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Ándate con ojo, Lewis

Marca Marca 26/05/2014 MARCO CANSECO. MONTECARLO

Lo que se presumía un fin de semana en el que Lewis Hamilton iba a imponer de nuevo su mayor talento en las calles de Mónaco se ha convertido en un episodio envenenado, que ha atravesado de lado a lado el box de Mercedes y que puede haber inoculado definitivamente un virus incurable: el de la animadversión en grado muy severo.

Hamilton acabó segundo, donde empezó, y lo hizo encimado dramáticamente por un Daniel Ricciardo en estado de gracia. Un residuo entró en el ojo izquierdo de Lewis, que agotó en cuatro vueltas una renta de siete segundos sobre el australiano. Durante ese periodo tuvo que conducir «con el ojo guiñado, algo que es virtualmente imposible en este circuito», lamentaba el de Stevenage. Parece que con el paso de los giros «se fue aclarando un poco», por lo que pudo terminar sin ceder la plaza y los puntos.

Fue el remate para una cita que le pilló con el paso cambiado en cada lance. No pudo digerir el posible ardid de Nico en la calificación, donde el alemán buscó la escapatoria y provocó la bandera amarilla para arruinar su asalto final a la pole. Puso en duda la decisión de exonerarle por parte de los jueces; amenazó con tomarse la justicia por su mano en la salida; presionó al equipo para que le devolvieran el primero en los boxes y finalmente le recriminó el no tomar en cuenta sus sugerencias en la estrategia.

"Sabía que debía entrar en esa vuelta [antes de que saliera el safety car por el accidente de Sutil, en la 25], pero sabía que no me ibais a llamar", espetó Hamilton por radio a su ingeniero de pista en plena carrera. Luego, ante las cámaras, fue más allá: "En McLaren me habrían hecho caso, estoy seguro", dijo a una televisión de su país.

Guerra interna
Así, la madeja se ha liado de tal forma que en el paddock se habla de guerra interna en todos los foros y tertulias. Debería andarse con ojo Hamilton para no perder el papel de privilegio que se ha ganado con cuatro victorias consecutivas y con el estatus de primer piloto que casi nadie discutía en la jerarquía interna del equipo.

Ross Brawn se ha ido y son dos austriacos, Toto Wolff y Niki Lauda, los que toman hoy las decisiones en una escudería alemana. Y se está enfrentando a un piloto germano, no lo olvidemos, con buena prensa y mejor carácter. Si Lewis los pone contra la espada y la pared, puede que la temporada acabe como el rosario de la aurora para sus intereses.

Rosberg se marcha con su segunda victoria consecutiva en el Principado, algo que solo han conseguido otros dos pilotos en los 20 últimos años. Michael Schumacher lo logró en 1994 y 1995, con Benetton y Fernando Alonso en 2006 y 2007, con Renault y McLaren. Y a ese preciso momento hay que trasladarse para encontrar unos paralelismos sorprendentes, que hoy ponen a Hamilton en la misma piel del asturiano, cuando compartieron equipo y terribles turbulencias.

Como en Mónaco 2007
Entonces, Lewis llegó como debutante inglés a un equipo inglés y le permitieron licencias que hubieran sido impensables frente a un piloto fichado a golpe de talonario para ganar el Mundial y romper una sequía extensa. Lewis, en 2007, reclamó la ayuda del equipo para pasar a un Alonso que no le dio opción en el trazado monegasco. Luego se quejó de trato de favor para Fernando, que siempre estuvo por delante.

Ahora, el número 1 es él, pero en un equipo alemán que tiene a un compatriota como teórico segundo. Y Hamilton ha reclamado por radio su condición de estrella para batir a su compañero, al que no pudo enseñarle el morro en toda la prueba. Así, Hamilton prueba ahora el amargor que Alonso debió digerir en su día, no en Mónaco, sino en carreras posteriores y mucho más calientes. En 2014, no hay amenaza en pista para Mercedes, pero en F1 las peores batallas se suelen librar en el interior de cada cuartel. La de Mercedes en 2014 promete.

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