Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

“En los clubes como el PSG los futbolistas te miran con lupa”

EL PAÍS EL PAÍS 29/11/2016

© Vía El País

El técnico campeón de las tres últimas ediciones de la Europa League afronta el reto de transformar la mentalidad del club más aristocrático de Francia y ganar la Champions

El castillo que domina el distrito de Saint-Germain-en-Laye, las amplias avenidas arboladas de plátanos, las residencias señoriales, los coches brillantes, existieron mucho antes de que el Paris Saint-Germain instalara allí su ciudad deportiva y probablemente seguirían existiendo hermosamente si el club más rico de Francia desapareciera del mapa. Pero Unai Emery Echegoyen (Fuenterrabia, 1971), que recibe a sus visitas en este rincón del norte de París, se muestra excitado como si el destino del castillo, las mansiones, las voitures, las avenidas y los bosques dependieran de sus decisiones en el banquillo del PSG. Hay entrenadores que viven su oficio al límite.

Pregunta. El PSG le ficha para ganar la Champions. El proyecto es ganar lo más difícil o fracasar. ¿Cómo se trabaja sin margen?

Respuesta. Ellos te hablan de que hay que ganar la Champions porque en Francia dan por hecho que tienes que ganar la Ligue 1. Yo insisto en la importancia y la dificultad que tiene la Liga local, porque, por ejemplo, el primer año con Ancelotti no la ganaron. ¡Ganó el Montpellier! Para hacernos fuertes hay que ganar la Liga francesa. Luego ellos pueden vender que quieren hacer algo grande en Champions. Quieren que el mundo reconozca al PSG como un equipo grande. Otra cosas son los plazos. ¿Cómo acortas esos plazos?

P. Le fichan para acortar plazos. Porque usted viene de ganar tres Europa League seguidas. Pero, ¿sabe el club que su propuesta es completamente distinta de lo que han hecho estos futbolistas en la última década? ¿No temen que haya un choque entre su filosofía de juego y esta plantilla?

R. Yo le pregunté a Nasser [Al-Khelaifi, presidente del PSG]: “¿Por qué me fichas? ¿Qué buscas en mí?”. Y él me dijo: “Porque tu trayectoria es ascendente; ganaste tres Europa League seguidas. No es la Champions, pero a tú nivel, con un equipo como el Sevilla, es muy difícil. Tú ya tienes un gen ganador. Y nosotros somos un equipo ganador pero que necesitamos mejorar detalles. Aquí no podemos hacer un cambio…”.

P. ¿Qué cambios ha introducido en la plantilla respecto al año pasado?

R. Básicamente la fortaleza de este equipo es lo que había. Solamente se fue Ibrahimovic, que era importante por lo que suponía a nivel de liderazgo y como goleador. Queremos suplirlo con otros jugadores. Pero el equipo es el mismo. Un equipo posicional, de posesión, de superioridad, de jugadores mundialmente importantes. ¿Cuáles son los cambios que se tendrían que hacer? Detalles de trabajo táctico y de esa mentalidad que he transmitido yo al Sevilla. Como mirar más la portería contraria, mejorar la presión en defensa sobre los equipos rivales, defender un poquito más lejos de nuestra portería… Pero la idea general y el estilo no cambian.

P. Salvo Matuidi, sus interiores llegan poco. ¿Matuidi es su nuevo Iborra?

R. Hay cierto tipo de jugadores que juegan menos en posición, ¿y por qué? Por sus características. Porque a Matuidi le gusta correr. Y si tiene que correr pues que corra. ¡Que corra hacia la portería contraria! Tenemos que trabajar para que corra hacia adelante y para que también tenga más equilibrio, más paciencia para hacer jugar a los demás. Pero aquí Matuidi es una excepción. El PSG está muy hecho a una idea de juego muy posicional. Para mí también es un reto.

P. ¿Por qué?

R. Porque tenemos que conseguir mirar mejor la portería contraria. En esa posición, con esa posesión, hay jugadores muy específicos, como Verratti. A él le gusta tocar. Tocar mucho. Pero le cuesta mirar hacia adelante. Lleva dos goles en Liga y creo que es su récord a estas alturas. Mi objetivo es implementar esos detalles. Que Verratti sea capaz de jugar en posesión, en posición, y de mirar la portería contraria. En su época lo hizo Iniesta. Y antes, Xavi. Xavi empezó jugando de cuatro y luego de interior. ¿Quién iba a decir que acabaría metiendo casi 100 goles? Pues al final aprendió. Ese es mi trabajo aquí. Que ciertos jugadores aprendan.

