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Cristiano tiene hambre

AS AS 27/04/2014 Tomás Roncero
Cristiano Ronaldo. © AFP Cristiano Ronaldo.

Superman está curado. La tarde empezó con buenas vibraciones y mejores noticias. Mi señor padre, cuya primera aparición en el Bernabéu para ver al Madrid data de 1954 (¡60 años de fidelidad!), reaparecía en el santuario de La Castellana después de tres meses de baja por prescripción facultativa. Estaba nervioso como cuando venía aquí siendo un chaval a disfrutar de Di Stéfano, Gento y compañía. Mi madre, a su lado siempre, le tranquilizaba para que los nervios no le alterasen la tensión. Para evitar sobresalto alguno, Cristiano, siempre Cristiano, apareció como un héroe de cómic en el minuto 5 para matar la incertidumbre. Su derechazo cruzado parecía elevarse al cielo nublado del Bernabéu, pero de pronto cayó a plomo con una curva que dejó desnudo al magnífico Andrés Fernández. Un gol parecido a uno que le metió a Munúa ante el Levante hace tres años. Mi padre me envió un sms tranquilizador: “Hijo, por eso quería venir ya al estadio. Cristiano es como era Di Stéfano. Siempre te justifica el esfuerzo por venir al Bernabéu”. Por si eso era poco, el portugués dejó para la segunda parte su obra maestra. Ese obús a la escuadra osasunista fue un puñal que puso en pie a una afición entregada a su ídolo number one. Si con roturas fibrilares y tendinitis rotulianas es capaz de tirar así a portería, qué no hará este portento de la naturaleza cuando esté al 100%. Ya lleva 248 goles en los 242 partidos que lleva con la camiseta que tanto ama. Más de un gol de promedio por encuentro. Bendito seas, Cristiano.

Corazón Ramos. Sergio jugó como falso nueve. Se incorporó al ataque con una fiereza que dejaba claro su empeño en poner su explosiva firma con su segundo gol de la temporada (ya marcó en el campo del Levante). El de Camas fabricó la jugada y ejecutó un cabezazo a lo Santillana que terminó por hacer claudicar a Osasuna, que sabía que su salvación no pasaba por este partido. Ramos se marcó una doble voltereta que nos rescató los tiempos de Hugo Sánchez. Tiempos felices, como los que ahora vive el madridismo militante. Cuando la afición se puso a hacer la ola, todos dejamos declarado “el estado de optimismo”, que diría Valdano. La Copa conquistada en Mestalla, que ayer fue paseada por Iker y Sergio antes del partido, ha tenido un efecto terapéutico y motivacional. Ancelotti dirige una nave plagada de gente satisfecha con su existencia. No hay malas caras, no hay nadie amargado. Aquí hay un equipo. Ayer salieron siete suplentes para Múnich (Diego López, Nacho, Varane, Marcelo, Illarra, Isco y Morata) y todos estuvieron espléndidos. Con este plantillón, soñar es lícito.

Bayern, menos lobos. Asumo que los alemanes juegan en casa y eso les da una ventaja inicial. Pero que no se crezcan. Los árboles los pueden quemar Cristiano (ayer ensayó la tala, más efectiva y menos costosa que el fuego), Bale (jugará de salida, no especulen con lo contrario) y Benzema (siempre inspirado en la Champions). Respeto máximo al Bayern, pero miedo cero. ¡Somos el Madrid!

Afición eufórica. Así se muestran los amigos de las peñas Gran Capitán (Zaragoza), Soriana (felicidades en su 35 cumpleaños), El Berrueco, Ponferrada, Mendavia, Alcanadre, Peralta, El 12 Blanco de Fuensalida, la mexicana más vikinga, Sophia Stewart, la soprano Mariló de Fuengirola (canta el himno del Madrid como nadie) y los chavales del C.D. Ilipense Zalamea (Badajoz). ¡Grandes!.

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