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Del silencio de Madrid al infierno de Nápoles

Logotipo de SPORTYOU SPORTYOU 15/02/2017 Iñaki Cano
Del silencio de Madrid al infierno de Nápoles © Getty Images Del silencio de Madrid al infierno de Nápoles

Casi 30 años después, Real Madrid y Nápoles volverán a verse las caras. Su único enfrenamiento data de la temporada 1987/88, cuando la Champions aún era la Copa de Europa, y no fue una eliminatoria cualquiera. Un sinfín de anécdotas sobreviven de aquel duelo, empezando por la recordada imagen de un Santiago Bernabéu vacío. La sanción por los incidentes de la temporada anterior en un partido contra el Bayern de Múnich obligó al Madrid a recibir a puerta cerrada al Nápoles de Diego Armando Maradona, coronado un año antes mejor jugador del mundo en la Copa del Mundo de México 86. El Real Madrid ganó (2-0) en la ida con goles de Michel y Tendillo. En la vuelta, el Nápoles marcó muy pronto pero Emilio Butragueño silenció el bullicioso San Paolo y selló el pase blanco. Los jóvenes de aquella ‘Quinta del Buitre’ se mezclaban con veteranos ilustres como Santillana, Gordillo, Camacho, Maceda, Buyo o Gallego.

El propio Butragueño recordó en su día la extraña sensación de jugar en un templo vacío: “Sin duda ha sido algo rocambolesco. Me pareció estar en el patio del colegio Calasancio jugando con los compañeros de clase. Un inmenso estadio con los focos alumbrándonos y sin nadie viéndonos”. El Bernabéu presentaba un aspecto inaudito. El sonido del impacto de las botas con el balón rebotaba en las gradas como en un partido de entrenamiento. También lo recordaba Paco Buyo: “Se escuchaba absolutamente todo lo que gritábamos y en los pelotazos se distinguía quiénes la tocaban bien o no”. A algunos veteranos privilegiados que asistieron al encuentro, la experiencia les transportó al pasado: “Miguel Muñoz siempre organizaba los jueves partidillos de entrenamientos contra el aficionado o el juvenil, y contra el Nápoles, nos pareció estar en uno de ellos”.

Carlos Alonso ‘Santillana’ ya no era el delantero centro titular del Real Madrid, pero también estuvo en el césped debido a la sanción de Hugo Sánchez. “Recuerdo mucho más la vuelta que el de ida. En el Bernabéu la sensación fantasmagórica del túnel sin escuchar nada de la grada, eso sí es inolvidable, y tampoco me olvido de la foto como capitán del Real Madrid con Maradona, que entonces era el ídolo del mundo. Del partido… los goles, los enganchones habituales con los equipos italianos y todo lo que nos gritamos, que cuando está lleno el estadio es complicado oírlo; con sólo 200 aficionados escuchas los bufidos de los defensas que llegan por detrás”. Santillana recuerda que Beenhaaker cambió un par de días el lugar de entrenamiento, de la Ciudad Deportiva al Bernabéu, para acostumbrarse al vacío de las gradas: “Es algo extraño para un profesional. Cuando al estadio por entonces acudían 100.000 espectadores, de golpe sólo estaban los policías, el palco, los cámaras, algún fotógrafo y ni un solo grito de ánimo. Además, cuesta un poco ubicar las porterías sin nadie detrás de ellas”.

Para Santillana fue más inolvidable la vuelta, pero no por el partido, que vivió desde el banquillo sentado junto a Camacho: “Desde que aterrizamos fue un agobio constante. Hasta nuestra llegada al hotel, a las afueras de Nápoles, al autocar le tiraron de todo por el camino. En el hotel estábamos rodeados por antidisturbios y vallas que impedían que se acercasen los tifosi. La noche fue muy larga porque no nos dejaron dormir a base de tambores, petardos, bocinas, trompetas... Camino del entrenamiento nos rompieron las lunas del autocar y muchos íbamos tirados en el suelo. El día del partido, antes de empezar, recuerdo la humareda como algo parecido al infierno. Unido a todo lo anterior, creíamos que quizás ganásemos pero... ¡de allí no salíamos! Menos mal que el Buitre les calló y calmó con su gol”.

Tras eliminar al Nápoles, el Real Madrid se las vio con el Oporto, al que también eliminó pese a tener que jugar la ida en Mestalla como parte de la sanción. Luego se vengó del Bayern de Múnich, que le había eliminado el año anterior, pero cayó en semifinales ante el PSV Eindhoven, que acabaría siendo campeón por penaltis a base de encadenar empates. “No nos acompañó la fortuna", evoca Santillana sobre la semifinal contra los neerlandeses: "Al final hubo lío con el árbitro suizo, Bruno Galler que no descontó casi nada y la UEFA volvió a sancionar a algunos compañeros que le protestaron. Por eso no se me olvida aquella Copa de Europa y porque nadie me vio con Maradona en la foto de los capitanes”, remata con humor.

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