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Aborto, favela, tuberculosis...capitán de Brasil

MundoDeportivo.com MundoDeportivo.com 15/06/2014 Cristina Cubero

Thiago Silva representa el sueño brasileño. Nació entre tiroteos a 100 metros de una peligrosa favela en Zona Oeste de Río de Janeiro. De hecho él no tendría que haber nacido. Doña Angela, su madre, no podía mantener a otro hijo más y estaba decidida a abortar, pero su padre, religioso y persuasivo le animó a criar a un hijo más. No faltaba arroz, feijoes y huevo en la casa de los Silva, poco más. Nunca carne. Dura, durísima la vida en la favela.

Jugaba siempre a fútbol Thiago Silva en un campito de tierra y piedras cuando empezó a entrenar en el Barcelona de Tercera División. De ahí a Juventude de Caixas do Sul, al Oporto y después una cesión al Dinamo de Moscú que marcó su vida. Llegó enfermo: tuberculosis. Del aeropuerto prácticamente al hospital donde pasó ¡seis meses ingresado!. El pabellón donde le cuidaban era tétrico, pensó que nunca más vería el sol, la luz, la playa. No entendía a aquellas enfermeras enormes, con batas blancas y verdes, blancas, muy blancas, con rostros duros. Estaba tan mal que incluso su madre pensó que no sobrevivía.

Sintió que debía volver a Brasil. Fue en el Fluminense donde se convirtió en el central que es ahora. Recuperó la vida en Rio de Janeiro y volvió a Europa para fichar por el Milan AC y después recalar en el PSG ya como uno de los mejores centrales del mundo. Que naciese ya fue un milagro. Como regatear la violencia de una favela. O curarse de una tuberculosis en Moscú. Ahora es uno de los futbolistas mejor pagados del PSG con cerca de 10 millones de euros anuales.

Thiago Silva estaba especialmente nervioso ante Croacia. Notaba la tensión de iniciar el Mundial en casa. No jugó su mejor partido. Pero está llamado a ser uno de los centrales del Mundial. Íntimo de David Luiz, su pareja en el centro de la defensa, ha gastado tantas energías en trabajar anímicamente con el grupo que necesitaba superar el primer partido para empezar a disfrutar.

Thiago Silva habla en el vestuario cuando las cosas se complican. Él no es de los que ponen la música - cometido en manos de Marcelo, Alves, Jo o Neymar- él pasa horas sentado con Scolari, es el que ha marcado el carácter de esta selección, buenos chicos que han tenido que luchar para llegar hasta aquí. Scolari confeccionó para el Mundial 2014 una selección que representase el sueño brasileño. Thiago Silva es el capitán de esos sueños

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