Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Andrés Iniesta, de capitán a rey

SPORTYOU SPORTYOU 23/05/2016 Andy Stalman

“Este año me lo he pasado muy, muy bien”, aseguraba el capitán del Barça, Andrés Iniesta horas antes de la final de la Copa del Rey. Palabras que serían premonitorias.

El Sevilla se presentó en el estadio Vicente Calderón con el título de la UEFA Europa League recién acomodado en las vitrinas del club y con una bandera gigante que decía “Reyes del Sur”. Pocas frases más apropiadas para la ocasión. El Barça, por su parte llegó al estadio del Atlético de Madrid con el título de Liga ya en casa y con una bandera gigante que pedía el “doblete”.

La noche del domingo mezclaba escenas de un Madrid despidiendo el fin de semana mientras una marea humana apuraba las últimas cervezas para llegar al campo. “Menos estelada y más cerveza helada” la guasa de la afición sevillista no conoce límites, como su pasión. Cuando los últimos rayos de sol se escondían detrás del Manzanares, salieron los jugadores al campo, sonó el himno, saludos protocolarios, ambientazo y comienzo del partido.

Durante los noventa minutos, mas los treinta de la prórroga, toda mi atención estuvo absorbida por tres jugadores y una afición. Mención especial merece la del Sevilla. Casi sin deshacer la maleta de Basilea se había plantado en Madrid con ese arrebato propio de quienes saben la importancia del jugador 'numero 12'.

Dentro del campo, los ojos de mundo estaban sobre la 'MSN', pero el protagonismo fue para la 'MIB' (Messi, Iniesta y Banega) que dieron un recital de fútbol propio de los reyes del balompié. Mientras estuvo en el campo, Banega parecía un Dios sevillano que estaba en todos los lados. En ataque, en defensa, pateando un tiro de esquina o comenzando cada jugada desde el circulo central. Un verdadero concierto de táctica y técnica. Su expulsión ocurrió cuando tuvo que cerrar como ultimo hombre, al “correcaminos” Neymar Jr. Se fue evitando lo que hubiese sido un gol seguro.

Del lado blaugrana, la afición fue de menos a más, igual que Iniesta. Don Andrés jugó para el arcón de los recuerdos. Para poner su segundo tiempo y la prorroga en el DVD que regala el periódico el domingo próximo bajo el titulo 'Andrés y su ballet'. Puro arte. Pura garra. La estética llevada al extremo de lo imposible. La plasticidad, la pierna fuerte, la pisada en una baldosa, el regate contra tres, el pase elegante, la cabeza siempre levantada. El jugador ´tranquilo` que ayer corrió como un maratoniano keniata y jugó como un rey.

Y hablando de reyes, el que domina el fútbol mundial durante la ultima década es Messi. Ayer vimos dos versiones distintas del mismo Leo. Una en la que estaba eufórico, protestón, desatado, correoso. La imagen del segundo gol del Barça cuando medio equipo corría hacia el banderín derecho de la portería del Sevilla a abrazar a Neymar y él, sólo, tras las redes de la portería, sacudiendo los brazos como el gladiador que arenga a la arena tras la batalla conquistada. La otra versión de Leo Messi se vio en los dos goles. La de siempre. La sangre fría, el pase preciso, milimétrico, la incisión quirúrgica en el corazón de la defensa donde solo puede pasar un átomo y el hace que pase un balón. Por ahí, por esa rendija donde es imposible para todos menos para él.

Messi e Iniesta juntos. Inspirados y motivados son invencibles. Eduardo Galeano, había dicho que mientras Maradona llevaba la pelota pegada al pie, Messi la lleva dentro del pie. Podríamos agregar a Iniesta en la segunda parte de esta afirmación. Dos finales en menos de una semana es demasiado para cualquier plantilla. Porque no incide lo físico solamente sino lo emocional y lo psicológico. Los hinchas del Sevilla dejaban el estadio diciendo: "No se pueden ganar todas las finales hombre, hay que dejar alguna a los demás".

El Barça ganó un partido que fue una montaña rusa de expulsiones, tarjetas amarillas, idas y vueltas. Partido no tan bronco como la cantidad de tarjetas refleja. Mas bien un partido noble, intenso, de poder a poder, donde cada tanto se rompían las pizarras y el caos que reinaba daba lugar a lo impensado, lo inesperado, aquello que hace que la mente deje de pensar y que el corazón tome posesión del balón. Una final digna de aplauso. Me quedo con la merecida Copa al mejor equipo de la temporada. Con la rebeldía de Iniesta y Messi. Con el juego del dueño del silencio y del espacio. Con Sergio Busquets que no puede clasificarse como jugador porque es como si fuera muchos en uno sólo. Me quedo con la afición del Sevilla, que nunca se rinde, con la celebración final donde todos, en mayor o menor medida, se fueron contentos del Calderón.

Como cierre, una imagen. Messi llevando a caballito a su hijo que tenía puesta una camiseta que en la espalda rezaba: "Papi 10". Son los pequeños detalles los que hacen las grandes diferencias. Dentro y fuera del campo. Salud Barça. Salud Sevilla. Dos campeones que llegaron al Vicente Calderón a por el doblete que sólo podía ser de uno. Y jugando Messi e Iniesta como jugaron, la Copa partió rumbo a la ciudad condal en la medianoche del domingo en las manos del capitán Andrés Iniesta que ya era rey.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de SPORTYOU

image beaconimage beaconimage beacon