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Carrerón en Bahrain coronado con la victoria de Hamilton

AS AS 06/04/2014 Manuel Franco
El accidente de Maldonado y Gutiérrez © MARWAN NAAMANI El accidente de Maldonado y Gutiérrez

Suena un helicóptero en las tinieblas del desierto. Once vueltas para el final de la carrera. Luca Cordero de Montezemolo se va del circuito. “Hay que mejorar”, dice con el rostro oscuro y la sonrisa apagada. Unos minutos después es otro el sonido. Fuegos artificiales en la noche de Bahrain. Ruido al fin. Colores en el cielo. En la noche. Ruido sin ruido al fin en la Fórmula 1. Celebración de una de las mejores carreras que se recuerdan en este negocio que a veces nos regala la clave de todo lo demás, la pasión, la lucha entre hombres que se juegan la vida por un metro de asfalto. Termina la carrera apenas en un suspiro. Hamilton, primero, y Rosberg, segundo, se siguen pegando, ahora entre bromas de compañeros de equipo, justo un instante antes de subir al podio mientras Checo Pérez, tercero en la carrera, intenta acostumbrarse a una sensación olvidada con su gorra verde y negra de una ‘aceitera de la Nascar’. Y justo al lado un hombre esboza media sonrisa. Se llama Aldo Costa. El italiano es ahora director técnico en Mercedes, fue despedido de Ferrari en 2011, en Mónaco, y es el hombre que construyó el mejor coche italiano que ha llevado Fernando Alonso hasta ahora, con el que llegó líder a Abu Dhabi 2010.

Aldo Costa, sonríe tímido, mientras Fernando Alonso hace un intento desesperado por no decir la verdad de lo que debe sentir tras una carrera en la que coches de la clase media le pasaban en las rectas como si el español llevase la camioneta del tapizador que iba por mi pueblo en los ochenta. Así fue. Así están las cosas. Así son. Porque Alonso salía noveno, se jugó la vida en la salida, intentó estrategias imposibles, vueltas rápidas que resultaron lentas, batalló con unos y otros sin posibilidad de otra cosa que ser pasado sin remedio... y acabó noveno.

Pero más allá del resultado del piloto español, al que todos apoyamos, ese que todos queremos que gane, ayer vimos un auténtico espectáculo de carreras de coches. Poco a poco, apuntando en una libreta apenas daba tiempo a escribir las luchas, los duelos de unos y otros que a veces no eran entre dos sino entre tres o cuatro y salen cuarenta y cinco. Salida al margen. Sí, es cierto que la superioridad de los Mercedes insulta al resto, que es demasiado, pero lo bueno es que vimos también a Hamilton y Rosberg acariciar sus coches, lanzarse flechas de plata el uno al otro. El británico pudo con el alemán en la salida y a partir de ahí sólo a mitad de carrera estuvieron a punto de tocarse, mientras en el muro sudaban con la brisa que llegaba del Golfo Pérsico, y finalmente a Nico le tranquilizaban con una entrada a boxes, unos neumáticos que impedían la hazaña. Así parecía que iba a quedar la cosa, con Lewis largándose en solitario cuando Maldonado entró en locura y provocó que el Sauber de Gutiérrez volase por los aires. Coche de seguridad. Y Rosberg con los blandos por los medios de Hamilton. Otra vez las flechas en el arco. Pero el campeón de 2008 tiene un talento sobrenatural y ganó una carrera que merecía. Genio. Sigue líder Rosberg con 11 puntos sobre su compañero y 35 con Alonso. Lejos. Prometiendo una revancha china que nadie cree. Hoy.

Por detrás peleaban con las manos. Los Willliams contra los Force India, los Red Bull, con Ricciardo demostrando a Vettel que es australiano, pero no es Webber... y los Ferrari. Qué pena de coches ayer. Ver a dos campeones del mundo como Alonso y Raikkonen superados sin remedio pisando un acelerador que parecía tener un tope... uff, un sufrimiento para los aficionados rojos. Una vergüenza para Montezemolo, se fue antes. Tendría un vuelo a Milán. Seguro.

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