P. Ventura, el seleccionador italiano, prefiere a Marchisio. ¿Verratti es el gran jugador que se anuncia? ¿Su relación con él es tan difícil como dice la prensa francesa?

R. Es un joven muy impulsivo y es eso lo que le hace ser buen futbolista. Él te entrega el corazón. Contra el Rennes, en el minuto 85 estuvo a punto de meter su segundo gol en un pase de Di María al que no llegó. Se quedó tirado en el suelo y cuando el portero sacó rápido a banda, miró se levantó y fue corriendo otra vez a presionar... Jugar en posesión, en posición, mirar la portería contraria y cuando no tengamos el balón estar posicionados para intentar recuperarlo… Él tiene todos los conceptos… La jugada sigue y él sigue. Vino del Pescara y está tan agradecido de que el PSG le trajera que no va a dejar tirado a este club porque un día venga el Madrid, el Barça o el Bayern. Junto con Marquinhos, él es el alma joven del PSG.

P. Lo quiere el Madrid, lo quiere el Barça, lo quiere el City… ¿Tan bueno es Marquinhos?

R. Él es futbolista top y quiere perdurar como top. Escucha. Aparte de las cualidades técnicas. En concentración, en exigencia, en implicación, lo que se le dice, lo que se le manda, en dónde puede estar la mejora… Es intenso desde la actitud y desde la aptitud. Tú cuando fichas firmas cualidades, aptitudes. Pero las actitudes no se compran. Están en lo que tú seas capaz de inculcar a los jugadores y en lo que ellos tengan de serie. Marquinhos tiene actitud de serie. No hace falta decirle que escuche. Él salta al campo y dice: “Míster, ¿qué hay que hacer?”. De hecho el Barcelona le quiso este verano. Pero él está agradecido de que el PSG le diera la oportunidad de jugar en un grande. La opción del Barcelona le pudo gustar pero él respeta lo que le ha dado el PSG para seguir aquí. También eso dice mucho de un jugador completo.

P. ¿Cavani puede ocupar el lugar que dejó Ibrahimovic?

R. Una de las cosas que más me impactó cuando llegué es la primera vez que hablé con él por teléfono. Me dijo: “Yo amo el fútbol”. Cuando un futbolista te dice eso, como mínimo tienes que tenerle respeto. Hay pocos futbolistas que te digan que aman el fútbol. Cavani lo está demostrando. No me olvido de esa frase. Él estuvo a la sombra de un delantero como Ibrahimovic jugando en banda. Ahora tiene la oportunidad de jugar en punta. Para mí es un reto que él sea capaz. Tenemos que darle toda la confianza. Yo hablo mucho con él: él crea muchas ocasiones de gol, hace muchos goles, pero es que puede hacer más. Le digo: “Edi… Todos decimos que tenemos que ser humildes pero cuando estás en un equipo como el PSG, a la humildad tienes que estar constantemente llamándola para que esté contigo. Edi, tú eres humilde, que no se te olvide, tienes que mejorar ciertas cosas ¡Ten la humildad de reconocer que puedes hacer más!”. La humildad es reconocer que puedes hacer más. Yo con él soy optimista. Para que él termine la temporada diciéndole: “¡Ole tus huevos!”.

P. Usted dice que no quiere alterar el estilo del PSG pero a veces los jugadores se han mostrado muy inseguros. ¿A qué atribuye los resultados mediocres de las primeras semanas en la Liga?

R. Está costando porque es un proceso. Este equipo nunca hacía un contragolpe. ¿Y por qué no? ¡Cuando tienes posibilidad de hacer un contragolpe, haz un contragolpe! A veces te encuentras rivales que juegan en posiciones altas y te dejan campo abierto y tienes que hacer un contragolpe. Tú no vas a rehuir eso. Yo lo llamo mirar la portería contraria. Al principio cuando les hablaba de eso creían que quería jugar al contragolpe. Yo no quiero eso.

P. ¿Qué quiere entonces?

R. Jugar, por ejemplo, como jugamos contra el Rennes en casa [4-0]. En posesión, en posición y mirando la portería contraria 90 minutos. Y desde la posición querer recuperar el balón cuando no lo tenemos y donde esté: si lo tiene el portero, presiona al portero, si lo tiene el central, presiona al central. Crear una mentalidad.

P. ¿No tiene la sensación de que su método es extraño en el fútbol francés, donde hay cierto descontrol táctico promovido por la fuerza física de tantos jugadores?

