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0-0: El Barça empata en Elche pero se jugará la Liga en el Camp Nou

MundoDeportivo.com MundoDeportivo.com 11/05/2014 Gabriel Sans
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La Liga se decidirá en el Camp Nou. Después de 37 jornadas tan enrevesadas y emocionantes como agónicas, el Barça será campeón si logra ganar al Atlético en la última jornada. No le valdrá el empate. A los rojiblancos, que no pasaron del empate ante el Málaga, sí les será suficiente. Los azulgrana se lo jugarán al todo o nada. El Estadi deberá ser mágico como en las grandes noches. Tocará hablar al equipo pero también a la grada.

El inesperado giro del destino proporcionó una segunda oportunidad al Barça. Volvió deprisa y corriendo a engancharse a la Liga pero no supo hincarle el diente. El partido en Elche fue tan dramático como toda la temporada y la igualada sin goles final alivió por el tropeizo Atlético en el Calderón pero frustró, de nuevo, por la ocasión malgastada.

El dispositivo táctico de Tata Martino fue lo más identificativo pero lo menos relevante. Era una Liga de dos jornadas y poco importaba el sistema o la elección de los jugadores. Ganar o ganar, no había otra ecuación. Daba igual si Cesc por Xavi, si con los extremos más abiertos o Messi bien enfocado entre líneas. La Liga se había perdido dos veces y no era cuestión de desdeñar una tercera ocasión. Y el Barça trató de no repetir la historia.Intenso, profundo y atrevido, el Barça se afanó en orientarse hacia el gol. El Elche era un libro abierto, con dos segmentos defensivos alrededor de Manu Herrero, y los azulgrana no tardó un cuarto de hora en atisbar la portería. Un chut de Iniesta que el meta desvió al travesaño avisó de las intenciones de culés. El equipo de Tata Martino sabía lo que se estaba jugando y no escatimó esfuerzos. Con un Pedro menos entonado pero con Alexis poderoso en la elección de las jugadas, el ataque azulgrana puso peligro suficientes. Un par de chuts de Messi, uno desde fuera del área y otro de falta, y dos cabezazos de los extremos alimentaban las aspiraciones del título. En la banda, Tata Martino aplaudía al tiempo que corregía la retirada cuando el Elche daba señales de acometida, que fue en pocas ocasiones, la verdad. El Elche aleccionó al Barça sobre el arte de defender. No es casual que los ilicitanos sean el segundo equipo menos goleado en su estadio. Estaban enchufados, no era un problema de actitud sino de acierto.

¿Cuestión de tiempo?

Para los locales, que claman por la permanencia, el escenario del partido era un suplicio. Bien atrás pero inefectivos adelante. Y viendo las ganas azulgrana, tiritaban pensando en el momento en que el Barça iba a ser capaz de sacar el lático.

Con la reanudación, Messi se plantó en la portería. Nada hacía pensar que el partido se iba a convertir en un calvario. Dominaba pero no era suficiente. Tocaba y tocaba el balón hipnotizando al Elche pero los desajustes ponían en peligro el triunfo. Daba la sensación de que en cualquier momento caería en la desesperación. Iniesta , Busquets y en ocasiones Cesc aguantaban de pie. Quedaba media hora para el final y el Barça se impacientaba. El fugaz recuerdo de Granada planeó por el banquillo. Se imponía con autoridad como entonces pero era incapaz de marcar. Los transistores y el run run de la grada anunciaban la debacle del Madrid aunque no del Atlético. Estaba en sus manos y a pesar de algunos contragolpes ilicitanos, el tanto era cuestión de tiempo. Un nuevo movimiento del banquillo ponía un 2 en el Calderón. El Barça se aturulló y Pinto también, con un clamoroso error que el Elche no supo aprovechar. Los azulgrana cayeron en una precipitación extraña. Jugaban con un pinganillo en la oreja y no le iba bien. Cabeza, cabeza pedía Tata. Cabeza, cabeza, transmitía Mascherano. Una mano de Damián barriendo el balón, un penalti clarísimo no señalado por Teixeira Vitienes, enrabietó más al equipo que se lanzó como un poseso a por el triunfo.

La Liga tenía buen aspecto. Había entrado Tello -Tata olvidó rencillas- y sólo quedaba materializar el dominio. Con el Elche metido en su portería, el reloj iniciaba una agónica cuenta atrás. Nervios, muchos nervios, tanto que Rodriguez pudo enviar a la basura la Liga. Desperdició el gol pero no la permanencia, porque la Liga es suya. Ante tanto revoltijo, Xavi sustituyo a Cesc para poner pausa e ideas, hasta entonces inexistentes. Era un ataque y gol desesperado. Un gol, sólo uno ante el equipo menos goleado de la segunda vuelta pero no se dio con el antídoto. Las buenas noticias que llegaban desde Madrid pillaron al equipo camino desl vestuario.

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