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Cesc y el socio 2.813

MundoDeportivo.com MundoDeportivo.com 08/06/2014 null

En marzo de 2011, 5 meses antes del fichaje de Cesc, escribí un artículo titulado 'Cesc y el socio 3.091'. Explicaba una conversación familiar sobre si el Barça debía intentar, otra vez, fichar al capitán del Arsenal. El socio 3.091 (ahora, el 2.813) defendía que el club no tenía que pagar una millonada por un jugador que se había ido por voluntad propia. Su hijo, admirador del Cesc 'mode Gunner', argumentaba que el futbolista de Arenys era un fichaje estratégico, para 10 años, con ADN Barça y que ayudaría a perpetuar la especie.Tres temporadas después, con Cesc camino de Londres por otra millonada, debo reconocer que el socio 2.813 tenía más razón que yo. Con algún matiz.

Cesc es un gran futbolista. Txiki, Guardiola, Zubizarreta, Tito y la mayoría de analistas avalaron su fichaje. Era una apuesta segura para evolucionar el sistema y para alargar la excelencia de Wembley. No salió mal al principio. Guardiola puso en práctica el 3-4-3 para encajar al nuevo fichaje y aquel Mundial de Clubs ganado 4-0 al Santos nos deslumbró. Luego perdió la confianza de Pep, generó debate, actualizó el software, llegó Tito, le buscó sitio, llegó Roura, se anarquizó el estilo, llegó el Tata, más confianza, el desconcierto y algún silbido en el Camp Nou. Todo sumado al 'efecto retorno' y a los prejuicios existentes. Demasiado para aguantar una temporada más. Cesc arroja la toalla. Se va al Chelsea enrabietado porque se ha sentido maltratado por el entorno, la crítica, la afición... y disgustado por tener que renunciar a su sueño, triunfar de verdad en el Barça. Me sabe mal por él, pero su salida es la mejor solución para todas las partes si Luis Enrique no le iba a otorgar un papel principal. Él será más feliz en el fútbol inglés y el Barça ingresará una pasta que servirá para regenerar profundamente la plantilla.

Los números de Cesc han sido notables; las sensaciones, extrañas. O ninguno de los entrenadores ha sabido encajarlo o él no ha asimilado del todo bien el lenguaje. O las dos cosas. El caso es que los que defendimos su fichaje, ahora debemos reconocer con la boca pequeña que no ha funcionado como esperábamos. Me quedo con las ganas de ver a un Cesc con galones, con un rol definido en el equipo y con la confianza total del entrenador. Ni Luis Enrique le ha transmitido ahora esa idea, ni Cesc se ha visto capacitado para luchar más. Fracasa una ambición personal, pero también una apuesta ideológica del club. Con un punto inevitable de frustración de las dos partes, se acaba una historia de desamor y todos contentos. Como el socio 2.813

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