R. Es la cultura francesa del juego individual. El jugador te dice: “Yo hago lo mío. Tú me dices que yo marque a ese y yo sigo a ese”. No, vamos a ver, tú tienes una zona asignada en el campo con un sistema y en esa zona tendrás un hombre asignado, pero puede haber un movimiento de jugadores y puede que te hagan una superioridad numérica, o que haya una permuta de posiciones. Entonces tu hombre asignado ya no es el que era. ¡No puedes seguir al mismo! En Francia todo tiende a los duelos individuales. Y luego, al recuperar el balón, cada uno hace sus jugadas en su zona. ¡Hay que aprender a jugar mejor!

P. ¿El entrenador debe adaptarse a la cultura que le ficha o es al revés?

R. El entrenador debe conseguir un equipo competitivo. Ascendí al Lorca y al Almería y con el Valencia nos clasificamos tres veces para la Champions. El Valencia no ha vuelto a hacerlo, pero entonces eso no tenía mérito. En mi último año en Valencia hice un libro: Mentalidad Ganadora. Fíjate si fui valiente. Todos mis detractores en Valencia decían: “¡Pero si no gana nada!”. Mentalidad ganadora no la tiene el que gana, sino el que siempre busca mejorar. Ahora quiero hacer un segundo libro: Mentalidad Competitiva. Es lo que más aprendí en Sevilla. ¿Qué es competir? Cuando tú tienes unos mimbres, ¿cómo haces para ser el mejor? Tienes a Iborra, ¿y cómo eres mejor con él? Yo empecé en el Sevilla jugando con jugadores como Rabello que tocaban muy bien el balón pero no eran competitivos. Los tuve que poner cuatro partidos y… ¡No competía! Tenía calidad pero cuando se enfrentaba a rivales un poco mejores no competía. ¿Qué es competir? ¡Demostrar tu calidad con oposición! Luego tuve que cambiar el equipo. Es un proceso de aprendizaje. El Tata Martino fue al Barcelona y no entendía nada del juego del Barcelona. No cualquiera puede entrenar al Barcelona. Tienen que ser entrenadores que entienden esa idiosincrasia, que sepan cómo es la estructura, cómo es el juego… y luego adaptarte a Messi.

P. ¿Competir significa adaptar el método a las circunstancias?

R. Cuando fui al Valencia sí que tenía un equipo perfecto para el 4-2-3-1 con Silva y Villa. Yo siempre he jugado 4-3-3 y 4-2-3-1. El Valencia estaba armado claramente para jugar con dos pivotes. Era muy fácil. En Sevilla no. Había que hacer tantos cambios que tuve que encontrar cómo jugar y cómo competir. Eso es un proceso. ¿Qué es competir? Saber cómo somos mejores: con balón, sin balón, con la posesión, sin la posesión, con un sistema, con otro, con qué jugadores… Si te cambian cada año diez jugadores importantes… Nzonzi, por ejemplo. Hace un año lo eché del entrenamiento porque no quería entrenar. Me vino y me dijo que se quería marchar. Y yo le dije: “Tómate tres días de descanso; fuera nadie se enterará. Vente el lunes. Olvídate. Te vas tres días a casa y hablamos”. Se quería marchar porque no estaba bien. No se hacía a Sevilla, a la ciudad. Volvió el lunes y le dije: “¿Qué?”. Y me dice: “¡Sigo!”. Luego, después de aquello, a partir de diciembre el jugador dio un rendimiento muy bueno. Este año con Sampaoli es la confirmación. ¡Eso es un proceso!

P. Usted es capaz de contratar a un futbolista por cómo lanza el balón parado. ¿Ser tan meticuloso no es frustrante? ¿No es duro que el público y la crítica vivan de espaldas a su trabajo?

R. Hay una cosa que está claro que nos mueve a los entrenadores que queremos salir adelante que es la pasión. Si hay algo que transmiten Guardiola, Simeone… es pasión. He leído que me critican: ‘¡Los entrenadores que gesticulan mucho ponen nerviosos a los jugadores!’. Eso es ignorancia. Si los que gesticulan transmitiesen nerviosismo yo no habría conseguido lo que he conseguido. Fíjate si gesticulan Simeone y Guardiola.

