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Amnesia

SPORTYOU SPORTYOU 08/03/2016 Javier Coloma
Amnesia © Getty Images Amnesia

A través de la cara de Zinedine Zidane conocimos en el pasado todos los grados de enfado en un futbolista y su aplicación práctica sobre los rivales. La clásica “patada furtiva” le costó la expulsión en varias ocasiones. El “arrebato colérico” lo vimos contra el Barcelona -siendo jugador del Madrid- cuando le hizo un “piquete de ojos” a Puyol como si él fuera Randy Orton y su rival John Cena. El cabezazo a Materazzi entra en el apartado de “asesino silencioso”, una técnica que consiste en mirar de soslayo al árbitro y arrear al rival de manera sigilosa. Es un movimiento que han perfeccionado algunos futbolistas de manera admirablemente portentosa. Hay brazos que atizan las caras de los rivales con tanto disimulo que parecen choques fortuitos de camino a la iglesia. Zidane lo intentó contra el defensa italiano con tan poco éxito que se convirtió en la imagen más recordada de aquel mundial. Esa noche fue el magnicida más torpe de la historia del fútbol.

La imagen más significativa del momento en que el estadio Santiago Bernabéu pitó a Cristiano Ronaldo el pasado fin de semana no fue la cara del portugués, sino la de Zidane. Recordó a sus peores momentos de antaño si nos ceñimos al criterio estético. Frunció el ceño como Milhouse, levantó los brazos en cruz y escupió algunas palabras que, a día de hoy, aún no tienen subtítulos. Ateniéndonos a su elegancia, podría estar diciendo: “¡Oh mon Dieu...!; ¡Qué contrariedad!” (la frase podría no ser exacta).

Ese enfado de Zidane responde a una situación que él mismo ha tenido que vivir como futbolista del Real Madrid y que es absolutamente injusta. El Santiago Bernabéu le pitó en alguna ocasión, como antes pitó a Di Stéfano, a Velázquez, a Butragueño, a Raúl o a Casillas. Como ahora pita a Ronaldo. Todo ello enarbolando la bandera de una supuesta exigencia mal entendida que se jacta de haber silbado a los mejores jugadores del mundo, como si eso fuera un motivo para presumir. Haber pitado a esa ristra de futbolistas es solo un motivo para diagnosticar amnesia. Cualquiera que no conozca la justificación -esa suma exigencia que se atribuye-pensaría que el Bernabéu no ha entendido de fútbol en la puñetera vida. Por suerte, puede alardear de haber aplaudido a Maradona, a Ronaldinho o a Del Piero cuando pasaron por su estadio -algo que reduce la gravedad de su criterio pero que ahonda en su contrariedad-.

Ahora Zidane ve desde otro lado como el Bernabéu repite la sinrazón con Cristiano. Los silbidos son la consecuencia de la crisis identitaria que sufre la afición del Real Madrid, desnortada por la situación deportiva e institucional que atraviesa en los últimos años. Se evidencia cuando descarga las culpas del bajo rendimiento del equipo sobre el que es, a todas luces, su mejor futbolista. Lo hacen acogiéndose a sus desafortunadas declaraciones el pasado fin de semana, que supuestamente fueron un golpe en la línea de flotación del vestuario. Una semana después, ese vestuario ha abrazado a Cristiano y se ha entendido con él como lo ha hecho en otras ocasiones, lo que demuestra que esa parte de la afición se siente más damnificada por las palabras de Cristiano que los propios implicados. A juicio de ésta, Cristiano es un jugador problemático que desestabiliza la unidad del vestuario e incapaz de convivir con sus compañeros. Quizá el Real Madrid pueda volver a ganar títulos en el momento en el que Ronaldo ya no participe en el equipo y sus 50 goles al año los marque el ganador de la última edición de Gran Hermano.

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