivo.com MundoDeportivo.com 30/04/2014 Mònica Planas

Estamos acostumbrados a que las misas y funerales que son retransmitidos por televisión sean ceremonias de estado. Que la tele pública retransmita el funeral de un entrenador de fútbol ni que sea en su canal de deportes es, como mínimo, insólito. Se entiende que todo lo relacionado con el Barça sufre automáticamente una sobredimensión. La conmoción y la enorme cantidad de muestras de afecto de aficionados durante el fin de semana probablemente motivaron esa sensación de interés público. Seguramente, el deseo de la familia de agradecer pública y claramente el apoyo multitudinario propició que autorizaran la emisión del funeral. Pero televisivamente provocaba una sensación extraña para el espectador. Lo convertía automáticamente en voyeur de una celebración privada e íntima.

La exhibición mediática del dolor es difícil de mostrar. El realizador ofreció siempre encuadres generales y colectivos. También priorizar los planos de los futbolistas y compañeros de profesión más que los familiares. A la mínima que se mostraba algún gesto de emoción o flaqueza entre asistentes o familiares, se cambiaba de plano para eliminar dramatismo. Pero aún así, generaba cierto reparo. El espectador se debatía entre no entrometerse y no poder evitar dejarse llevar por la fuerza emotiva del acto, especialmente de algunos parlamentos cargados de estima, guiños entrañables y familiaridad. Roura hasta recordó que a Tito le gustaba el sofrito sin cebolla. Son precisamente los apuntes más íntimos los que inevitablemente conectan con la emoción del espectador.

La peliaguda y delicada tarea de la narración de esta ceremonia hace pensar si, en actos de esta solemnidad y características, es mejor no intervenir periodísticamente. Básicamente porque, entre otras cosas, se evitan desafortunadas confusiones como la que sucedió al comienzo, cuando se confundió a la esposa y la hija de Tito con Alicia Sánchez Camacho y Llanos de Luna. En definitiva, el sofrito sin cebolla y, por más buena voluntad que haya, la tele sin funerales privados

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