P. Dicen los testigos que usted subió al Lorca en Irún por gesticular desde la banda pidiendo un remate que acabó en gol…

R. Ascender al Lorca ha sido, tal vez, mi mayor éxito. Era una eliminatoria a doble partido: perdimos 1-2 en casa y fuimos a Irún. Ellos ya tenían hecha la fiesta y recuerdo que preparamos el partido como si fuese una oportunidad. Yo traslado mucho a los jugadores la idea de la oportunidad: “¡He! ¡Esta oportunidad es única! ¡Esto de la Europa League es la hostia!”. ¿Sabes cómo ganamos la primera Europa League? De rebote.

P. ¿De rebote?

R. Yo llegué al Sevilla en enero de 2013 y era un equipo roto. Los dos capitanes ni se hablaban. Fíjese que lo que más se destacó del Sevilla de las tres Europa league es la unión del equipo… ¡Pues cuando yo llegué los dos capitanes ni se hablaban! Se llevaban mal. Estaban enfrentados. Se llevaban fatal. Spahic estaba medio loco, Reyes estaba finiquitado… Estaban a mitad de tabla y sumaban dos años sin Europa… Reyes estaba más de jugar al balón que al fútbol y el Betis nos sacaba doce puntos… En esa primera temporada no nos metimos en Europa. Nos clasificamos porque el Rayo y el Málaga no cumplían con los requisitos económicos de la UEFA. ¡Entramos de rebote! Jugamos dos previas y fuimos campeones de la Europa League. ¡Eso es una oportunidad! Hay que trabajar la idea de disfrutar de las oportunidades.

P. France Football le llamó pirómano. ¿Emplea el conflicto para provocar reacciones?

R. Yo todavía no sé a qué se refieren. Yo primero intento llegar al futbolista como persona, para saber cómo puedes estimularlo más. A veces es con el cariño, decirle todo lo bueno y nada de lo malo que tiene, o puedes estimularle siendo agresivo, y ahí puedes provocar situaciones. Siempre he dicho que a mí me gusta entrenar a puerta cerrada, primero por la intimidad de tu trabajo y luego por las situaciones que tú puedes provocar. Me ha ocurrido en todos los sitios en los que he estado. Cuando veo a un jugador que no quiere estar en el entrenamiento igual le provoco porque creo que hay que provocarle. Yo sí que mido mucho a qué jugador le puedo decir delante de todos: ‘Oye, ¿tú vas a correr más o no?’ Una vez a Reyes le tuve que echar una bronca en un autobús delante de unos jóvenes porque era el capitán. Y al día siguiente hablé con él y le dije: ‘Jose, te pido perdón ahora, pero es bueno que te hablara así delante de todos porque así los jóvenes entienden que hay que tener ciertos comportamientos’. Aquí en el PSG lo hago menos. El PSG es un equipo bastante responsable, bastante maduro, ya de por sí exigente. Lo que hay que hacer más es gestionarlo desde la confianza constante y desde el sentimiento hacia ellos. No actúo siempre del mismo modo. Yo analizo primero al futbolista, a la persona, y después actúo. Analizo al grupo a nivel personal, a nivel táctico y humano, y en base a ello intento gestionarlo.

P. ¿No siente que su perfil no encaja en el PSG? ¿No estaría más cómodo en un equipo menos aristocrático, más industrioso? En una Juve, en un United, en un Chelsea…

R. De la misma manera que me he adaptado a todo me puedo adaptar aquí. Yo empecé por adaptarme a un vestuario en el que, de un día para otro, pasé de ser jugador a entrenador. En el Lorca. Y donde muchos jugadores eran amigos del entrenador precedente. Ellos me miraban con recelo. Tuve que gestionarlo el primer día. Les dije: ‘Yo vengo aquí a ayudar; yo solo quiero vuestro éxito. El presidente al entrenador lo iba a echar igual. ¿Entonces qué os importa? ¿Qué sea yo, el compañero, o que sea otro que venga de fuera?’. Sabía que diciéndoles eso no les iba a ganar… Ese día la mitad de la plantilla se fue a cenar a casa del exentrenador. Había una confrontación y yo sabía que lo que tenía que hacer era ganármelos. En el PSG es lo mismo. ¡Yo tengo que ganármelos! Vengo aquí a ayudarles, a trabajar, a reforzar todo lo bueno que tienen, que es mucho, y a ver dónde se puede mejorar.

