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Alemania rompe por penaltis el maleficio italiano

SPORTYOU SPORTYOU 02/07/2016
© REUTERS/Michael Dalder

Alemania rompió su particular maleficio contra Italia en los grandes torneos. La campeona del mundo se metió en semifinales -donde se las verá con Francia o Islandia- matizando décadas de historia, que hasta ahora decían que el fútbol es un deporte de once contra once en el que Italia siempre ganaba a Alemania. El partido, no obstante, tuvo que resolverse en una interminable tanda de penaltis tras 120 minutos decepcionantes (1-1), con una Alemania lenta y una Italia corta de recursos, poco que ver con el equipo que desarboló a España.

Como en octavos de final, de salida Conte mandó a su equipo muy arriba. En los primeros minutos, hasta cuatro camisetas azules amenazaban a Neuer cuando, a falta de mejores opciones, se disponía a golpear en largo. La presión italiana amenazaba con ser suicida, pero duró poco. Alemania se sacudió el agobio poco a poco. Lo hizo teniendo la pelota casi como actitud defensiva, haciéndola circular. Su juego no creaba demasiado peligro, pero sirvió para que Italia se cortara un poco.

Al cuarto de hora, Joachim Löw tuvo que dar entrada a Schweinsteiger en lugar de Khedira, que sintió un pinchazo. Como Conte, el seleccionador alemán había decidido jugar con tres centrales (Howedes, Boateng y Hummels). Italia no logró generar superioridad numérica, la clave que le dio ventaja contra España en todas las partes del campo. Tampoco lo tenía fácil para desplegarse rápido en ataque. Pellé y Eder, las pesadillas de Piqué y Sergio Ramos unos días antes, estaban neutralizados. Sólo un desliz de Howedes permitió una subida de De Sciglio, cuyo centro despejó Boateng. Fue un susto. El balón era de Alemania, que sin embargo se mostraba lenta. Sólo al final del primer tiempo encadenó dos jugadas de peligro: un centro de Kimmich con remate de Mario Gómez, llegando al área como un tanque, y un rechace que acabó a los pies de Müller y éste, de forma extraña, desaprovechó.

La mejor ocasión del primer tiempo no obstante fue para Italia: un disparo de Sturaro también conjurado por Boateng. La primera del segundo fue un disparo de Müller, fruto de una de las pocas ocasiones en que Alemania se esmeró en la presión. El partido, no obstante, seguía espeso y a la fuerza el gol sólo podía llegar en algún lance inesperado: por ejemplo, una subida de Hector que Mario Gómez interpretó con inteligencia. Özil, muy discreto hasta ese momento, aprovechó uno de los pocos despistes de la zaga rival. Con Italia aturdida, a punto estuvo de nuevo de marcar Mario Gómez, esta vez mediante un espectacular remate con la espuela que Buffon sacó a córner. El delantero se lesionó en la acción y Löw recurrió a Draxler, cuya suplencia había sido la gran sorpresa al conocer las alineaciones.

Darmian, el fallo decisivo

El gol obligó a Italia a cambiar de plan. Elevó un poco la presión y Pellè dio un susto en una de sus contadas apariciones. Con poco menos de un cuarto de hora por delante, Boateng puso de su parte por dar emoción a la noche. No se le ocurrió otra cosa que acudir con los brazos en alto a defender un balón aéreo, y Bonucci transformó el penalti. El banquillo lo celebró casi como una victoria. Italia revivía y Alemania siguió sin meterle una marcha más al partido. Las precauciones se extremaron y la prórroga resultó un páramo. En la rueda de penaltis, Zaza y Müller neutralizaron sus fallos en el segundo. Barzagli acertó con el tercero y Özil lo estrelló en el palo, pero Pellè lo mandó fuera y Draxler devolvió la igualada. En el quinto también se pusieron de acuerdo para fallar Bonucci y Schweinsteiger. Con tres fallos de cada equipo, Giaccherini y Hummels acertaron con el sexto; Parolo y Kimmich con el séptimo; Di Sciglio y Boaten con el octavo. Darmian mandó el noveno a las manos de Neuer y Hector, al fin, metió a Alemania en semifinales.

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