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“Sergio Ramos puede y debe llevarse el Balón de Oro”

AS AS 01/06/2014 Javier Sillés
Sergio Ramos con la Décima. © Proporcionado por AS Sergio Ramos con la Décima.

Arrigo Sacchi. El entrenador de aquel Milán que deslumbró a finales de los 80 y principios de los 90 (ganó dos Copas de Europa) apadrinó la llegada de Sergio Ramos al Bernabéu cuando era director de fútbol del club blanco (entre 2004 y 2005). “Le vi en el primer partido, en un Sevilla-Madrid, y me impresionó. Empezamos a seguirle y aposté por su fichaje”, asegura a este periódico por teléfono. El precio del sevillano (27 millones de euros) no le echó para atrás. “Era un jugador muy caro, pero merecía la pena. Yo dije en el club: ‘Vamos a fichar al nuevo Maldini”. Sacchi no se extraña por los tres goles decisivos que ha marcado Ramos en la Champions: “Tiene la calidad técnica de los delanteros. Ancelotti me comentó hace poco: ‘Sergio es defensa, medio y delantero”. Por eso avala su candidatura al Balón de Oro: “No me sorprendería nada que lo ganase. Además, Sergio se lo merece”.

Joaquín Caparrós. El nuevo técnico del Granada le dio la alternativa en Primera con el Sevilla. Ramos debutó, con 17 años, el 1 de febrero de 2004 en Riazor ante el Deportivo (1-0). “Era un líder natural, un portento. Nada más subir al primer equipo ya pegaba golpes a las taquillas de un vestuario con gente como Pablo Alfaro, Baptista...”, asevera. Y rememora una curiosidad que define el tipo de jugador que es: “Pensé ponerle de delantero en un partido porque teníamos bastantes bajas arriba. Su capacidad de remate es excepcional. Puede y debe ganar el Balón de Oro”.

Manolo Jiménez. Dirigió a Sergio Ramos en el Sevilla Atlético y fue el encargado de realizar los informes que originaron la apuesta final de Caparrós. Todos le señalan como uno de los artífices claves de su desarrollo. “Tenía unas condiciones innatas, sólo había que moldearlas”, afirma. “Pasó al filial en su segundo año de juvenil. Era y es muy atrevido. No se va a rajar nunca. Todo el mundo habla de aquel penalti a lo Panenka. Esa jugada le caracteriza”, prosigue. Jiménez le ayudó a potenciar su juego aéreo: “Nos quedábamos al final de los entrenamientos a practicar centros laterales y frontales. Le indicábamos cómo girar el cuello, cómo picar el balón hacia abajo... El ‘Gol de la Décima’ ya lo marcaba con 16 años”.

Pablo Blanco. El coordinador de la cantera del Sevilla rechaza el papel de descubridor. “Mucha gente me lo atribuye, pero es una frivolidad. Llegó al club a través de su padre y de un amigo común, Juan José Arenas. Jugaba en el Camas y lo hacía de delantero. Sergio es un multifutbolista”. Blanco recuerda el genio guerrero que siempre tuvo Ramos: “De niño era igual que ahora pero con menos pelo. Nunca se ha arrugado y eso le ha provocado algún episodio negativo. Cuando el Real Madrid le fichó, sólo les preocupaba su entorno familiar. Eso nunca ha sido un problema. Sergio creció muy arropado”. “¿Por qué no puede ganar el Balón de Oro?”, se pregunta. “Es el mejor central del mundo”.

Fermín Galeote. Hoy trabaja en la secretaría técnica del Sevilla, antes entrenó a Ramos en cadetes. “A pesar de jugar como lateral o central, siempre tenía inquietudes en ataque”, proclama confirmando la vocación ofensiva natural del camero. “Cuando metió el gol en la final me recordó a una jugada que hacíamos en aquella época. Amagar al primer palo para luego entrar al remate. Él lo interpretaba a la perfección. “Se veía que iba a ser un gran futbolista. Yo decía en aquel momento a la gente: ‘Coges a Sergio y lo metes en el Bernabéu y verás un futbolista de verdad”. No se equivocaba.

Antonio Leiva. Fue uno de sus primeros técnicos en el Sevilla. Guió sus pasos en el Alevín (12 años). “Era uno de los niños que llamábamos despiertos, un pieza. Tenía un físico privilegiado y una gran clase, aunque no era el típico chico vistoso”. Leiva garantiza su liderazgo: “Tenía predicamento. Defendía a capa y espada a sus compañeros. Eso le llevaba a meterse en algunos líos. Era uno de los activistas de las tánganas. Luego eso sí, cuando el club le imponía un castigo, él lo aceptaba”. También ampara su forma de ser. “Es puro desparpajo. Esa es su virtud principal. Para muestra, el penalti que tiró a lo Panenka contra Portugal después de haber fallado aquel contra el Bayern. Hay que tener muy poca vergüenza para lanzarlo así (bromea). Esa acción le engrandece todavía más”.

Juan Luis Angulo. Lleva 35 años en el Camas y ahora es el presidente. “Con cuatro años ya le traía el abuelo al campo. Siempre le veías dando pelotazos”, evoca. “Entró al club con siete años y empezó a jugar en el Alevín con gente mayor que él. Era una pildorilla al lado de otros, pero se las llevaba todas. Con nosotros jugaba en la zona ofensiva. Le llamaban Schuster, porque era muy rubito y tenía la melena larga”, sostiene luego con emoción. Y acredita: “Ya se notaba que era un líder”.

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