P. ¿Y cuál es el jugador del PSG que más le puede ayudar a usted?

R. En estos equipos en los que hay futbolistas que han ganado tanto, los jugadores fiscalizan mucho al entrenador. Ellos son los primeros que te enjuician. Yo sé que me están mirando con lupa. No me importa tanto el entorno. Me importa el interno. Me importa tener credibilidad ante los futbolistas. Que para ellos yo sea un profesor. Que les aporte enseñanzas. Ese es mi verdadero reto. Yo aprendo mucho de los jugadores. Yo les digo: “Yo no soy el que más sé. Yo trabajo para intentar mejorar. Si tú ves el partido una vez yo quiero verlo cinco; quiero ver más cosas que nadie”. Veo el partido 12 veces porque somos cuatro técnicos y cada uno vemos el partido y lo analizamos tres o cuatro veces. Una vez en directo, otra en el vídeo, y luego seleccionando cortes. Finalmente concreto todo lo seleccionado en dibujos para enseñárselos a los jugadores. En directo se me escapa más del 50% de lo que ocurre en un partido. Luego la segunda vez veo más cosas. Y a la tercera y la cuarta más. Mucha gente en la grada ve mejor el fútbol que yo. Pero administro y trabajo para tener más información que nadie. Y eso se lo doy a los jugadores.

P. ¿Se esperaba el salto de nivel de Vitolo?

R. Vitolo es un todoterreno. Puede jugar por derecha, por izquierda, por el medio… Es para jugar de banda hacia adentro. Inicialmente con balón. Ahora sin balón también ha aprendido a llegar desde la segunda línea y ha mejorado su número de goles. No es muy rápido pero tiene una conducción para sortear líneas muy buena. Está en un gran estado de confianza. Si el año pasado no lo hubieran parado las lesiones quizás se habría instalado en la selección antes.

P. ¿Por qué diferencia entre jugador de banda hacia afuera y de banda hacia adentro?

R. Me refiero a que Vitolo no es un jugador de banda para asistir desde banda sino de meterse con el balón. A mí me gustan los extremos que juegan hacia adentro. He procurado hacer equipos de extremos que juegan hacia adentro y que miran mucho a portería para finalizar, no solo para centrar. Los extremos que centran están un poco en desuso. Pero ahora el City juega mucho con los dos extremos abiertos y los dos interiores que llegan. Yo sigo mucho el proceso de Guardiola, Simeone y Luis Enrique. Luis Enrique tuvo mucho mérito.

P. ¿Dónde se refleja el trabajo de Luis Enrique?

R. Cuando firmó a Luis Suárez le dije: “¿Y ahora cómo vas a jugar?”. Porque Messi con Guardiola ya jugaba de punta. Ya no jugaba de banda. Yo cuando jugaba contra el Barça siempre atacaba por la banda de Messi. Nos faltó poco para sorprenderlos. Nuestra consigna era clara: “¡Primer ataque por la izquierda porque Messi no va a abajar!”. Nuestro central ya sabía que tenía que sacar para la izquierda. Guardiola decía que con Messi ahí los equipos le cogían el truco y atacaban por ahí con el lateral. Guardiola lo puso en el medio para evitar esta debilidad y Luis Enrique lo volvió a poner en banda. Luis Enrique me dijo: “Yo lo tengo bien claro. Yo sé cómo voy a jugar. Suárez en el medio, Neymar por izquierda y Messi a la derecha”. Lo que hace él es equilibrar la desventaja defensiva en banda de Messi con mucho trabajo táctico. Sobre todo con Rakitic, que baja y cierra bien, y con los laterales. Los laterales del Barça ya no son tan profundos y por fuera.

P. ¿Entonces usted prefiere que los extremos como Moura y Di María lleguen a gol y que los laterales como Aurier ataquen por fuera?

R. Yo los laterales los tengo hacia afuera y los extremos hacia adentro. Guardiola dice que si tuviera laterales capaces de correr 80 metros durante 90 minutos los utilizaría, pero que es muy difícil porque los laterales que hacen eso, a la segunda o tercera subida acaban quemados. Me chocó porque es verdad: él ya no utiliza laterales profundos. Zabaleta sube poco. Él ahora emplea otra variante táctica. Desde el juego de posición cambia muchísimo los movimientos de los jugadores para salir con el balón. Ya no hace el dos para uno que hacía con Busquets. Ahora lo que hace igual es bajar a un pivote a un lado o a un lateral para hacer la salida con el otro central por el centro. En el City y en el Bayern no utiliza los laterales tan profundos. Los mete un poquito dentro mientras que los extremos, que tienen que cubrir menos metros, son los que trabajan por afuera, y los interiores llegan mucho. Así Guardiola parte mucho al equipo en un 4-1-4-1. A él sí le gusta que los extremos sean mucho más extremos.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de EL PAÍS

image beaconimage beaconimage beacon