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2-0: Un desafortunado Atlético cae ante el Levante y pone la Liga al rojo vivo

Logotipo de MundoDeportivo.com MundoDeportivo.com 04/05/2014 Chema G. Fuente
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Razón tenía Simeone al subrayar: Levante, Levante y Levante. Muchos estaban haciendo planes dónde iban a celebrar le título y aún faltan puntos por sumar. Cuando uno se enfrenta a un equipo como el Levante debe ponerse en el peor de los escenarios. Al Atlético no vence en el Ciudad de Valencia desde 2007. Si tipos como Rubén ya advierten antes que “si pueden joderle la Liga al Atlético”, lo harán, pues eso. El Levante celebraba su permanencia en Primera por quinto año consecutivo. Alguno ironizaba en la grada, si el cuadro valenciano hubiese salido a todos los partidos tan intenso como lo hizo ante el Atlético, quizás estaría celebrando algo más ambicioso. El tal Rubén y los compañeros arrancaron muy motivados. Pero mucho, eh. No hay como no jugarse nada para que las musas le visiten a uno. Ya me entienden. El Atlético ya no puede fallar.

El asunto comenzó con la peor cara posible. Minuto seis, el partido se ponía cuesta arriba. Un saque de esquina que tocaba Filipe y el balón se colaba en la meta rojiblanca. Con los antecedentes de este Atleti, sí antecedentes, porque se trata de unos datos criminales, muchos se echaron las manos a la cabeza. Los cuatro autogoles de esta temporada (Espanyol, Villarreal, Zenit y Real Madrid en Copa) acabaron en tres derrotas y un empate. Sumen una más. Por cierto, con este tiro en el pie, que diría Quique Sánchez Flores, el cuadro rojiblanco ya es el que más goles en propia puerta se ha hecho en la historia de la Liga -84-.

El caso es que el Levante ofreció su versión más rocosa. Caparrós reforzaba el centro del campo con potencia física –Diop, Simao y Sissoko-, marcajes muy pegajosos e intensidad en la marca. La historia se podría haber escrito de otra manera si Raúl García hubiese acertado la más clara de la primera parte. En el minuto 13, Keylor Navas demostró por qué el Atlético piensa en él como recambio del mejor portero del mundo, Courtois. Raúl pinchaba el balón y disparaba a bocajarro para que el costarricense volase para sacarlo. El rebote, que caía en las botas de Villa, se marchaba a las nubes.

A todo esto, González González le escamoteó dos manos a mano al Atlético con Navas, en los primeros 20 minutos; amén de alguna que otra decisión discutible. Todo ello para mostrar que a este Atlético no le han regalado nada lo que tiene este momento.

El Levante dio un paso atrás tras el gol y se parapetó aún más. Pérdidas de tiempo, incluidas, un tanto sorprendente la verdad, teniendo en cuenta todo lo que quedaba. En el primer acto quedaba patente que el equipo de Simeone estaba incómodo, tenía demasiada prisa y abusaba de los balones largos a Costa. Simeone había dejado a Diego y Arda en el banquillo y el juego intermedio era inexistente. El Atlético estaba demasiado precipitado y equivocaba los caminos. La prueba era que en la única jugada trenzada, con una buena apertura de Villa, Alderweireld se plantaba en el área y la pegaba duro para que Navas despejase.

Cholo echaba mano, en la reanudación, de Arda y Adrián, el refuerzo colchonero en este último tramo de competición. Y el asunto se reconducía, tres ocasiones para el turco, dos disparos con la izquierda que tocaban en un rival cuando iban a puerta, y un ramate de cabeza. A estas alturas el Levante metía en 30 metros a los diez jugadores de campo para defender. El autobús, el conductor y hasta la prima… del conductor, digo. Los de Simeone acosaban a Navas y Diego entraba en el campo para tratar de encontrar la aguja en el pajar. Costa rozaba el empate en el 65’, al tocar el balón en un saque de falta. Luego lo volvió a rozar Alderweireld en un disparo largo que se envenenaba tocando en un jugador levantino, que, Navas, volando como un superhéroe, la tocaba en la escuadra.

Pero no era el día del Atleti, Barral cazaba la única ocasión granota en la segunda mitad. Ni siquiera se podía reducir, Adrián la pegaba al palo. Y el asunto se acababa en una tarde para olvidar y empezar a sacar la calculadora y despertar las especulaciones sobre esa última jornada en el Camp Nou. El asunto acababa con una imagen lamentable de Diop bailando enfrente de los más de 4.000 rojiblancos que se acercaron a Valencia, restregándoles el triunfo. Consecuencia, una tangana. Ahora, Málaga, Málaga y Málaga.

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