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Berger: "Le dije a Senna que alguien moriría allí, en Tamburello"

Marca Marca 01/05/2014 marca.com

Corría el año 1989 cuando el piloto austriaco Gerhard Berger (BMW) sufrió un aparatoso accidente en la famosa curva Tamburello del Gran Premio de San Marino. Salió indemne, aunque con algunas heridas. Fue el mismo lugar que, cinco años después, terminó con la vida de Ayrton Senna, con el que se enroló desde 1990 hasta 1992 en la escudería McLaren antes de volver a Ferrari en el 93.

"Tras mi accidente, Ayrton me llamó para preguntar por mi estado y le dije que alguien se mataría en ese lugar, porque el muro está demasiado cerca de la pista", confiesa el propio Berger en una entrevista concedida al semanario italiano SportWeek. "Tienes razón", respondió Senna, al que acompañó un mes después a Ímola para ver si se podía hacer algo en ese lugar para evitar que sucediera alguna desgracia. "Nos asomamos y nos dimos cuenta que estaba el río. Senna murió cinco años después exactamente en ese punto", espeta.

Una química especial
Una ironía del destino para dos pilotos, pero sobre todo dos amigos. "Mi química con él era fabulosa: misma organización, mismo espíritu e iguales intereses. El único problema es que en el coche era un monstruo. Simplemente puedo decir que me hizo mejorar", asevera su compañero de batallas durante los tres años en la escudería británica.

"Compartimos vacaciones, confidencias... Él cuidaba mucho su imagen. Si había que ver a mujeres el día antes de una carrera, yo lo hacía por la puerta principal del hotel, pero él lo hacía por la trasera".

Habla su escudero de pista y vivencias. "Un verano intentamos engañar a Ron Dennis, deportivamente hablando. Me preguntó que cuánto dinero debía pedirle anualmente y yo le respondí que, siendo el mejor, siete millones irían bien. Pidió quince, aunque finalmente lo dejaron en uno por carrera. Así era Ayrton". Un genio incorregible.

"A nivel de resultados, él era el maestro y el resto sus sombras. Incluido Prost. Mi amistad con el brasileño nace cuando ya nos retábamos en F.3. Era rápido y, sobre todo, completo: concentrado, inteligente, duro físicamente y con gran fortaleza mental", cuenta.

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Así describe Berger a su íntimo amigo, compañero y confidente que desapareció hace justo veinte años, a las 14.17 horas de un mediodía soleado en la República de San Marino. Su monoplaza Williams, que volaba a más de 200 kilómetros hora, chocó contra el muro de la curva del Tamburello.

Senna, muerto clínicamente en el hospital de Bolonia poco después, portaba en su bolsillo una bandera austriaca para ondearla en caso de victoria. El motivo era recordar la muerte, un día antes, de Roland Ratzenberger en las clasificaciones de la misma prueba automovilística. También allí, también austriaco, como Josef Leberer, su histórico fisioterapeuta. "La muerte de mi compatriota le entró en el alma. Fue un filósofo tímido y lleno de pasión", sentencia Leberer a Sportweek.

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